Nota publicada online
En el marco de la celebración del 90 aniversario del Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson de San Juan se presenta la exposición Futuro antiguo del artista Max Gómez Canle con curaduría de Roberto Amigo.
El Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson ha puesto en marcha su temporada correspondiente al presente año con una serie de exposiciones que reúne nombres de primer nivel nacional y propuestas locales que apuntalan su interés por el desarrollo cultural y artístico, al tiempo que consolidan su lugar como uno de los espacios de exhibición más activos y federales de la Argentina.
Fundado en 1936, el museo recibió su denominación en homenaje a Benjamín Franklin Rawson (1820-1871), pintor sanjuanino que desempeñó, en su tiempo, cargos políticos en el gobierno de Bartolomé Mitre y fue allegado a su coterráneo Domingo F. Sarmiento. Además, fue una de las víctimas de la epidemia de fiebre amarilla de asoló a Buenos Aires en 1871. Luego de rotar por distintas sedes, el museo funciona desde el año 2011 en su ubicación actual gracias a su importante patrimonio, a una programación que apuesta por exposiciones de gran categoría y a actividades abiertas que involucran a la comunidad. Cuenta también con un plan estratégico de descentralización que apunta a llevar su trabajo hacia el interior de la provincia y a ferias e instituciones de todo el país.
Desde esta perspectiva, se presentan Argentina, obras del grupo Mondongo, circunscriptas dentro de una gira federal que tiene a este museo como primer capítulo de su itinerario, La escritura del territorio una exposición en homenaje al artista local Eduardo Esquivel, Entre la Luz y la memoria, una muestra colectiva de artistas sanjuaninos y Futuro antiguo, la primera exposición de Max Gómez Canle en esta institución.
Futuro antiguo exhube más de 20 obras en las que se destaca la técnica de óleo y cera sobre granito. La utilización de esta técnica, por parte del artista, significa una variante notoria en el desarrollo de sus imágenes y por lo tanto un paso arriesgado ya que sale de lo que el público podía preveer de él y tenía asimilado de su trabajo. La veintena de adoquines pintados que pueden apreciarse instalados en la sala 2, forman por una parte, un gran conjunto como si se tratara de una sola obra pero, por otra, cada uno de ellos contiene un relato, una escena independiente, que interactúa con sus pares.
El cambio de soporte y elementos físicos combina innovación con clasisimo. La acción novedosa que ha llevado a cabo parece tener una intención retrospectiva, como si desde el presente pudiera hallar en los rastros del pasado algo que tuviera que expresarse desde las condiciones materiales actuales y proyectarse hacia futuros aún imaginables.
El título de la exposición, un juego de palabras que conforma una paradoja temporal, acoge en forma adecuada este propósito y presenta una llamativa sincronía con otros desarrollos expositivos recientes realizados en el país, aunque también sintetiza una preocupación que abarca tanto la fuerza de la tradición como las expectativas acerca de la renovación formal. En tiempos de fiebre desbocada por las imágenes generadas por la inteligencia artificial, las pinturas de Gómez Canle parecen nadar contra la corriente, fugarse de condicionamientos que parecen inevitables y recordar que hay otras densidades, texturas y revelaciones posibles.
Compartimos en el siguiente video la entrevista que le realizamos a Max Gómez Canle, Roberto Amigo y al director del Museo Franklin Rawson, Emanuel Díaz Ruíz.