Nota publicada online
El almanaque del pueblo, en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (macro), inscripta dentro del Programa Geolocalizados, con un planteo de apropiación posthistórica de los conocidos calendarios de Florencio Molina Campos, por el Grupo Tempus, oriundo de la localidad de Bigand, que recrea diversas escenas costumbristas de la pampa húmeda, ubicadas, en diferentes sitios, de este pueblo santafesino de origen francés, ubicado a setenta kilómetros de Rosario. Hasta el 9 de agosto
Con respecto a Geolocalizados, su responsable, Ángela Ríos destaca lo siguiente: “Se trata de una propuesta anual de arte participativo, que invita a repensar la accesibilidad cultural desde la práctica” y agrega: “esta exposición sostiene que el acceso al arte y a la cultura no es un privilegio, sino un derecho”. En este sentido, para Ríos, “la accesibilidad nos convoca como práctica transformadora, en estas producciones, que dan cuenta de la capacidad de disfrutar y hacer propio el patrimonio cultural”.
Por lo tanto, el Museo macro posee dos programas anuales: Accesibilidad y Geolocalizados, respectivamente.
La muestra se puede interpretar como un ensayo fotográfico, que se reproduce ad infinitum en una pantalla, ubicada en la planta baja del macro, acompañado de lenguaje de señas y auriculares, para que el visitante pueda tomar real dimensión del trabajo realizado por un grupo de “actores” que posan como “esculturas vivientes”, reproduciendo con sus “poses” y su vestuario folklórico las imágenes de los almanaques de Florencio Molina Campos, efectuados con cierta intermitencia, entre 1930 y 1945. A tales efectos, el artista había sido contratado por la firma argentina Alpargatas S.A, en la persona del ingeniero Luis Pastorino, con contratos anuales, desde 1930 a 1936 y luego, a partir de 1940 hasta 1945. En este sentido, reenvío al completo libro sobre Florencio Molina Campos, editado por el rosarino Ignacio Gutiérrez Zaldívar y la Galería Zurbarán, Buenos Aires, de la cual fue su director, hasta su fallecimiento en 2022.
Con respecto al Grupo Tempus, de Bigand, está compuesto por personas con capacidades diferentes y, la consabida exposición, es la resultante del registro iconográfico de varias tomas fotográficas de un día, transcurrido en el Centro Tradicionalista Martín Fierro, de la mencionada localidad.
Así pues, los personajes de Molina Campos cobran vida nuevamente, pero, esta vez, en carne y hueso, con una serie de figurantes que parodian y adoptan actitudes humorísticas, como los gauchos, la moza, el ambiente de las pulperías y las reuniones campestres a cielo abierto, en una zona de fuerte impronta agrícola-ganadera de la provincia de Santa Fe.
De tal suerte, las caricaturas sociales del artista argentino, vuelven a cobrar vida un siglo después. Cabe destacar que la estrategia apropiacionista es un común denominador de esta atmósfera epocal de la post-verdad, en la que vivimos.
El trabajo de Tempus genera un “teatro de la vida” campesina, que se vive “en primera persona”, para cada uno de los participantes de dicha agrupación.
Estas fotografías vuelven a poner vida a la obra de Molina Campos, el cual, con sus témperas y gouaches, llegó a producir una cantidad enorme de calendarios y almanaques, con personajes gauchescos, del talante de Tiléforo Areco, su personaje emblemático, quien era el capataz de la estancia, la moza, la curandera, el gaucho Lindor Pinto y sus caballos, entre otros.
En su tiempo, consultado por sus personajes, Molina Campos sostenía, con tono vaticinador: “Yo no hago más que expresar la realidad, exagerando ciertos rasgos de personas y animales, como si los viera a través de un lente deformador. Pinto al gaucho, al que he visto en tiempos lejanos, cuando aún existían verdaderos gauchos, porque los conozco y los comprendo. Dentro de poco, aventados por el progreso y el cosmopolitismo, será difícil pintarlos al natural (…) Simplemente, quiero captar y perpetuar en mi obra, todo lo que hay de interesante en ese gauchaje, que pronto será sólo un recuerdo, una leyenda”.
Los participantes de esta teatralización, con registro visual son: Triana Lugo, Esteban Frakich, Fernando Massi, Carina Arias, Camila Dittocco, Juan Pablo Troncoso, María de los Ángeles Intenlagelo, Fabián Funes y Joaquín Ripoll. Mientras, los créditos fotográficos corren por cuenta de Marcelo D’Angelo.
Por su parte, el equipo del Centro de día Tempus está constituido por Soledad Toledo, Marcela Carletti, la tallerista Yanina Tenaglia y otros colaboradores, bajo la dirección de Natalia Spill, junto a la presidencia de dicha institución, en manos de María Celeste Ortolani.
Fundamental, destacar algunos datos relevantes del derrotero de Florencio Molina Campos, como la beca que obtuvo en 1937, de parte de la Comisión Nacional de Cultura para viajar a Estados Unidos. Hecho que potenció, aún más su producción pictórica, en la arena internacional, estableciendo los contrastes entre la vida de la pampa, la llanura argentina y las grandes megalópolis, como la Gran Manzana.
Justamente, una de sus obras señeras de aquel viaje es El gaucho Lindor sofrenando un potro en Nueva York, enfrente del mismísimo Empire State Building. A posteriori, y ya hacia 1938, Florencio expuso en la Gallery of the English Book Shop. De tal suerte, sus obras se publicaron en importantes semanarios estadounidenses. Y como si fuera poco, enseñó a Fred Astaire a bailar el malambo. Por su parte, las empresas americanas veían en él la posibilidad de realizar negocios, con sus célebres pinturas caricaturescas y costumbristas.
Hacia 1941, tuvo que viajar a la Argentina el propio Walt Disney, para visitar el país más austral del mundo y conocer sus tradiciones. Era consciente del renombre de Molina Campos y se entrevistó con su esposa Elvira, dado que el artista estaba de viaje, para concertar una entrevista. Walt Disney se hallaba interesado en “esas cosas curiosas que pinta Florencio”.
El encuentro se llevó a cabo en 1942, en Río de Janeiro, Brasil, donde el artista argentino acepto convertirse en technical advisor (asesor técnico) del emporio Walt Disney. De esta época datan los dibujos animados: El gaucho reidor y Goofy se hace gaucho.
La amistad entre ambos siguió, si bien mantuvieron diferencias en cuanto al matiz comercial de Disney y la defensa del gaucho y su singularidad, por parte de Don Florencio.
También es esencial consignar el modo de trabajar del artista. Primero pintaba los cielos. Luego colocaba las figuras, que previamente, había dibujado en un papel manteca. Las pintaba primorosamente, con sus pinceles de pelo de marta y dejaba los detalles de los ojos, para los últimos retoques.
Sus primeros trabajos fueron tintas, luego acuarelas, gouaches y pasteles, hasta llegar a la témpera. Nunca consideraba terminadas sus obras.
Desde 1969, existe la Fundación Florencio Molina Campos, dedicada a custodiar el acervo de Don Florencio Molina Campos, ubicada en la casa histórica Museo Rancho Los Estribos, en La Reja, partido de Moreno, provincia de Buenos Aires.