News Argentina

lunes 10 de octubre, 2011
Sebastián Gordín y Max Gómez Canle
En Galería Ruth Benzacar
por Victoria Verlichak
Sebastián Gordín y Max Gómez Canle

Espléndidas y conmovedoras, las muestras de Sebastián Gordín y Max Gómez Canle en Ruth Benzacar se complementan y revelan tanto un notable refinamiento formal como una extraordinaria atmósfera sensible. Los trabajos interrogan los sentidos y mientras que Gordín levantó paredes para delinear un espacio que resguarda sus misterios, Gómez Canle insistió en una zona abierta para ofrecerlos en conjunto a la mirada.

Las asombrosas piezas de Días sin episodios, de Sebastián Gordín (Buenos Aires, 1969), se enfrentan físicamente en el espacio y en el medio crean una avenida por la que deambula el talento del artista. Los micromundos de las cajas de la derecha vuelven a precisar de la penumbra para resguardarlas del resplandor exterior. A la izquierda, las delgadas y planas maderas en chapa “pintadas” con marquetería reposan sobre mesas y precisan de la luz para ser consideradas. Con un théremin junto al ingreso del lugar donde están sus obras, Gordín establece un clima de anticipación y subraya ante el espectador la posibilidad de que habrá de asomarse a un enigma, quizá amenazador. Es que este instrumento electrónico se utilizaba para efectos sonoros en películas de ciencia ficción y de terror antes de la creación del sintetizador. Algo pasó, algo pasará en las estremecedoras escenas que, contradiciendo el título de la muestra, resultan en “episodios”, aún cuando se desconoce a qué “día” corresponden.

Max Gómez Canle (Buenos Aires, 1972) creó maravillosas pinturas y volúmenes en Chambre Mentale, con un diseño de montaje que invita al visitante observar a la distancia todas las obras al mismo tiempo, casi al concluir su descenso por la escalera del nuevo espacio de la galería, instaurando una lograda “recámara mental” y sensorial donde los vínculos entre las obras se multiplican. Pequeñas y medianas, las piezas parten de magníficas pinturas de paisajes imaginados por el artista en las que se deslizan y derraman citas de los románticos, Roberto Aizenberg, Raúl Lozza. En algunas instancias los volúmenes facetados de Aizenberg se convierten en vacíos tallados en la pared, en objetos de metal lustrado, reclinados, en cuya base (o frente) se halla un dramático paisaje con una inolvidable luz sobrenatural. Incluso, Gómez Canle revisita, preciosamente, las formas de la pintura concreta de Lozza llenándolas con vistas ilusorias, convirtiéndolas en cuerpos metálicos que intervienen otras pinturas, que con sus renovadas quimeras desmienten amorosamente al maestro creador de la “Teoría estructural del color”.

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Info
Hasta el 11 de noviembre
Ruth Benzacar, Florida 1000

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