Nota publicada online

miércoles 21 de enero, 2026
Mondongo llega al Castagnino
Redefinición del paisaje federal
por Claudia Laudanno
Mondongo llega al Castagnino

El Grupo Mondongo llega al Museo Castagnino de Rosario, con una mega-exposición, que se extiende hasta el 29 de marzo, en su primer hito de la gira por instituciones museísticas y centros de arte del país. El colectivo artístico, integrado por Julieta Laffitte y Manuel Mendanha viene trabajando desde 1999, con materiales extra-artísticos desde hace más de veinte años. 

Vista de sala

Desde sus comienzos, Mondongo ha trabajado en proyectos monumentales de largo alcance, con una materialidad “otra”, a veces extra-artística, otras de índole perecedera, como sus retratos de Enrique Fogwill, realizados, uno con galletitas y otro con hilos. Por otra parte, el escritor y autor de Phichiciegos fue recientemente homenajeado, con la muestra autobiográfica Muchacho Punk, efectuada en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires “Mariano Moreno”, diseñada y proyectada por el inefable Clorindo Testa, otro epítome del arte argentino, como arquitecto y pintor, que cuenta con una floreciente fundación, la cual porta su nombre. Aquí, el trait d’union entre Fogwill y Testa es fundamental. Espíritus jóvenes y curiosos, movilizados por el entusiasmo de realizar cosas diferentes, innovadoras. Esas cosas, podían ser edificios, poemas, cartas, libros proyectos, pinturas, dibujos. Algo que los motivara vivamente, y los condujera a ir más allá de lo previsible, de los lugares comunes del hastío y la rutina.

Mondongo decide elegir, durante un viaje a la provincia de Entre Ríos, visitar por primera vez, esta terra incognita, un escenario frondoso y selvático, cercano a Gualeguaychú, es decir, otro entorno, donde acontece una representación o panorama, como proyección de la identidad múltiple de nuestro vasto país, teniendo en cuenta las inundaciones del lugar, para realizar la obra Argentina, dividida en quince enormes paneles, cada uno de ellos de 3 x 2 metros, de 45 metros lineales de longitud. Cabe destacar que, tanto Mendanha como Laffitte, quedaron profundamente conmovidos, por el carácter impoluto de una naturaleza avasallante, situada entre los límites de Brasil, Uruguay y Argentina. Un auténtico coup de foudre, que los llevó a concebir, ya hace más de una década, entre 2009 y 2013, dicha mega-instalación que, en primera instancia, fue expuesta, en la terraza del espacio porteño ArtHaus. Se trataba de una sala enorme, de talante circular, completamente en penumbras, ex profeso. Esta pieza monumental, fue posteriormente adquirida por Andrés Buhar, director de la mencionada institución artística, por la friolera de 1.270.000 dólares, convirtiéndose en la obra de arte argentino, más cara vendida en subasta pública. El locus escogido, corresponde a la confluencia del caudal del río Uruguay, territorio fronterizo, con su multipolaridad y heterogeneidad, que resulta altamente disruptivo, dado que quiebra el paradigma, regla o precepto, acerca del género “paisaje”, que mejor representaría a un país tan vasto y con alta complejidad de climas y enclaves y sus consabidas características naturales divergentes. 
Al “poner en cuestión”, ese viejo “canon”, la narrativa o alegoría que moldea Mondongo, de la mano de la obra monumental Argentina, crea un racconto vital, que representa, magistralmente, en plastilina – elemento escolar por autonomasia-, una suerte de “verdad” a contrapelo, problemática, cuestionable, postuladora de preguntas más que de respuestas, que hace estallar en mil pedazos, una línea temporal e iconográfica “oficial” unívoca, acerca del paisajismo argentino, posicionándose en las antípodas de la homogeneización cultural.
El territorio, ese espacio geográfico asociado a una nación, donde se comparte un sentido de pertenencia y ciertos elementos comunes, ligados al idioma, a valores,  a una ética,  a unos saberes, a millones de microhistorias y múltiples prácticas culturales, que fomentan la cohesión social, es la topología donde acontecen y se redefinen esas mismas creencias y formas de “ver” o “concebir el mundo” - zeigest ( el espíritu de una época) o la weltanchauung (la cosmovisión según el historiador del arte Erwin Panofsky) -, desde diversos umbrales de recepción o acogida, porque existe una relación intergeneracional, que disloca lo ya perimido, si bien, tiene en cuenta un pasado tan rico de tradiciones y versiones que precisan nuevas teorías de la interpretación, en torno a sí mismas.

Hoy por hoy, es imposible entender a la Historia del Arte Moderno y Contemporáneo, sin el sintagma que viene conformando desde los años noventa con la Teoría del Arte y la Semiótica. En este último aspecto, muy acertado, resulta el aporte de Enrique Fogwill.
Cuando Mondongo decide aventurarse en ese paisaje litoraleño, con toda su crudeza, a orillas de un entramado de follajes, ramas, arborescencias y un espejo de agua, nos confronta con otra manera de concebir la identidad, como una estructura dinámica, móvil, pulsante.  ¿No es acaso la visión geopolítica de una Argentina, de los márgenes, mucho más amplia que la que nos confronta con los paisajes y la literatura de otrora, ya cristalizada y convertida en inevitable estereotipo?
Justamente, y lo que más llama la atención es, que no se trata de la pampa húmeda, como iconografía redundante, paraje o escenario, con sus planicies, casi infinitas, las cuales, tan acertadamente definiera el gran Lucio Fontana, creador del Espacialismo y del Manifiesto Blanco, de 1946, cuando viajaba de Rosario a Buenos Aires, para dictar sus cursos en la prestigiosa Academia Altamira, junto a figuras de la talla de Jorge Romero Brest y Emilio Pettoruti.
Nuestro país, verdadero melting pot, forjado en base a una identidad plural, de cruces, de fronteras lábiles, de movimientos aluvionales, en los que se dieron inmigraciones sucesivas desde 1880 a 1950, nos viene” mapeando” una cartografía muy heterogénea, a partir de la época del Virreinato del Río de La Plata, desde esa misma diversidad, pluralidad y confluencia de orígenes disímiles.
Referencias intertextuales de la pintura argentina y contemporánea son muchas, dado que se trata de artistas de la tardomodernidad, quienes saben cómo realizar una cita culta, para abordar temáticas actuales y controversiales. En este sentido, vale la pena destacar el alambicado texto de presentación, escrito por el propio Andrés Buhar y Virginia Castro. Por ejemplo, la referencia tan precisa a Gustave Caillebotte, el pintor del silencio, coleccionista y filántropo, quien apoyara, como mecenas a sus colegas impresionistas y conformara un museo avant la lettre, objeto de recientes retrospectivas en el Musée d’Orsay, de París y en el Thyssen Bornemisza de Madrid, España. El listado es amplio, e incluye a Claude Monet con sus Nenúfares, expuestos por primera vez en New York, con la llegada, allá por los años cuarenta de los surrealistas en el exilio, la Escuela de Barbizon, el británico David Hockney, y los alemanes del retorno a la pintura de los años ochenta, los “neosalvajes”, Gerhard Richter y Amself Kiefer, tan esenciales para los artistas latinoamericanos, con sus sucesivas participaciones, en las ediciones de la Bienal de Sao Paulo, Brasil. Por otra parte, ambos con importantes retrospectivas en estos últimos años. 
Todo es tema de revisión en la historia del arte actual y con más frecuencia, el artista contemporáneo debe actualizar sus competencias textuales, si quiere resignificar la memoria, la historia y el tumultuoso presente, en el cual discurrimos. 
Otro dato significativo, lo constituye la investigación que este colectivo de artistas llevó a cabo sobre los Imperial Scrolls of China, aquellos rollos de la Guía de la Inspección del Sur, realizados por los artistas Wang Hui y Xu Yang, con su equipo, completando una serie de doce pergaminos, que miden 68 cm de alto, cada uno de ellos, con una longitud que varía entre 14 y 26 metros, sumando entre todos, una extensión comparable a tres canchas de futbol. Estos trabajos poseían minuciosos detalles de la topografía, las usanzas y costumbres locales, así como la vida cotidiana de aquellos tiempos. Eran los famosos “clear and radiant landscapes”, con la paleta tradicional de los azules y los verdes, expuestos en el Metropolitan Museum de New York, en 2009. Los pergaminos chinos de la Inspección del Sur son auténticas series monumentales de pinturas en rollos, creadas por las cortes imperiales de Xangxi y Qialong, para documentar sus viajes por el sur. Se trata de extensos pergaminos de varios metros, efectuados en seda o en papel, diseñados para ser desenrollados gradualmente y revelan un estilo narrativo continuado, como las biblias moralizantes de la Edad Media. En realidad, son paisajes que utilizan perspectiva occidental y escorzos, para producir un tipo de narrativa inmersiva y fluida. Esos doce rollos, fechados en 1689, sirvieron como documentos históricos y propagandísticos, con el fin de conmemorar la prosperidad y unificación del imperio chino, pero no para su exhibición pública.

Calavera #3

La Calavera 3 es una suerte de aquelarre y pandemónium, en el que se conjugan variadas citas de la Historia del Arte y de la Historia de la Cultura, en general, con el objeto de dar vida a un resto cadavérico y a la vez, promover la resemantización de otro género del arte: la Vanitas, que simboliza lo pasajero, lo efímero, la insignificancia de las cosas terrenales y la inexorable transitoriedad de la vida. Nos recuerda la certeza de la muerte como memento mori. Así es, cómo esa Calavera 3, concebida, en tanto joya, es en realidad un conjunto babélico de citaciones cultas, entre las que se destacan La lección de Anatomía del Doctor Nicolaes Tulp, disecando un cadáver, obra de Rembrandt, conservada en el Mauritshuis de La Haya, el Che Guevara yaciente, al lado del sarcófago de Tutankamon y el Cristo de Mantegna, junto al cajón de John Fitztgerald Kennedy, la Ofelia muerta del prerrafaelista John Everett Millais, que se encuentra en el Tate Britain de Londres y representa una escena de Hamlet, de Willian Shakespeare. En fin, sólo para citar algunos ejemplos de cómo todo este conjunto objetual se refiere a la nimiedad, la fugacidad de la vida y la insignificancia de las posesiones materiales, frente a un destino inexorable, que es la ineluctable caducidad de todo lo vivo.
Hay que subrayar que la presente muestra cuenta con una gran afluencia de público local, en su primera gira por el interior del país, lo que hace que el Museo Castagnino, con este tipo de apuestas expositivas, siga funcionando como una institución de puertas abiertas al público en general, que se acerca por la contundencia sensorial del paisaje y la eximia ejecución del mismo.

El colectivo Mondongo posee obras en colecciones públicas y privadas de renombre internacional, como el Museo Malba de Buenos Aires, El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el LACMA de Los Angeles, el MAXXI de Roma, Europa, Estados Unidos y Oriente, fundamentalmente, Emiratos Árabes Unidos.
La itinerancia de esta mega-exposición continuará en el Museo Provincial Franklin Rawson - San Juan, abril de 2026 -, el Museo Superior de Bellas Artes, “Evita Palacio Ferreyra” – Córdoba, agosto 2026, para proseguir su recorrido en otras instituciones provinciales del país.
Acotamos aquí, una digresión imprescindible sobre ArtHaus Central, que pocos conocen y fundamentalmente, en el interior de la Argentina. En tanto institución dedicada al arte y el mecenazgo, fue fundada en plena pandemia, allá por 2021, por Andrés Buhar, su director, con el objetivo de concebir un espacio de producción, experimentación y difusión de las prácticas artísticas contemporáneas. Además, se trata de una institución pionera en la reconversión del microcentro porteño, cuya finalidad esencial, es ampliar las audiencias y democratizar el acceso al arte actual, con diversas actividades educativas.
En primer lugar, ArtHaus desarrolla un programa de actividades anuales, que incluye exhibiciones, conciertos, performances, teatro, proyecciones cinematográficas, jugando a misturar las distintas disciplinas y lenguajes del arte. Como si fuera poco, cuenta con un Ensamble en residencia, integrado por solistas encumbrados y, como joven centro de mecenazgo, subvenciona y sostiene con sus propios fondos, programas educativos para escuelas primarias y secundarias, con finalidades de corte recreativo y pedagógico.
Art Haus ha sabido fomentar fructíferos partnerships con el Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires), el Colón Contemporáneo, el Mozarteum Argentino, MALBA Puertos y Paraíso Club, entre otros.