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martes 19 de agosto, 2008
Museo Nacional de Arte Decorativo
La Era de Rodin
por Nelly Perazzo
Museo Nacional de Arte Decorativo

Esta exposición está integrada por setenta esculturas procedentes del Museo Soumaya de México, el Museo de Arte de Ponce de Puerto Rico y el Museo Nacional de Arte Decorativo. Cuenta con el auspicio de Telmex y Claro.

El Museo Nacional de Arte Decorativo acaba de presentar una de las más importantes exposiciones de 2008 en la Argentina: La Era de Rodin, que luce espléndida ocupando la totalidad de las salas del Museo.
La figura de Rodin es ampliamente conocida en nuestro ambiente, no sólo por el prestigio que acompaña su nombre sino también por sus obras presentes en nuestra ciudad. En efecto, en fecha tan temprana como el 1900 la inauguración del Monumento a Sarmiento fue objeto de vivas polémicas en lo que se refiere a la figura del prócer. En la base, por elección del autor, el tema Apolo tritura a la serpiente Pitón, hace referencia a los logros del presidente homenajeado dando cuenta de la importancia que el artista daba a los pedestales. El pensador, situado en Plaza del Congreso es otra de sus presencias fuertes en el ámbito público bonaerense. También La eterna primavera, que fuera adquirida por Matías Errázuriz en 1911, tanto como las que constituyen parte del patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes han permitido a nuestro público el acercamiento al poderoso tratamiento escultórico de Rodin. Pero no solo de él, sino de todos los artistas que integran la muestra para dar cuenta de la época del gran Maestro.
Es el caso de Albert Carriere Belleuse, autor del monumento al General Belgrano y del Mausoleo del General San Martín en la Catedral y de Emile Bourdelle, autor de la mejor figura ecuestre de Buenos Aires, la del General Alvear, con las figuras de la base que, junto a Heracles Arquero (1909) y El Centauro Moribundo (1914) prestigian las zonas aledañas al Museo de Bellas Artes.
Fuera de lo que previamente se conocía en Buenos Aires, en esta muestra el público puede, entre otros, detenerse frente a la gracia infinita de las figuras de Carpeaux tanto como al seductor estilo Art Nouveau de Louis Barrias con una figura de bronce y marfil y un desnudo femenino en bronce envuelto en los drapeados característicos de esta tendencia.
La muestra permite un muy buen recorrido de la producción rodiniana, desde obras de la primera época como Suzon (1872) a las piezas donde el artista – después de la revelación que fue para él conocer la obra de Miguel Ángel en 1875- muestra la desenfrenada energía que alienta a sus personajes. Justamente La Edad de Bronce, espléndido desnudo masculino, fue realizado entre 1875 y 76 en instancias de sus estudios más detallados de la praxis de quien Rodin consideró siempre su Maestro.
Poco tiempo después, en 1978, realizó San Juan Bautista Predicando, que forma parte de un conjunto de exaltación del desnudo masculino. En este caso, como en el anterior, resulta decisiva la posición de los brazos, en un gesto significativo. Al mismo grupo pertenece el Torso del Hombre que Marcha (1880) fragmento que le permite enfatizar el vigor y la potencia muscular. Genio del Reposo Eterno sin cabeza ni brazos (1888) otra figura fragmentada, así como Movimiento de Danza (1910), son notables ejemplos de su necesidad de traducir el movimiento, real o como fuerza interior, animando de vigor y poesía la masa escultórica.
Uno de los conjuntos de mayor interés que se exhiben, es el de Los Burgueses de Calais dentro del cual vemos la primera maqueta del año 1884 y cabezas, estudios y figuras plenas. El monumento se inauguró en 1885 y constituyó uno de los logros mayores del artista que quiso escapar de los estereotipos para detenerse en el drama humano de cada una de las figuras. Según el encargo que recibió, se trataba de encomiar a los seis burgueses que se ofrecieron como rehenes para salvar a la ciudad de Calais que estaba siendo asediada desde hacía 11 meses por los ingleses, a fines de la guerra de los 100 años, a mediados del siglo XIV.
Otro conjunto a destacar es el de Las Puertas del Infierno que fuera encargado a Rodin por el Gobierno francés en 1880 y estaba destinado al Museo de Artes Decorativas que nunca llegó a construirse.
Vertebrando su labor en torno de La Divina Comedia de Dante, el maestro concibió la obra como un conjunto de piezas que tenían fuerza propia y que debían quedar como registro de las pasiones humanas. Para demostrarlo se exhiben, El Pensador; El Estudio para Eva que debía funcionar simétricamente con la figura de Adán como cariátides del frontón. También podemos ver El Hombre que Cae (1882); La Mártir; la macabra pareja de Juventud Triunfadora y La Sombra, otro destacado desnudo masculino que debía formar parte de un conjunto de tres que ilustraban las palabras de Dante Dejad toda esperanza los que aquí entráis. Dentro del conjunto, El Beso (1886) y el mármol Fugit Amor (1887), muestran la avasallante sensualidad del artista.
Lleno de interés está el conjunto de retratos, desde la máscara del Hombre con nariz rota al sensible busto de Víctor Hugo o al de Balzac en traje de dominicano, sin dejar de lado los certeras efigies de Rodin hechos por Paolo Troubetzkoy (1905-1906) y Emile Bourdelle (1909) quien fuera ayudante–aprendiz en su taller y que aquí se muestra con una materia informe, de impetuosa carga, bien lejos de la monumental plasticidad, severa y contenida que fuera característica de su estilo.
No es el único joven asistente de su taller que está representado, están también las obras de Camille Claudel, significativo ejemplo de las dificultades, en muchos casos insuperables, que debían enfrentar las mujeres de talento a fines del siglo XIX. De ella se exhiben L’ implorante (1893) y La Ola (1897) con tres figuras femeninas expectantes frente a la caída de una enorme ola del mar, esta última elaborada en un principio en mármol y luego definitivamente en bronce patinado.
Ambas muestran los méritos fuera de serie de esta escultora, víctima de un trágico e injusto destino.
Esta muestra, que presenta una visión amplia de la escultura finisecular del siglo XIX permite apreciar acentos y matices de un conjunto de artistas que posibilitaron la poderosa afirmación de la escultura en el paso al siglo XX. Rodin fue una figura emblemática del aliento heroico que orientó hacia una salida de las convenciones tradicionales a la escultura para llevarla más allá de sí misma en un despliegue de formas que - como ha dicho el crítico italiano Barilli – parecen consumidas por una fiebre intensa. Distintos aspectos de su obra, de la de sus coetáneos y de sus continuadores podrá ver el público de Buenos Aires en esta magnífica muestra del Museo de Arte Decorativo que contó en su presentación con la presencia del Director del Museo Soumaya de México y de Agustín de Arteaga, a quien todos conocían por haber sido el primer Director del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires y que es actualmente Director del Museo de Arte de Ponce de Puerto Rico.
Complace saber que hay países latinoamericanos que cuentan con poderosas colecciones expuestas al público, que constituyen todo un ejemplo digno de emulación.

Info:
Hasta el 14 de septiembre,
Museo Nacional de Arte Decorativo,
Av. del Libertador 1902

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