Nota publicada online

miércoles 15 de abril, 2026
Matilde Marín llega a la calle Corrientes
Narrar en presente en la Fotogalería del San Martín
por Alejandro Zuy
Matilde Marín llega a la calle Corrientes

Esta nueva exposición de Matilde Marín que se presenta hasta el mes de mayo en la Fotogalería Sara Facio del Teatro General San Martín, reúne varias series de fotografías que la prestigiosa artista ha venido desarrollando desde hace algunos años. Lugares simbólicos, paisajes extrañados, registros de experiencias urbanas y de foto performances, se despliegan a lo largo de la sala y dan cuenta de una forma de reflexionar acerca de las preocupaciones que afectan el presente del mundo.

Cuenta una antigua leyenda vietnamita que, en tiempos remotos, cuando sus antepasados luchaban contra quienes pretendían invadirlos, los dioses les enviaron una familia de dragones para defenderlos. Esta familia descendió sobre una bahía y comenzó a escupir joyas y jade. Al caer al mar, estas joyas se dispersaron a lo ancho del paisaje marino y se convirtieron en islotes que formaron una increíble fortaleza laberíntica contra sus enemigos, logrando que se consolide lo que hoy es Vietnam. La familia de dragones quedó tan encantada de esa región y de sus gentes, que decidieron permanecer allí por siempre. Dicen que la madre dragón se encuentra en lo que en la actualidad es la isla de Ha Long y sus hijos en otras islas cercanas. 
El fascinante paisaje de la bahía de Ha Long, que puede traducirse como "el dragón que desciende", es el punto geográfico registrado por Matilde Marín para una de sus series y el seleccionado para dar comienzo a esta exposición. Si en la elección de una de las imágenes de esta serie como insignia comunicacional se concentran dos de las constantes que atraviesan vida y obra de la artista: los viajes y el deseo de conservar y transmitir lo observado a modo de testimonio, en la totalidad restante aguarda al espectador la corroboración de una singular reflexión de tono existencialista acerca de la vida, la memoria y del valor simbólico de algunos territorios que aún amparan el devenir de la humanidad.

En el arte y en la fotografía en particular, el gesto, el propósito condensado inicialmente en el encuadre no es neutro, no es una contingencia técnica sino un acto ético que genera consecuencias. Es una acción que acaba excediendo ese esquema original y es lo que consagra modificaciones cualitativas en el sujeto que la ha realizado y en el objeto considerado. En este sentido, como bien señala Laura Casanovas, autora del texto de sala, Matilde Marín a través de su mirada vivifica aquello sobre lo cual se posa confiriéndole una sobrevida poética. Apreciación ésta que se emparenta con las palabras que el fotógrafo húngaro André Kertész manifestó hace mucho tiempo atrás: "La cámara es mi herramienta. A través de ella doy razón de todo lo que me rodea".
El Dragón posee la capacidad de asumir muchas formas, pero éstas son inescrutables, conjeturó Jorge Luis Borges en El libro de los seres imaginarios (1957). Al prestar atención a las imágenes del primer núcleo expositivo denominado Paisajes indeterminados, la serie registrada en la Bahía de Ha Long (2015), esta presunción parece confirmarse pero transformada. Si bien la referencia a ese sitio aparece sólo a modo informativo, la operación que se ha realizado sobre estos escenarios naturales privilegió su extrañamiento. Se los ha apartado provisoriamente de su carga mítica e histórica y se los presenta atemporales, más próximos a las visiones oníricas. La monumentalidad y variedad de las formas sin dudas amplifican el misterio. La serie está compuesta de imágenes en blanco y negro que mantienen el mismo punto de vista. En todas ellas aparecen unos elementos ajenos a la naturaleza, como son unas inserciones digitales geométricas (triángulo, óvalo, trapecio), cuya función acentua las perspectivas. La excepción, aquí, es una fotografía en la que la artista es retratada de espaldas asistiendo a la vista de uno de estos paisajes; algo que se podría suponer como un eco tardío del romanticismo a la par que una evidencia de su modo de comprender la tarea del artista como la de un testigo, intercesor de la mirada del espectador.

Ligada en varios aspectos con la anterior, la serie Proyecto Pharus (2005-2021), nació a partir de la noticia que informaba del apagado de los faros a raíz de la implementación de nuevas tecnologías como el GPS. Pensada como un work in progress, Matilde Marín fue registrando en sus frecuentes viajes, aquellos faros que juzgó significativos. Vigentes durante siglos, protagonistas de relatos literarios, guías indispensables para los navegantes, alguno, como el Faro de Alejandría, incluido en la lista de maravillas del mundo antiguo, estas edificaciones han sido símbolos de la presencia humana en los más remotos rincones del planeta. Ahora, los seres humanos asisten a su obsolescencia técnica, a su conversión en monumentos desamparados, en restos arqueológicos de un pasado inmediato. La toma de conciencia de ello, de ser contemporáneos a esta caducidad, produce cierto vértigo o estupor; fenómeno del cual estas estampas monocromáticas parecen formar parte.

Itinerarios hacia el horizonte

De la serie Temas sobre el paisaje (2007-2011), se expone una sola de sus piezas. Se trata de Itinerarios hacia el horizonte (2007). El extenso formato apaisado y la línea del horizonte pronunciadamente baja hacen más infinita la amplitud de la llanura retratada. La oscura franja inferior donde se aferra lo terrenal contrasta con la diáfana levedad de un cielo que aparenta querer transgredir los límites de la imagen. Al contrario de los paisajes de Prilidiano Pueyrredón como El rodeo (1861), donde el formato apaisado permitía sustentar relatos de la vida pampeana, en el caso de Marín ocurre lo contrario; la autora busca narrar sin personajes, o, mejor dicho, los grandes personajes, en efecto, son la naturaleza y el silencio.

Tiempo suspendido

El término Suite designa una forma de música instrumental, constituida mediante simple sucesión de piezas. El vocablo, universalmente aceptado, es de origen francés y significa precisamente sucesión, secuencia. Matilde Marín cometió la afortunada originalidad de trasladarlo a sus fotografías. Tiempo suspendido (1998-2024), es una de ellas y surgió en el contexto de la pandemia de COVID 19. La produjo en su estudio de Buenos Aires a mediados del año 2020. Pese a que se trata de un trabajo que se desarrolló en condiciones contrapuestas a los casos anteriores, está integrado por fotografías de distintos años y lugares. Las tres fotografías que se exhiben muestran escenas mínimas acompañadas todas ellas de un panel blanco que contiene una interrogación o unas palabras grabadas, apenas perceptibles, que exigen de la curiosidad del público. Se relacionan éstas con lo vital, con lo sensorial anhelado y con las dudas acerca de lo sustancial de la realidad.

Artist's book

Las imágenes de Artist 's Book (2015), emergen de una foto performance, en la que la artista se presenta como lectora y en donde sus manos recorren un pequeño ejemplar En él otra vez aparecen figuras geométricas, sólo que en homenaje a Kazimir Malévich. Es oportuno recordar que ella es una de las principales impulsoras y difusoras del Libro de Artista, género que se ha ido afirmando y cuyo caudal de creatividad no deja de sorprender.

Por último, en la serie La persistencia del arte (1998-2015), la artista plantea, por medio de un ejercicio dialéctico, una crítica hacia el interior del campo del arte y de la cultura contemporánea. Las imágenes, tomadas en diversas ciudades del mundo, correspondientes a situaciones usuales o vinculadas a ámbitos artísticos, en las cuales siempre se distingue la palabra Arte, se contraponen a concisos y agudos textos adicionados dentro de cada una de las piezas, todos pertenecientes a artistas o teóricos como por ejemplo Marcel Duchamp o Nicolás Bourriaud, generando, tanto en particular como en general, una polifonía de sentido. El sumo cuidado puesto en los elementos gráficos y su coexistencia con lo producido por una mirada perspicaz provoca, asimismo, un resultado estético impecable.

Matilde Marín durante una recorrida a la muestra

Narrar en presente puede significar tratar de establecer un vínculo personal con la propia época; una postura íntima posible de ser transmitida, capaz de ser a la vez ecuménica. Tal compromiso necesita, no obstante, de un distanciamiento para que la intensidad de ese presente no enceguezca, para dar lugar a las corrientes de otros tiempos que lo componen y atraviesan y para que el porvenir no sea invadido por la amnesia. Temporalidad y desplazamientos en las fotografías de Matilde Marín obedecen a parámetros no apremiados por la banalidad, pertenecen a otra naturaleza; aspiración que el poeta portugues Fernando Pessoa expresó del siguiente modo: "Viajé en el tiempo, es cierto, pero no de este lado del tiempo, donde contamos por horas y días y meses; fue del otro lado del tiempo por donde viajé, allí donde el tiempo no se cuenta con medida."

Vista de sala

 
Teatro General San Martín
Fotogalería Sara Facio
Av. Corrientes 1530, CABA.
Horarios de visita: Martes a domingo de 14 a 20hs