Nota publicada online

viernes 12 de abril, 2019
El arte de las cosas: Cáscaras de Dalila Puzzovio
Exhibida en el Cabinet propuesto por la galería Rolf Art para la actual edición de arteBA’19
El arte de las cosas: Cáscaras de Dalila Puzzovio

El Cabinet propuesto por la galería Rolf Art para la actual edición de arteBA’19 propone una reactualización de aquella exhibición junto con la reinstauración de aquellas ideas y conceptos vanguardistas de la época.

En la conglomeración de Rafael Squirru, en la primera muestra dedicada a objetos, titulada “El hombre antes del hombre”(1962) se exhibió el primer yeso de Dalila Puzzovio, el primer colchón de Marta Minujín y el primer atado de Rubén Santantonín. Seguido de esta exposición, en un texto de crítica Squirru escribe: Lo que en Estados Unidos ha dado en llamarse pop art y en Europa “el arte de los objetos”, encuentra cultores entre países de la América Latina con el nombre de “arte de las cosas”.(...) La denominación “cosas” o “arte de las cosas” lleva una doble carga de objetividad y de subjetividad. Las cosas están fuera de nosotros, pero también decimos que nos pasan cosas, o sea que las cosas están también dentro de nosotros, esto es, las cosas que nos pasan. Es por ello que encuentro la denominación “arte de las cosas” doblemente feliz. (...) Se trata de un arte del que podemos decir que el público se transforma en un objet d’art y el arte se lo lleva puesto.(...) La actitud que une a los integrantes de esta iconoclasta promoción del quehacer visual (...) son a mi entender la burla, la irreverencia y el humor. Se trata de una gran carcajada cósmica de la que estamos obligados a participar (...) 
Nuevamente aquí señala “la feroz gracia de los yesos de Delia Puzzovio extraídos del Hospital Italiano, donde vió la posibilidad a ese material torturado de darle una trascendencia hedonista y construyó con ellos sus cochecitos de miembros destartalados o las piernas ortopédicas sobre el cajón de lustrar botines.(...) 
Aquellos yesos a los que refiere fueron la obra central de una de sus exhibiciones más recordadas que se tituló Cáscaras (1963), montada en la mítica y vanguardista galería Lirolay. Fue en realidad  una instalación, donde presentó objetos realizados con yesos ortopédicos rescatados de la basura del Hospital Italiano, entre recepcionistas con uniformes de enfermeras que recibían a los invitados y les pedían que hicieran silencio. Este monumento al dolor, sugiere una reflexión sobre la ruptura y los órdenes fracturados; una superación de las influencias del Informalismo, Pop-art y Neo-dadá, que marcaron su trayectoria, generando un gesto genuino y audaz.