News Argentina

martes 20 de julio, 2010
Hernán Dompé
De batallas y guerreros
Costa Peuser, Marcela
por Marcela Costa Peuser
Hernán Dompé

Con la luz dorada del amanecer, el guerrero se pone en camino y, a medida que transcurre el día, el sol recorre el campo de batalla tiñendo su suelo yermo con velos violetas y azules hasta alcanzar el ocaso, no sin antes enfrentarlo a su propio instante. Ese instante, quieto y profundo, de implacable soledad, en que el guerrero debe aceptar el desafío de la más dura batalla: la propia.

El instante, es el título con el que Hernán Dompé (1946) ha nombrado al conjunto de sus obras recientes que se exhibe en el Centro Cultural Recoleta bajo la curaduría de Mercedes Casanegra. Una instalación compuesta por 36 guerreros que esperan la señal de sus antiguos para iniciar el ataque, y que recrean ese instante decisivo para matar o ser muerto; ese instante, enclavado en la hora sin sombras, que reconocemos como propio en cada uno de los personajes forjados por el artista. Y es que Dompé nos retrata en cada una de nuestras diarias batallas personales, pequeñas y banales contiendas que enfrentamos día a día y que dan origen a sus guerreros: “Con los pelos de punta”, “Con nudo en la garganta”, “Esto es lo mío”, son algunos de los personajes que encarnamos en las distintas situaciones a la que nos enfrenta la vida. Allí están los guerreros del espacio, los del oriente y los de la sombra, todos ellos construidos en madera, hierro, cobre y materiales hoy reciclados y que en otros tiempos fueron barricas de vino, cosechadoras y arados que trabajaron la tierra.

Formado en la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires, Hernán Dompé obtuvo en 2000, el Gran Premio de Honor del Salón Nacional entre otros. Es un escultor preocupado por el pasado prehispánico de Sudamérica; primero fueron sus imponentes y arcaicos tótems, luego siguieron sus sigilosas barcas para dar, ahora, su legión de guerreros. Sus tallas se caracterizan por la fuerza demoledora de los materiales que utiliza: madera, hierro y piedra. Pero también por la sensibilidad que ellas trasmiten y que nos hablan de memorias ancestrales.

Cada uno de los guerreros de Dompé es espejo de nuestras propias batallas y nos sitúa en ese instante preciso que nos permite mirar el mundo con un poco más de sabiduría.

Más info
Hasta el 11 de julio,
Sala J del centro Cultural Recoleta, Junín 1930

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La última mirada
En otra pequeña sala, como una capilla ardiente, Hernán Dompé rinde homenaje a su hija Mora, fallecida trágicamente hace diez años. Obras realizadas con tinta, cartón corrugado o madera, todas ellas reflejan esa última mirada de un padre amoroso que cuida el sueño eterno del ser a quien le dio vida.

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