News Argentina

jueves 17 de julio, 2008
MUESTRA DE LA SEMANA
Desplazamientos
por Laura Feinsilber
MUESTRA DE LA SEMANA
 

La estructura despojada de la antigua sala de rotativas del diario La Prensa, actualmente Espacio Casa de la Cultura, es un marco excepcional para la muestra "Desplazamientos. Entre la escultura y la instalación", integrada por 28 obras procedentes de los Museos de Arte Moderno y Eduardo Sí­vori, así­ como de colecciones privadas.

La estructura despojada de la antigua sala de rotativas del diario La Prensa, actualmente Espacio Casa de la Cultura, es un marco excepcional para la muestra "Desplazamientos. Entre la escultura y la instalación", integrada por 28 obras procedentes de los Museos de Arte Moderno y Eduardo Sí­vori, así­ como de colecciones privadas.
Adriana Laurí­a, curadora invitada, articuló una interrelación entre las obras de maestros consagrados y las propuestas de artistas de generaciones más jóvenes cuyo montaje permite desplazarnos por estos grandes espacios y comprobar los cambios operados en una disciplina sobre la que ya hacia 1964 Herbert Read se hiciera esta pregunta devastadora: ¿desde qué punto el arte permanece en cualquier sentido tradicional (o semántico) escultura?
El concepto como un arte de forma sólida, masa y virtudes relacionadas con la ocupación del espacio ha sido drásticamente alterado durante el siglo XX. Como lo señala Adriana Laurí­a, "ha sido desplazado de sus lí­mites fí­sicos y teóricos por las nociones de objeto, montaje, e instalación a causa de las influencias ejercidas por el arte minimalista, el arte povera y el land art, entre otras manifestaciones contemporáneas".
Hay obras antológicas como la de Norberto Gómez "Custodia, pila y látigo" (1984), cartón y resina poliéster, materiales en cierta forma ligeros para un discurso de tanta intensidad y contundencia. De Juan Carlos Distéfano se exhibe "Portadora de la palabra", poliéster reforzado y materiales varios que vimos en Ruth Benzacar en 2006 y a la que ahora le ha agregado un "interlocutor" que duerme a sus pies y que la convierte en más angustiante.
Aunque no están agrupadas por orden generacional, no podí­a faltar Alberto Heredia con "Bailando en el Savoy" (1983/4), madera, tela y clavos, inspirada en el Club 54 de Nueva York donde vio bailar a una pareja de homosexuales envueltos en cintas de cuero. Su versión los muestra como cuerpos flagelados.
"El previsible destino del Pretty Boy González (1997), resina poliéster e inclusiones, de Pablo Suárez, otro artista irreverente, comprometido con una realidad que querí­a modificar y que se oponí­a a la idea estetizante del arte, carente de contenido.
Enio Iommi prestó "Elevación", acero inoxidable, (1959), época en la que prescinde de la masa para lograr el volumen espacial y que a partir de fines de los 70 abandona por obras que construye a partir de desechos. Otra presencia importante es "Homenaje a Fellini" (1993) hierro policromado de Marí­a Juana Heras Velazco, maestra admirada por generaciones de escultores.
Hay una reconstrucción de "Algunos Oficios" (1976) de Ví­ctor Grippo que entendí­a al trabajo y las herramientas utilizadas por el hombre como una prolongación de su ser y de su dignidad.
En los últimos años se destaca la labor de Mónica van Asperen, cuya creatividad le permite abordar diversos materiales como tela, vidrio, globos. Y en esta oportunidad, presenta un conjunto de formas en madera y plástico que cobran significación por su carácter enigmático además de la excelencia de su ejecución. Marina de Caro se caracteriza por su obra textil,, en este caso usó hilado acrí­lico tejido a máquina, guata y alambre para una serie muy atractiva, nudos gigantes en brillantes colores que penden del techo.
Recordamos el impacto que produjo "Jardí­n Filosófico" (1998) de Miguel Harte, una obra muy poética con materiales absolutamente no convencionales como polieturano expandido, vaselina lí­quida, purpurina, entre otros.
Destacamos la instalación de Martí­n Calcagno, "El templo del amanecer del pequeño guerrero" (2005): un robot en un enclave Zen acompañado por una proyección de una fotografí­a de un jardí­n japonés. La muestra incluye las formas decorativas de Gumer Maier, (2002), el kitsch de Omar Schiliro (1993), la elaborada utilización de cuentas acrí­licas facetadas de Román Vitali (2006), la austera belleza de la instalación en maderas de Daniel Joglar (2001) junto a otros artistas de prestigio como Nicola Constantino, Silvana Lacarra, Leandro Erlich, Elba Bairón, Emiliano Miliyo, Cristina Schiavi, Liliana Maresca, Martí­n di Girólamo.
Muchas de estas obras responden al espí­ritu de la época en la que fueron creadas, los 90, una de cuyas caracterí­sticas es la hibridez, cierta exterioridad, el individualismo a ultranza, algunas pueden ser perturbadoras, revelan el rechazo a las utopí­as y el descreimiento en los grandes temas.

Hasta el 17 junio en Espacio Subsuelo, Casa de la Cultura, Ministerio de cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Av. De Mayo 575

 
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