News Argentina

martes 29 de julio, 2008
Arte Contemporáneo de Corea
Peppermint Candy
por Rodrigo Alonso

En los últimos años, los ojos del mundo se han posado con insistencia en el arte asiático. Dotado de una energía particular y una frescura por demás atractiva para el público occidental, el arte de China, Japón y Corea ocupa los principales centros artísticos internacionales, llama la atención de los curadores y goza del favor del mercado. Sin embargo, esta producción es prácticamente desconocida por el público local, en la medida en que pocas veces hemos tenido la oportunidad de verla en nuestro país.
La exposición Peppermint Candy, que se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes, es una oportunidad inigualable para acceder a uno de los centros claves de esa producción, el del arte coreano. No sólo porque muestra un panorama nutrido de piezas de aquel país, sino también, porque lo hace en este momento de auge singular y con un criterio curatorial que permite vislumbrar algunas de las líneas centrales y de los referentes contextuales que hacen de ella una de las propuestas más interesantes del arte actual.
La exposición está organizada en tres núcleos temáticos. Hecho en Corea pone de manifiesto las consecuencias de la inserción coreana en el mundo globalizado y neoliberal de los noventas; El fantasma de la gran ciudad se enfoca en las transformaciones urbanas que surgen como resultado de ese proceso, ofreciendo una mirada sobre las subculturas y neocomunidades que reconfiguran el entramado social, con sus necesidades y exigencias propias; El paraíso plástico investiga el universo visual de la cultura de masas, los medios de comunicación y la hiperproducción neocapitalista, en una era de consumo generalizado y de “riqueza material”, en palabras de la curadora Seungwan Kang.
Una rápida mirada al conjunto de piezas exhibidas pone de manifiesto su decidida orientación hacia el contexto social, urbano y cultural. Más allá de sus propuestas formales, nos proponen reflexionar sobre el modo en que las sociedades actuales, brutalmente reconfiguradas por la economía global, se acomodan creativamente a los cambios transformando modos de vida, vínculos personales y universos estéticos. La serie de Sang-Gil Kim sobre las comunidades de Internet es ejemplar en este sentido, como lo son también las fotografías de Oksun Kim de la serie Happy Together –imágenes de parejas de orientales y occidentales en espacios cotidianos- y las de Yeondoo Jung –que muestran la “customización” de los departamentos de un edificio de monoblocks de acuerdo a la sensibilidad de sus ocupantes.
Esta mirada no está exenta de ciertas tensiones sociales. Inhwan Oh presenta una pieza que aproxima las realidades de Argentina y Corea, al escribir con incienso los nombres de los lugares del submundo gay de Buenos Aires, y quemarlos, como símbolo de unión cultural pero también de distancia social, ya que la homosexualidad todavía es resistida en el país asiático. La mirada crítica aparece con frecuencia teñida de humor, como en el video de Jeon Joonho, The White House, en el que un personaje enigmático recicla la paradigmática sede del poder internacional.
En conjunto, la exposición ofrece una refrescante alternativa al arte que podemos ver hoy en Buenos Aires. El montaje favorece las miradas cruzadas, las interrelaciones entre las piezas, la perspectiva conjunta que se torna perspectiva cultural. Poder asistir a una exposición como ésta, es uno de los raros privilegios que Buenos Aires nos ofrece, una vez cada tanto...

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Info: Hasta el 6 de julio, Museo Nacional de Bellas Artes, Av del Libertador 1473

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