News Argentina

lunes 1 de diciembre, 2008
Josef Sudek
en el Museo Isaac Fernández Blanco
por Rodrigo Alonso
Josef Sudek

Por primera vez se presenta en América del Sur, una exposición del artista checo Josef Sudek (1986-1976) integrada por 61 imágenes pertenecientes a los momentos más destacados de su producción artística

La rotunda variedad de la obra fotográfica de Josef Sudek nos habla de una personalidad curiosa e inconformista. Sin necesidad de recurrir a su biografía, es sencillo percibir cómo cada tema y género es, para él, una búsqueda transitoria en el desarrollo y la construcción de una verdadera ouvre.
En su camino ha recurrido tanto a un formalismo estricto como a la experimentación, a los tópicos más tradicionales como a los más subjetivos. Dueño de una técnica precisa y exquisita, se mueve con naturalidad entre polos aparentemente opuestos, describiendo el mundo físico, el psicológico y la intimidad, en imágenes monocromas obtenidas por diversas técnicas y en una variedad de soportes.
A primera vista, un elemento central de su estética llama poderosamente la atención: el recurso constante a su entorno inmediato como fuente de inspiración. A excepción de algunos paisajes, sus fotografías traducen un mundo al alcance de la mano, unos microcosmos casi palpables, de objetos delicados que se despliegan en tonalidades medidas y sutiles contrastes de luz.
Allí, a su alrededor, el artista descubre un universo por momentos sereno y por momentos maravilloso. El género de la naturaleza muerta es el elegido a la hora de retratar conjuntos de objetos diáfanos, que nos convocan por sus formas y composición.
Pero Sudek casi nunca se conforma con la mera descripción o la contemplación; ante todo, construye situaciones objetuales, pequeños acontecimientos que nos invitan a trascender la superficie fotográfica para internarnos en misterios casi siempre domésticos. Así es como descubre una Naturaleza muerta en el taller de un fotógrafo (1960) o un Laberinto encima de mi mesa (1967). La banalidad, lo mínimo, lo insignificante aparecen transfigurados en su obra, al punto de transformar por completo nuestra visión de lo ordinario.
La búsqueda de lo asombroso lo ha llevado a incursionar en ciertas imágenes de vocación surrealista. Mediante la técnica de la superposición de tomas, el registro de algunos ambientes cotidianos se puebla de presencias fantasmáticas que alteran la habitualidad de los lugares. En ellas se esboza un principio de narrativa o un una voluntad poética que prolonga el efecto de lo visible.
Finalmente, el paisaje encuentra su lugar también en buena parte de la producción de Josef Sudek. Su halo poético es evidente, como también lo son las búsquedas de delicados balances lumínicos y los encuadres que potencian la composición. Aquí, nuevamente, no se trata tan sólo de plasmar un espacio geográfico o una atmósfera; el artista ocupa un sitio central en las imágenes al hacer explícito su punto de vista, tanto en las fotos como en los títulos, por ejemplo: Mirando desde el foso del ciervo (1946), Paseo en Mionsí (1949-54).
La serie Ventana de mi estudio (1940-54) sintetiza esta fusión constante de lo exterior y lo interior, de apertura e intimidad. Es, de alguna manera, una clave de acceso a toda la obra de Sudek a pesar de sus múltiples variantes, una guía al mundo de un artista que no parece utilizar la fotografía para reproducir la realidad sino para transformarla y descubrirla permanentemente.

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Info
Hasta el 7 de diciembre
Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, Suipacha 1422

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