Nota publicada online

martes 30 de junio, 2026
Carolina Baldomá en Fundación ICBC
La artista que renunció a ser la única autora
Costa Peuser, Marcela
por Marcela Costa Peuser
Carolina Baldomá en Fundación ICBC

Impresiones de la Naturaleza, de Carolina Baldomá, en la Fundación ICBC-, invita a alterar nuestra manera de mirar.

Toda la historia del arte podría resumirse en un mismo gesto: un artista frente a la naturaleza.
Carolina Baldomá decide romperlo.
En su obra ya no hay alguien que observa un paisaje para convertirlo en imagen. Es el paisaje el que interviene, decide, transforma. El agua deja marcas. El sol revela. El viento desplaza. Los microorganismos dibujan. El tiempo compone. La artista prepara las condiciones. Después se corre.
La naturaleza termina la obra.
La pregunta ya no es qué representa una imagen. La pregunta es quién la hizo.
Impresiones de la Naturaleza desafía una de las ideas más arraigadas de la creación artística: la del autor como dueño absoluto de la obra. Baldomá comparte esa autoría con fuerzas que no puede controlar. Cada pieza nace de una negociación entre intención y azar, entre decisión y acontecimiento.
No hay bocetos posibles para el viento.
No existe una paleta para el agua.
No se le puede dar instrucciones al sol.

La artista sensibiliza papeles con emulsiones fotosensibles y los entrega al paisaje de la Pampa Húmeda. Los deja flotar en canales, descansar sobre lagunas, convivir con la humedad, la materia orgánica y la luz. Allí ocurre lo esencial. La imagen se revela lentamente mientras el territorio imprime su propia memoria sobre la superficie.
Lo que llega a la sala no es una representación de la naturaleza.
Es un fragmento de naturaleza convertido en imagen.
Cada obra conserva el tiempo que necesitó para existir. Conserva el recorrido del agua, la intensidad del sol, la temperatura del aire, las partículas invisibles que participaron de su nacimiento. No registra un paisaje. Registra un acontecimiento.
Hay algo profundamente contemporáneo en esa decisión.
En una época atravesada por algoritmos capaces de producir millones de imágenes en segundos, Baldomá apuesta por aquello que ninguna inteligencia artificial puede anticipar: la incertidumbre del mundo físico.
Su trabajo no acelera los procesos.
Los desacelera.
No controla la materia.
Dialoga con ella.

La investigación comenzó durante la pandemia, cuando el silencio del campo abrió un espacio inesperado para experimentar con la cianotipia. Aquella antigua técnica fotográfica utilizada por Anna Atkins en el siglo XIX deja aquí de ser un procedimiento histórico para convertirse en un laboratorio vivo donde ciencia, arte y naturaleza confluyen en un mismo acto creativo.
Los videos que acompañan la exposición terminan de revelar esa operación. No documentan una obra ya realizada. Son parte de la obra. Registran la performance silenciosa de papeles que avanzan sobre el agua, se hunden, flotan, esperan. El paisaje deja de ser escenario para convertirse en protagonista.
Todo sucede con una delicadeza extrema.
Nada busca imponerse.
Y, sin embargo, pocas muestras resultan tan contundentes.
Porque detrás de la belleza de estas superficies late una idea capaz de alterar nuestra manera de mirar.
Tal vez el arte no consista en dominar la naturaleza.
Tal vez consista, simplemente, en aprender a crear con ella.