News Argentina

lunes 17 de noviembre, 2008
28º Bienal de San Pablo
Vacía no, confundida
por Victoria Verlichak
28º Bienal de San Pablo

A la hora de pensar en la curaduría para la 28º Bienal de San Pablo, además de tomar en consideración la falta de presupuesto por la presunta corrupción acaecida en el seno de la Fundación Bienal, la hipótesis del curador Ivo Mezquita era que la Bienal de San Pablo históricamente, desde la primera en 1951 hasta la última en 2006, sólo fue visitada por el 10 por ciento de la población, y que con 200 citas cada dos años, ya existen demasiadas en el mundo. No está nada mal querer repensar un modelo creado a fines del siglo XIX, ahora que transcurre la primera década del XXI.

Con ganas de llegar a los titulares, se comunicó que la Bienal estaría vacía; sólo el segundo piso estaba así, con la arquitectura modernista en su esplendor. Los titulares se consiguieron pero la gente no vino -¿para ver una Bienal vacía?-, por lo menos el día de la inauguración y el subsiguiente, que coincidió con las elecciones del “prefecto” (alcalde) de la ciudad de San Pablo.
Los que si llegaron fueron los vándalos, entre 40 y 50, que se dedicaron a pintarrajear el segundo piso, en donde fueron tackleados por los guardias de seguridad, que les impidieron seguir subiendo al tercer nivel y así salvaron la exhibición. Aunque hubo uno que otro arresto, en su organizada y veloz fuga los muchachos vociferantes rompieron un vidrio del nivel bajo, de “la plaza abierta a la ciudad” que había enunciado Mezquita (“sitio de performances y presentaciones musicales”, etc.) para poder escapar al parque, ya que se habían cerrado todos los accesos al edificio de la Bienal.
Con parte del público aterrorizado y los vándalos corridos a puño (¿o palo?) limpio, es ahí cuando es preciso pensar para qué sirven las plataformas, los debates, etc., etc., las palabras del curador, que hablaba de crear un espacio “donde pudieran ocurrir cosas con una cierta espontaneidad o a partir de propuestas de artistas que activasen este espacio, un espacio que generara energía, una energía que viene de las calles, que viene de las practicas interdisciplinarias, que vine de la música, de la danza, de la poesía, del performance, del cine, del teatro y que esta energía constituyera este espacio social de la bienal como una parte, que siempre fue, pero abriéndose mas a la ciudad, a la incorporación de otras personas, porque las encuestas son muy claras la gran mayoría de la gente que viene al parque mucha jamás ha entrado a la bienal (…).
Incomprensible, la calle vino y la violencia instalada fue tremenda y no tuvo nada que ver con la libertad. Los diarios habían advertido que los vándalos iban a ir a la Bienal, al parecer instigados por un presunto artista no muy conocido que ahora sí aparece en los diarios. ¿Cómo es que la Bienal no dialogó con ellos y les cedió las paredes “vacías” para, en palabras del curador, “establecer un abrirse y acercarse a lo que está allí al lado e involucrarlos”?
Esta Bienal es para especialistas, ardua, aunque se pide la colaboración del público corriente para armar libros de fotos, definiciones sobre el mundo, etc. Salvo los toboganes de Carsten Höller, en los que había que hacer una cola eterna para deslizarse, casi todo el material -además de los videos y películas- se vincula con el archivo, la enciclopedia, y se encuentra exhibido en un mobiliario similar, realizado por el artista colombiano Gabriel Sierra; por eso, algunos periodistas la llaman la Bienal de la “madera”.
El programa de cine y debates, conferencias, cambia todas las semanas; la primera fue con Marta Minujin y de las 60 personas presentes, más de la mitad eran argentinos de aquí y de allá.

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