Nota publicada online
Hasta el 12 de octubre se puede visitar “Escultura de los Deseos”, de la artista pop Marta Minujín en la explanada del Museo Castagnino de Rosario. Se trata de una gigantesca estructura blanda e inflable, que establece un fluido intercambio entre el “dentro” y “fuera” de la pieza, proponiendo al visitante en convertirse en parte activa de la obra in situ. Un espacio habitable donde el visitante puede vivenciar sonidos de la naturaleza y dejar constancia poética de su propio deseo.
Lo individual y colectivo se dan la mano, en esta apuesta expositiva que ya estuvo exhibida durante 2017, en la plaza adyacente al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) y en el Museo de Arte Moderno de Arabia Saudita, el pasado año.
Como si fuera poco, la autora de la “Venus de queso” y el “Partenón de libros”, tiene prevista una importante muestra individual en el Museo Nacional Centro de Arte “Reina Sofía” de Madrid, para el año próximo.
Marta Minujín, protagonista y pionera indiscutible de las experiencias del Instituto Di Tella, en los años sesenta, junto a Rubén Santantonín, siguiendo las huellas de su predecesor, un solitario Alberto Greco con sus acciones del “Vivo dito”, en el tejido urbano de Madrid, el pop art, los happenings y el performance art.
Cabe destacar que, “Escultura de los Deseos”, en su inauguración, contó con una acción performativa realizada por las “Martas”, munidas de pelucas y anteojos de sol, a la vez que enfundadas en blancos overalls gritando la consigna “Arte, Arte, Arte”.
La escultura inflable, primera en su género a nivel mundial, exhibe rayas de colores fluorescentes multicolores y se propone como un “hábitat”, en el cual, el gran público puede experimentar una incontenible cantidad de experiencias lúdicas y auditivas, a la par que ser protagonista del tránsito de la obra que se puede leer como una “cinta de Moebius”, donde los espacios interiores y exteriores son instancias de un recorrido cromático expandido. Por tal motivo, el talante inmersivo de este ciclópeo inflable es el rasgo más importante de lo que Minujín nos propone e invita a vivir plenamente con los cinco sentidos.
La pieza, instalada muy próxima al ingreso del Museo Castagnino, mide 15 metros de altura, 10 metros de profundidad y 7 metros de base.
La misma está compuesta por 20 formas entrelazadas, que conforman una suerte de portal inflable. Como ya anticipamos, al recorrerla, nos encontramos con formas ondulantes y pletóricas de un cromatismo exultante, junto a grabaciones de sonidos de pájaros. Un edén multicolor, donde el tacto, la vista y el oído, se ponen en marcha para experimentar diferentes sensaciones.
En su concepción, la artista partió de sus primeras esculturas con colchones, ejecutadas durante la vertiginosa década del sesenta, ya en el seno del Instituto Di Tella, donde también el rosarino Antonio Berni, otorgó cuerpo a sus Monstruos Polimatéricos. Para ello, decidió diseñar una instalación blanda, con ayuda de patrones digitales, provenientes de la computación, con el objetivo de dar cuerpo a un gigante de cromatismos dispuestos en franjas de colores puros, típicos de la cultura pop y las marquesinas de las grandes ciudades.
Naranjas, verdes, fucsias, amarillos, turquesas, rojos, azules, malvas, producen un efecto vibratorio y de continuidad. Su trabajo dialoga a escala internacional con las Wall Paintings y Wall Drawings de Sol Lewitt, dado que Minujín no fue ajena a todo lo que se producía en esos años de cambios de paradigmas y rupturas, en Estados Unidos y Europa: movimientos pacifistas, guerras, el Mayo del 68, con su “imaginación al poder”, la quema de los primeros campus universitarios, feminismo, el Festival de Woodstock y la música rock. Con esta última se relaciona en la actualidad, mucho más que con sus pares. Sabido es que del grupo de los artistas que conformaron el Di Tella, sólo quedan Marta Minujín, David Lamelas, Dalila Puzzovio, Edgardo Giménez y Charlie Squirru.
Minujín concibió la “Escultura de los Deseos” bajo el concepto de “arte imposible” y es en realidad, una “antiescultura”, inflable, de lona, para romper con el carácter estático de la tridimensionalidad.
En este punto vale acotar dos referentes puntuales: Claes Oldenburg con sus primeras “esculturas blandas” y Bob Morris, con sus “antiformas” (antiforms) colgantes y vehiculizadoras de mensajes políticos y sociales, muy puntuales, relacionados con la Guerra de Vietnam, por citar algunos ejemplos puntuales.
La obra expuesta en Rosario pertenece a su serie de trabajos de “arte nómade” y se puede comprender como una suerte de “golosina visual y metafórica”, susceptible de ser transportada a cualquier parte del globo terráqueo.
Por otra parte, Minujín entabló una perdurable amistad con Andy Warhol, en New York, hacia 1966. Fue así, como el “Rey del Pop Art” y la “Reina del Pop Art” argentino, mantuvieron una fructífera relación, en virtud de sus personalidades excéntricas hasta la muerte del creador del estudio The Factory, lugar donde se desarrollaban happenings y eventos artísticos en pleno corazón de la Gran Manzana. Minujín acudía a ellos y Warhol, por su parte, asistía a las muestras de la creadora de La Menesunda y Revuélquese y viva, obras que fueron hitos del arte de los años sesenta en América Latina.