Nota publicada online
Curada por Jazmín Adler, la exhaustiva muestra Kosice en tiempo real, se extiende hasta el 16 de agosto, luego de las exhibiciones de uno de los creadores del Movimiento Madí, en el Museum of Fine Arts de Houston, Texas.
La actual exposición ha sido posible, gracias a los esfuerzos del Museo Kosice de Buenos Aires y de diferentes colecciones privadas y públicas de Argentina.
Un vanguardista del calibre de Kosice (1924-2016) siempre se interrogó sobre las relaciones entre estética y tecnología y sus búsquedas, desde la Revista Arturo, el Arte Concreto-Invención, el Movimiento Madí, la Ciudad Hidroespacial, el arte cinético y las esculturas hidráulicas, el uso del neón, como material escultórico, al igual que Lucio Fontana, son algunos mojones que marcaron sus hallazgos artísticos, siempre acompañados de la teoría del arte, los manifiestos y la poesía.
Su nombre era Ferdinand Fallik y su seudónimo Gyula Kosice, de origen eslovaco, y venido a la Argentina con sus padres y hermanos, escapando de la Gran Guerra, con tan sólo cuatro años de edad.
Lo recuerdo con libros de su edición. Me regaló algunos en Buenos Aires y conversamos sobre Arte Madí, dado que coincidía con la muestra que me tocó curar con dos grandes artistas de la vanguardia argentina: Carmelo Arden Quin y Enio Iommi, titulada: Confrontaciones. Arden Quin/Iommi, en Galería Del Infinito Arte, 2001.
Kosice vivía entre dos mundos. Europa, y Argentina. Pero su base estaba en Buenos Aires, en su estudio de la calle Humahuaca, del barrio de Abasto, donde hoy funciona la fundación que lleva su nombre.
En una muestra que realizara, en el Espace Pierre Cardin, de París, denominada: Agua -Luz- Movimiento, el crítico de arte y ensayista, Otto Hahn, ya escribía en 1974, en L’Express que: “Si viviera en París, su obra estaría emplazada entre los móviles de Calder y las máquinas de Tinguely”. Con esto se refería a la cuestión de que su arte, al estar producido desde las periferias, no gozaba en ese momento, de la legitimación del mentado “circuito de consagración”, de los setenta, que empujaba a los márgenes a estos creadores, por una cierta geopolítica del arte imperante, la cual exigía que los lugares de mayor visibilidad del arte moderno y contemporáneo fueran del eje París, New York, Londres, Berlín. No obstante, resulta auspicioso que el Museé d’Art Moderne Centre Georges Pompidou, de París, haya adquirido obras del maestro Kosice, en 2013 y le dedicara una sala completa para su producción cinética.
Por su parte, Carmelo Arden Quin, co-fundador de Madí, junto al joven Kosice y Rod Rothfuss, en 1946, lanzan el Manifiesto Madí. Al año siguiente, Arden Quin decide emigrar hacia París, en 1947 y, luego crear el Movimiento Madí Internacional, mientras que Kosice se queda con Madimensor, que denotaba, en sus obras, una paleta más rioplatense, por la influencia de Torres García y su legado. De allí, algunas diferencias entre ambos. No obstante, tanto uno como otro, apostaban por las obras de marco recortado e irregular, la superficie plana, curva o convexa en pintura, y en escultura, piezas dotadas de movimiento propio, poligonalidad abierta, es decir, ángulos y aristas infinitas, en contra de la tiranía del ángulo recto, esto último era lo que los separaba de Arte Concreto-Invención y de Tomás Maldonado, artista y teórico.
El término Madí significa: Movimiento, Abstracción, Dimensión, Invención.
Una obra emblemática y prematura del Madí histórico es Royi (1944), escultura articulada o móvil de madera, ejecutado por Kosice, con sólo veinte años, que el público rosarino puede apreciar, por primera vez, y donde el espectador deja de ser pasivo, para convertirse en parte activa de esta pieza lúdica avant la lettre, interactuando directamente con ella, al cambiarla de posiciones.
Además, es de destacar, el ajustado criterio curatorial, al pintar las paredes de negro, así se destaca el entero corpus expositivo.
Los núcleos temáticos de la muestra de Rosario son los siguientes: 1) Cuerpo en acto: Invención; 2) Cuerpo en acto (IM) PERMANENCIAS; 3) Materia del instante; 4) Persistencias de lo incierto; 5) Fugacidad de la materia: Kosice, Berni, Fontana.
Junto con Royi, sobresale la pintura Dos espacios. Pintura Madí (1940). Allí se dan cita todos los elementos propuestos en el Manifiesto Madí, con dos recortes trapezoidales huecos y el cromatismo propio de la Escuela del Sur.
Del conjunto que se exhibe en el Museo Castagnino, vale la pena señalar la Escultura lumínica. Gas neón (2005), una suerte de homenaje póstumo a Lucio Fontana y sus ambientaciones con luces de neón, cuya primera obra data de 1947, en la Galería del Naviglio, Milán, 1947.
También se pueden consignar como piezas esenciales, para el conocimiento del público en general, las obras Gota de agua móvil con círculos (2007), Homenaje a Moholy Nagy (2009), La Ciudad Hidroespacial en la Constelación Vivian (2009), Móvil de luz (1988), de la Fundación Kosice, Gota acunada sobre las olas (1990) y Tríada (1960), una escultura, estas dos últimas donadas por el artista a la Colección Castagnino-macro.
La Ciudad Hidroespacial es uno de los proyectos más ambiciosos asumidos por el artista eslovaco-argentino, parangonable a las Living Cities del Grupo Archigram y a la New Babylon (1957-1974) de Constant. En realidad, la Ciudad Hidroespacial no es una utopía, sino algo que se puede materializar, dato que la NASA arrojó al considerar que el proyecto de Kosice era factible, pero costoso y que debía situarse entre 1200 y 1500 metros de altura para que el hombre pudiera respirar.
Por otra parte, su intercambio epistolar con Ray Bradbury, llevó al celebrado escritor de ciencia ficción a visitarlo en Buenos Aires.
Del último núcleo curatorial titulado: Diálogos contemporáneos subrayamos el juego intertextual con las obras de Daniel Joglar, Bruno Juliano, Pablo Ziccariello, Amadeo Azar, Carolina Andreetti a quienes se suma Mariana De Matteies, con una visión en ruinas de la Ciudad Hidroespacial, que seguramente es posible de realizar, en contra de pronósticos agoreros.