News Argentina

domingo 9 de mayo, 2010
Teresa Pereda
Dar y recibir en la tierra del arte
por Julio Sánchez
Teresa Pereda

“No lo puedo explicar racionalmente, hay algo que me pasa, hay gente que me mira y lo percibo. Como si la mirada me atravesara y sé que esa mirada me convierte en un ser capaz de recibir la confianza del otro, aunque yo venga de otro lugar."

"(…) Esa mujer, Marcia, fue quien me llevó a lo de unos viejitos que cultivan las hierbas medicinales, ellos son sanadores; ellos me dieron unos remedios porque yo se los solicité. Suelo hacer ese trabajo conmigo misma, me dispongo a ser pasiva, a recibir, en este caso a recibir ese remedio. Marcia tuvo la delicadeza de probarlo antes”. Así le relataba Teresa Pereda a la curadora, Ana Battistozzi, una de sus experiencias en Bolivia, en un poblado pequeño llamado Jaruma, pegado al salar de Uyuni. Ésta, y otras tantas experiencias de comunicación con la gente de la tierra constituyen la muestra “Recolección – Restitución. Citas por América” que ocupa toda la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta.

Hay video-proyecciones, fotos testimoniales de otras performances en el bosque de Yatana, Ushuaia, tres gigantescos ovillos de lana y un sector destinado a performances que se realizan todos los sábados de mayo a las 18 horas. Detrás de todo esto, lo visible, hay varios años de trabajo, investigación y búsqueda, lo invisible. El manantial de todo este trabajo es un ritual simple que Pereda viene haciendo hace tiempo, recolectar tierra y luego ofrecerla. No es un acto político, como el que hizo el gobernador puntano Alberto Rodríguez Sáa cuando restituyó tierras a los descendientes huarpes y ranqueles, el de Pereda es un acto simbólico que busca restablecer la comunicación de los hombres entre sí y con la tierra que nos genera y nos devora.

Los tres puntos de apoyo geográficos son Tierra del Fuego, en la Argentina; Uyuni, en Bolivia y Morena, en la Amazonia brasileña; en estos lugares Pereda se encontró con los pobladores, les pidió algo de tierra (acto de recolección) y a la vez entregó tierra recolectada en otros lugares (acto de restitución). El ritual de intercambio es una cadena de infinitas posibilidades que recuerda la figura alquímica del Ouroboros, la serpiente que se come la cola en un movimiento cíclico de renovación eterna. Generar su trabajo desde la tierra no es poco, si pensamos que la mayor parte de nosotros somos hombres urbanos que vivimos pisando asfalto y mirando los edificios en altura, es decir, asfixiados por abajo y por arriba por nuestro entorno cultural, con pocas posibilidades de plantar los pies en la tierra húmeda y de mirar tantas estrellas como las que se perciben en el campo o en el desierto. Los artistas visuales Charly Nijensohn y Juan Pablo Ferlat contribuyeron a registrar los pasos rituales en los lugares citados (excepto en Ushuaia donde el registro estuvo a cargo de Gustavo Groh). A ninguno de ellos llegó Pereda con una matriz conceptual prefijada, sino que se dejó atravesar por la cultura y los ritos de cada lugar. Es así que en Ushuaia generó un gigantesco ovillo de lana de 40 kilos que fue echado a rodar con gente del lugar en un bosque de lengas entrelazando gente y árboles. La producción lanar es importante en toda la Patagonia y también en el resto del continente, en Bolivia la ovejas y las llamas son las que proveen este material, y allí también tiene un sentido simbólico puesto en valor por la artista que cuenta: “Durante el mes de enero, las familias de la alta puna florean las llamas colocándoles adornos de lana de colores en las orejas. De esta forma, cada animal florea el campo y “ofrenda a la Pachita” por el pasto que consume. Flores para el desierto es una serie de obras que establece una consonancia con los ciclos de la naturaleza y con los habitantes del gran salar”. Recibir de la tierra y ofrendarle a la tierra, una costumbre atávica que los hombres han olvidado y que la obra de Pereda rescata hoy.

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