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ArtHaus Central presenta los Diarios 2000-2025 de Guillermo Kuitca. Son 45 obras que abarcan un ciclo creativo de veinticinco años y la muestra física más ambiciosa del proyecto, integrando por primera vez piezas dispersas en colecciones internacionales y personales en una sola exhibición.
Hay artistas que construyen una obra. Guillermo Kuitca construyó, además, un tiempo.
Durante treinta años trabajó sobre una misma mesa. Una mesa cualquiera. Una mesa de jardín. Un objeto doméstico condenado a la función. Allí apoyó libros, tazas, cartas, catálogos. Allí pensó. Dudó. Esperó. Y allí, casi sin proponérselo, dejó una de las obras más sorprendentes y secretas de su trayectoria.
Los Diarios 2000-2025, que se presentan en ArtHaus, reúnen por primera vez cuarenta y cinco piezas dispersas en colecciones públicas y privadas de distintos países. Es la exhibición más ambiciosa de este proyecto silencioso. Y quizás también la más reveladora.
Porque estos diarios no cuentan nada. No narran una vida. No registran acontecimientos. No contienen confesiones ni recuerdos. Son otra cosa.
Son la huella del pensamiento cuando todavía no se convirtió en obra.
Son el registro de una presencia.
Son tiempo acumulado.
Todo comenzó con un gesto menor. En 1994, Kuitca cubrió una vieja mesa con una pintura descartada. Una obra que no había llegado a destino. A partir de entonces la superficie quedó expuesta a la vida cotidiana del taller. Sobre ella aparecieron números de teléfono, manchas, anotaciones, dibujos, geometrías, tachaduras. Rastros involuntarios. Capas sucesivas de atención y olvido.
Lo que nació como descarte terminó convirtiéndose en un sistema.
O en una obsesión.
O en ambas cosas al mismo tiempo.
Vista desde lejos, cada pieza parece un planeta. Un territorio autónomo. Una cartografía imposible. De cerca aparecen los detalles: escrituras interrumpidas, gestos mínimos, pinceladas repentinas, zonas borradas. El dibujo y la pintura. El orden y el accidente. La concentración y la distracción.
Toda la obra de Kuitca parece pasar por aquí.
Los mapas. Los planos. Las arquitecturas mentales. La idea del desplazamiento. El espacio como experiencia psicológica. La memoria convertida en superficie.
Pero también aparece algo menos frecuente: la intimidad del proceso.
No la intimidad biográfica.
La intimidad del trabajo.
La intimidad de la mirada.
Nacido en Buenos Aires en 1961, Kuitca realizó su primera exposición individual a los trece años. Desde entonces construyó una de las trayectorias más influyentes del arte contemporáneo internacional. Participó de la Bienal de Venecia, expuso en los principales museos del mundo y transformó para siempre la manera de pensar la pintura en América Latina.
Sin embargo, pocas veces una muestra permite acercarse tanto al corazón mismo de su práctica.
La mesa también está aquí.
La mesa y la silla.
Como si el artista acabara de levantarse.
Como si la obra siguiera ocurriendo.
Como si esos veinticinco años de anotaciones, errores, hallazgos y repeticiones continuaran expandiéndose frente a nosotros.
Los Diarios no son un apéndice de la obra de Kuitca.
Son su reverso.
El laboratorio donde las ideas aparecen antes de tener nombre.
Una bitácora secreta.
El mapa de un tiempo vivido.
Y una oportunidad excepcional para ingresar allí donde, generalmente, nadie puede entrar: el espacio íntimo donde nace una obra.
La muestra está abierta al público hasta el próximo 30 de agosto, con entrada libre y gratuita en Arthaus (Bartolomé Mitre 434).