News Argentina

martes 11 de mayo, 2010
Josefina Robirosa
Tocar el cielo con las manos
Costa Peuser, Marcela
por Marcela Costa Peuser
Josefina Robirosa

Pintar en plenitud; pintar un estado del alma. De esto se trata la actual muestra de Josefina Robirosa en galería Vasari. Una obra madura pero jocosa y libre que nos enseña a mirar el mundo a través del color del cristal de la artista: la alegría propia de la paz interior.

La obra de Josefina Robirosa (1936), siempre se mantuvo más allá de las tendencias de moda y, con cuarenta años de trayectoria, sigue asombrando al espectador. Extremadamente sensible, la artista surgió al panorama de las artes plásticas argentinas en un momento en que el riguroso arte concreto y la no figuración irradiaban con toda su fuerza. Su lenguaje se enroló desde un principio, y como contraposición, dentro de la abstracción lírica, como otra manera de observar la realidad. Una poética individual que se mantiene a través de todas las etapas de su obra.

Formada con Héctor Basaldúa, tempranamente en 1958, formó parte del Grupo Boa, dirigido por Julio Llinás. Desde siempre Robirosa pintó paisajes pero existe en su obra un concepto básico que se separa de las concepciones clásicas de la aproximación a la naturaleza. Sus paisajes casi impresionistas, se relacionan con aspectos puros del romanticismo y con el espíritu de algunos artistas ligados al nacimiento de la abstracción y más tarde al expresionismo abstracto.

A partir de bocetos encontrados en antiguas planeras, Josefina trabajó durante los últimos seis años en esta nueva serie casi monocromática que trasmite una renovada vitalidad. En sus obras, hay montañas, campos, ríos, nubes, pero también aire, luz, movimiento; hay fuerzas paralelas y fuerzas encontradas, tensiones de color; hay una claridad ascendente y una opacidad terrosa, un sentido vertical y un sentido estático. Se trata de una pintura luminosa y dinámica que sugiere otra dimensión del espíritu por la que corren corrientes de energía vital.

Sus primeros bosques estuvieron ligados a sus expresiones de deseo. Los actuales están más cercanos a la esencia del espíritu, exigen silencio y desapego. “Puro aire” refleja exactamente ese estado -sabio y pleno- que nos permite mirar el mun do a través de la distancia natural que impone el alma cuando nuestras vibraciones son elevadas. Dicho de un modo más simple: cuando estamos cerca de Dios.

“La tan ansiada libertad llegará por la suma de conciencias individuales que abran su corazón a su verdadera esencia: la del espíritu que está más allá del cuerpo y es común a todos”. Josefina Robirosa

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