Nota publicada online
La presentación de Cartas de navegación, el libro que reúne veinte años de producción de Matilde Marín, convocó a artistas, gestores culturales y amigos en un encuentro donde la reflexión sobre su obra se entrelazó con recuerdos y afectos compartidos. Para quienes no pudieron asistir, recuperamos lo más destacado de una conversación que permitió acercarse a su manera de trabajar, viajar y mirar.
La presentación tuvo el cuidado que distingue el trabajo de Matilde Marín, quien asumió también el papel de anfitriona y maestra de ceremonias. En el auditorio de la Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes, ofrecido para la ocasión por Julio Crivelli -su presidente-, se reunieron colegas, gestores culturales y amigos que acompañaron distintos momentos de su trayectoria. Entre ellos estaba Jacobo Fiterman, un gran alentador de su serie de los faros y por supuesto, Estela Gismero y Julián Mizrahi, directores de la galería Del Infinito, quien acompaña y representa a la artista. Esa cercanía dio al encuentro una calidez especial: hablar de las obras fue también recordar los vínculos y las experiencias que hicieron posible su desarrollo.
Matilde Marín ha hecho del viaje una parte esencial de su práctica artística. Se desplaza, observa, se demora ante una escena y vuelve sobre ella a través de la fotografía. Ese recorrido atraviesa las diez series reunidas en Cartas de navegación, un libro que enlaza paisajes naturales, ciudades, vestigios arquitectónicos y señales de un mundo en transformación. La memoria y la fragilidad de esos lugares aparecen en imágenes que invitan a detenerse y mirar otra vez.
Durante la presentación, Adriana Almada, autora del texto principal y editora de la publicación, recordó una frase de la artista que la acompañó mientras trabajaban: "Todo me fue dado en los viajes". El título surgió de esa relación persistente con el desplazamiento. Como las antiguas cartas que ayudaban a los navegantes a reconocer accidentes geográficos y encontrar un rumbo, el libro traza coordenadas para orientarse en el universo de Marín. Su preparación demandó más de dos años de conversaciones y trabajo compartido.
Almada señaló una tensión decisiva de esta obra: "Marín se piensa como una artista testigo, pero sus fotografías no se agotan en el registro documental. La elección de cada encuadre y las intervenciones digitales posteriores transforman lo observado. En esas imágenes conviven la experiencia de un lugar y la imaginación que vuelve a construirlo. El libro permite seguir ese proceso a lo largo de las series y conocer también los caminos que recorrieron las obras".
Elena Oliveras, autora del epílogo, propuso leer ese último texto como una apertura: la trayectoria de una viajera difícilmente pueda cerrarse con una conclusión. Su lectura se detuvo en algunas de las imágenes que reaparecen en el libro. El humo puede anunciar una destrucción, pero también, como en Cuando divisé el humo azul de Ítaca, señalar la posibilidad de un regreso. El faro, protagonista de la serie Pharus, advierte sobre los peligros y ofrece orientación. Oliveras distinguió allí una esperanza consciente de la incertidumbre, capaz de convivir con las advertencias que atraviesan la obra de Marín.
El diseño acompaña esa idea de recorrido. Desde el lucero que abre la primera página hasta las constelaciones de las carátulas, Marius Estudio buscó traducir visualmente la noción de navegación. Las fotografías de Matilde en los lugares que visitó se intercalan con sus palabras, los textos y las obras. Así, el libro puede leerse de principio a fin o abrirse en cualquiera de sus capítulos, como quien consulta un mapa y descubre un camino inesperado.
Al hablar de su paso del grabado a la fotografía y el video, Matilde recordó una observación del periodista Fabián Lebenglik: "Con esto, el mundo entró de otra manera en tu obra". La frase quedó resonando en ella durante mucho tiempo y, según contó, se convirtió también en una guía. "Quizás de eso se trate", reflexionó, "de seguir permitiendo que el mundo entre en la obra de los artistas, con sus transformaciones, sus huellas, sus fragilidades y aquello que está a punto de desaparecer."
Para quienes estuvimos allí, escucharla fue también comprender cuánto de esa disposición a mirar sostiene su trabajo. Rodeada de personas que la acompañaron a lo largo de los años, Matilde Marín compartió las experiencias y preguntas que todavía la movilizan. Esa cercanía permanece en Cartas de navegación: al recorrer sus páginas, podemos acompañarla en sus viajes y reconocer algo de lo que también a nosotros nos conmueve, nos preocupa o nos cuesta dejar atrás.
Créditos:
Video: Julieta Anaut y María Eugenia Bellini /Fotografías: Elisa Cardona
Ficha técnica del libro:
Matilde Marín. Cartas de Navegación
Edición y textos: Adriana Almada
Epílogo: Elena Oliveras
Diseño Marius Estudio
ISBN: 9786319175707
Medidas 23 x 28 cm.
324 páginas
Impresión: Akian Gráfica Editora
Acompañan e impulsan esta edición:
Mecenazgo – Participación Cultural, Buenos Aires Ciudad; Banco Hipotecario; Verde Latente Colección y Galería Del Infinito.
El libro está a la venta en Tienda del Bellas Artes, en Mercado libre y, próximamente, en Arte Online.