News Argentina

miércoles 16 de julio, 2008
OPINIÓN
Cincuentenario de “Arte Nuevo”
por Jorge López Anaya
OPINIÓN

Hace medio siglo, por iniciativa del poeta y crí­tico de arte Aldo Pellegrini y del artista madí­ Carmelo Arden Quin, se creó la Asociación Arte Nuevo, integrada por artistas abstractos geométricos independientes. La Asociación, según la declaración de principios dada a conocer en esa oportunidad, tení­a por "objeto una labor de investigación y difusión de las manifestaciones de la estética actual en las letras y en las artes. En este sentido organizará conferencias y cursos sobre arte y literatura [...]". Además, continuaba "organizará un salón de artes plásticas no figurativas y de actividades de vanguardia".
La primera de esas muestras se presentó en la galerí­a Van Riel -que muchas veces facilitó sus amplias salas de la calle Florida-,con obras de más de medio centenar de pintores y escultores.
En las exposiciones, entre muchos otros, en diversas oportunidades, participaron Hans Aebi, Manuel Álvarez, Martha Boto, Martí­n Blaszko, Noemí­ Gerstein, Eduardo Mac Entyre, Rómulo Maccií², Sameer Makarius, Juan Melé, Aldo Paparella, Martha Peluffo, Mabel Rubli, Kasuya Sakai, Carlos Silva, Benjamí­n Solari Parravicini, Osvaldo Stimm, Luis Tomasello, Towas, Gregorio Vardanega, Miguel Ángel Vidal y Virgilio Villalba.
La agrupación publicó de manera periódica el Boletí­n de la Asociación Arte Nuevo. En el primer número, en 1956, se señalaba en la introducción: "La plástica no figurativa disfruta, entre nosotros, de una situación particular. Repudio, desestima, ironí­a, todas las formas de agresión solapada de un ambiente hostil son ejercidas para desconocer la intención profundamente renovadora de esa forma de expresión artí­stica; en otro arden de reacciones, el silencio y la indiferencia".
En 1960 fueron significativas las dos exposiciones organizadas por Arte Nuevo, cuya orientación, como señaló Pellegrini, varió rápidamente por el impulso de las experiencias informalistas: "Lo positivo es que se ha ampliado al máximo el ángulo de apertura de la pintura contemporánea que va de lo riguroso a lo informal pasando por todas las escalas posibles".
La primera se realizó en la Galerí­a H, la segunda, en el Museo Eduardo Sí­vori. En ésta última -el Sexto Salón-, los enví­os de Kenneth Kemble y de Alberto Greco mostraban la desviación de las prácticas informalistas, desde la afirmación fáctica de la materia o del signo hacia horizontes más radicales, no desprovistos de referencias a Marcel Duchamp, a dadá y el surrealismo.
La obra de Kemble, una ironí­a sobre el erotismo, era un gran relieve en el cual, sobre un fondo de arpillera ocre, unos inmensos labios abiertos mostraban agresivas puntas de clavos negros, alineados. El objeto semejaba una vagina dentata, un sexo femenino aterrorizador (imagen utilizada por el surrealismo), o una manta religiosa, que después del acoplamiento devora al macho (Breton sentí­a gran predilección por este insecto y Eluard afirmaba que constituí­a el ideal de las relaciones sexuales).
Por su parte, Greco presentó un fragmento, en partes carbonizado, de un tronco de árbol hallado en la calle (citaba el ready-made de Duchamp; era la primera vez que en Buenos Aires aparecí­a una experiencia próxima a la filosofí­a de un artista en esa época escasamente recordado). Expuso, además, dos vulgares trapos de fregar pisos, nuevos, cuidadosamente montados en bastidores de madera, como si fueran cuadros. Si los trapos de piso significaban la vacuidad de la pintura, el tronco de árbol representaba el valor del más sencillo y gratuito acto creativo.
La última muestra de la Asociación Arte Nuevo se presentó en 1961, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, instalado desde el año anterior en el Teatro General San Martí­n.

 
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