Nota publicada online
El Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson presenta una exposición que reúne más de sesenta aguafuertes de Benito Quinquela Martín. Realizados a partir de 1939, los grabados revelan una dimensión menos conocida del artista: escenas de trabajo, lucha, afectos y vida popular atravesadas por el pulso inconfundible del puerto de La Boca. La muestra, integrada por obras de colecciones privadas, podrá visitarse hasta noviembre de 2026.
En 1939, Benito Quinquela Martin (Buenos Aires, 1890-1977) comenzó a realizar aguafuertes. La técnica la había conocido a mediados de la década de 1910, por su amistad con los que formaron el grupo Artistas del Pueblo, en particular Guillermo Facio Hebequer. Su comprensión del arte como práctica social, incluyó un programa social iniciado a mediados del treinta en el barrio de La Boca que incluyó -además de la escuela, museo, jardín de infantes, lactario, entre otros proyectos- la escuela fábrica de artes gráficas para obreros en 1947.
Artista consagrado internacionalmente, mantuvo la fidelidad a la sociabilidad del barrio inmigrante y obrero, transitando del socialismo juvenil a la empatía del peronismo con su obra. Este pasaje permite intuir un programa en sus aguafuertes distanciado del de su pintura de rasgos estéticos consolidados en los años veinte, sus triunfales estilemas (fuerte empaste, contraste cromático, primer plano con reflejos coloreados en el río, barcas generando direcciones y diagonales, fondo de construcciones portuarias bajo el humo fabril y la bruma).
Desde luego, encontramos similares objetos y motivos en la representación de pinturas y grabados -la maquinaria dominando la figura humana repetitiva en el proceso de carga, pura fuerza de trabajo. En las pinturas aceptó la legitimación lograda por éxito del estilo propio, deudor de la enseñanza de Alfredo Lazzari, para confirmar el deseo de ser la expresión mayor de la sociabilidad barrial constituida en escuela identitaria. El aguafuerte lo distanciaba de ese compromiso desde el retorno para pensar en blanco y negro como en los primeros dibujos realizados con el carbón del negocio familiar.
Si la pintura se resuelve en el gran formato de la vista urbana, los grandes buques, el puerto, los astilleros subsumiendo la figura humana en la masa trabajadora como engranaje (aquí se encuentra un argumento: su sintonía con la fase internacional de la política de masas), en los grabados perdura el imaginario de la máquina voraz y de la ciudad futura pero los cuerpos encorvados van dejando el paso a la presencia del trabajador y de las mujeres en primer plano, al programa afectivo de la vida social del pueblo: el accidente laboral, el esfuerzo físico, la vida nocturna de estibadores, cancioneras y prostitutas, el orador del Primero de Mayo, el cruce del Riachuelo, la inundación, la procesión religiosa, el matrimonio, el amor en el puerto.