Nota publicada online

jueves 13 de marzo, 2008
JULIO LE PARC:
Una Revolución con Todas las Luces
Costa Peuser, Marcela
por Marcela Costa Peuser
Foto: Marcela Costa Peuser
Foto: Marcela Costa Peuser

El otoño es, para los parisinos en general, triste. Por sus mañanas grises, por sus árboles ocres y sus tardes cortas. Lejos de todas esas sensaciones, nos recibe un Paris otoñal, sí­, pero soleado, cálido y burbujeante de actividad. Los ochocientos metros caminados entre la Estación Cachán -localidad ubicada en las afueras de Paris, orgullosa de su ciudadano ilustre Julio Le Parc- y el estudio-taller de éste, nos devuelven la calma. 
Un estudio-taller en plena refacción para ampliarse a casi dos mil metros cuadrados y albergar las obras realizadas, proyectadas y en proceso, de este artista que vive y trabaja en Paris desde los años 60, pero que todaví­a se siente argentino. 
Plenamente consciente de sus contradicciones como artista-experimentador que vive dentro de una sociedad capitalista, no cree que éstas encuentren una solución individualista. Se trata de un revolucionario que apuesta, desde siempre, al poder transformador del arte. Aquí­ nos habla de sus experiencias, de su muestra Lumière en la Fundación Daros de Zurich y de sus proyectos futuros.

Hoy que están tan de moda las intervenciones urbanas y los colectivos de arte, nos encontramos frente a un artista que, ya desde 1966, transitó este camino. A través de sus experiencias, Julio Le Parc siempre buscó provocar un comportamiento diferente en el espectador: desde la simple percepción retiniana de sus experiencias sobre el plano en sus obras ópticas, hasta la reflexión comparativa acerca de los diferentes elementos de la realidad, como en el caso de los juegos-encuestas. Una búsqueda constante por combatir la pasividad, la dependencia y el condicionamiento ideológico.
AAD: En tu experiencia con los colectivos de arte, ¿cumplen hoy la misma función que en tus comienzos?


JLP: Hoy y siempre el trabajo colectivo es una manera de escapar al individualismo que encierra en sí­ mismo al ser humano y le impide su crecimiento. El trabajo que hací­amos con el grupo GRAV -Groupe de Recherche d' Art Visuel- consistí­a en involucrar cada vez más al espectador, como reacción a lo que existí­a en ese momento: mucho individualismo y poca reflexión en lo que se hací­a. Hicimos experiencias en la calle, trabajando con los pocos medios que tení­amos a nuestro alcance. Pensábamos -y sigo pensándolo- que es necesario recabar la opinión de la gente, no sólo de los especialistas y de aquellos que están alrededor de la producción artí­stica. Por eso hací­amos encuestas y nos sorprendí­amos con la buena reacción del espectador, su capacidad de análisis y de opinión. En general se considera que el público no aprecia el arte de su época -los impresionistas y los cubistas se sentí­an incomprendidos por sus contemporáneos - el problema surge cuando se trata de imponer algo y se le exige al espectador determinada cultura, conocimiento e información para que pueda apreciarlo. Si hay un cuadro con manchas, está bien que se vea un cuadro con manchas. Cada uno podrá luego ampliar su percepción en la medida de su propia sensibilidad e información. Con nuestras experiencias, lo que pretendí­amos era eliminar esas prácticas intermediarias para que la relación entre la obra y el espectador fuera más directa y simple.
AAD: ¿Consideras que el espectador de hoy es más reflexivo?

JLP: Hoy, gracias a todos los cambios que ha habido, sobre todo en los medios de comunicación, estamos frente a un espectador más atento y que maneja gran cantidad de información. Hay una natural predisposición a percibir, sobre todo si se le permite la libertad de que eso que ve, es. El arte pasa primero por la visión, y si después se le da el tiempo necesario brinda la posibilidad de reflexionar. Pero hay obras que, para poder apreciarlas y comprenderlas, hay que pasarse dos horas frente a un televisor o leer hojas y hojas del escrito que las acompaña, y esto aburre y acobarda al público porque se le está exigiendo más de lo que puede dar. Desde mi punto de vista, este tipo de experiencias aleja a la gente.
AAD: ¿Cuál serí­a en tu opinión la misión del artista contemporáneo?


JLP: Incentivar la creatividad y de esta manera estimular la reflexión. El acto creador es algo natural en el hombre y ayuda a desarrollar su capacidad de análisis, de creación y de acción y esto permite impedir situaciones de atropello. Desgraciadamente, la sociedad de hoy está organizada para que la gente sea cada vez más pasiva en aceptar las normas económicas y polí­ticas que se le imponen desde los centros de poder. En los años 60 Parí­s era el centro mundial del arte, pero luego EEUU venció en su confrontación con Europa e impuso a Nueva York y a sus artistas, apoyándose en todos los medios económicos e ideológicos de los que disponí­a. ¡Fí­jate que hasta en la sopa se puede encontrar a un artista Pop Art como Andy Warhol!
Por eso pienso que hay que estimular al público y que es muy importante, sobre todo en los artistas jóvenes, este tipo de comportamiento generoso de incentivar la reflexión. Así­ ellos demuestran que no se trata solamente de hacer carrera, vender mucho y hacer rápidamente un nombre, sino de cumplir su rol social.
AAD: ¿Cómo te parece que afectó a los artistas jóvenes el escenario de las últimas crisis contemporáneas?

JLP: Considero que en los años 90 fue negativo que se les hiciera creer a los jóvenes que de un dí­a para otro podí­an ser famosos. A muchos les sucedió debido a una aceleración de los niveles del mercado de arte. Artistas con muy buena formación pero que, gracias a esa aceleración, lo único que perseguí­an era vender. Entonces la medida de la calidad artí­stica estaba dada por el hecho de que alguien comprara o no su obra. En cambio, cuando el artista reacciona desde su madurez y capacidad de reflexión, si bien pueden existir acontecimientos negativos -como los que se vivieron en Argentina en el 2001- pueden transformarlos en situaciones positivas a nivel humano al no atar su producción al aspecto estrictamente comercial. Pueden entrar en el circuito pero no vivir solamente girando en torno de éste.
AAD: Acaba de cerrar Lumière, una muestra que se refiere al estudio intensivo de la luz en movimiento, organizada por la Fundación Daros en Zurich. ¿Qué representó esta muestra para vos?


JLP: Sin duda significa un importante reconocimiento al trabajo realizado. Le Parc Lumière abarca un aspecto central de mi obra; son más de cuarenta trabajos de la década del '60'. Obras que en su mayorí­a estuvieron expuestas en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires hace cinco años, pero que ahora se presentan organizadas de manera diferente. A muchas de ellas tuve que reacondicionarlas e incluso rehacerlas, y presentadas en ese espacio enorme de Daros, con paredes negras, el conjunto constituye una obra nueva. Pero para mí­ es suficiente si el que sale de la exposición lo hace con la sensación de haber sido parte de una experiencia, ya sea por el movimiento, por las luces o por los juegos y las encuestas.

AAD: A todas luces tan apasionante como tus otras revoluciones.