News Argentina

martes 23 de diciembre, 2008
Eduardo Costa
Un artista duchampiano
por María José Herrera
Eduardo Costa

Para Eduardo Costa el 2008 fue un año de reconocimiento internacional por parte de los más importantes museos. También participó en la feria Pinta en New York donde sus obras pasaron a formar parte del importantes colecciones privadas. En el año de Duchamp, queremos destacarlo por su trayectoria, como uno de los artistas notables del año.

Como señaló el teórico Thierry de Duve en su reciente visita a Buenos Aires, el mensaje de Duchamp llegó a destino tarde, entrados los años sesenta. El urinario de 1917, su función nominativa y lo que esto implicaría para el arte, sólo pudo ser cabalmente comprendido por una generación que, como Duchamp en aquel momento, se preguntó: ¿qué es arte?

Eduardo Costa es un verdadero duchampiano. Desde mediados de los años sesenta cuando comenzó su actividad artística, trabajó en el límite de los géneros y las disciplinas institucionalizadas. El “arte de los medios”, género que creó junto a Roberto Jacoby y Raúl Escari en 1966, desplazaba la figura del productor y dejaba la propia existencia de la obra en manos del funcionamiento de los medios de comunicación. Ese mismo año, todavía en Buenos Aires, junto a Roberto Jacoby creó otro género, la “Literatura Oral” que contaba con el grabador de cinta como instrumento tecnológico para captar en la voz aquello que la escritura solo puede evidenciar parcialmente.
Con una imaginación abonada tanto por Duchamp como por su maestro Jorge Luis Borges –ambos incorregibles creadores de ficciones- Costa se lanzó a producir falsas joyas con las que reproducía en imágenes metáforas literarias clásicas que se aplican a la descripción de los atuendos en las revistas de moda. Una de ellas, los cabellos de oro para entremezclar con los dorados propios de la modelo. Así nacieron, en Nueva York, las “Fashion Fictions” (1968), obras que desafiaron a la institución moda al colarse en ella y hacerla reflexionar sobre sus cánones y posibilidades. Formado en las letras y la plástica, desde entonces, Costa produce un juego de cruces entre géneros y lenguajes, intercambio y traducción de información que sitúa a su obra claramente en el terreno del arte conceptual; un arte de la“desmaterialización”, como los denominó Lucy Lippard y, antes en Buenos Aires, Oscar Masotta crítico y protagonista de esa generación. Así, el manifiesto del arte de los medios está considerado uno de los documentos fundantes del arte conceptual a nivel internacional. A fines de los años sesenta, cuando Costa se instaló en Nueva York, trabajó junto a artistas de la talla de Vito Acconci, Scott Burton, Hannah Weiner y John Perreault.
En 1977 Costa participó en Buenos Aires del homenaje a Duchamp que realizó la galería Arte Nuevo, con su Duchamp/Costa rueda de bicicleta: el ready made de Duchamp Rueda de bicicleta, asistido por el argentino con uno de los motivos predilectos de Duchamp, la espiral. Signos visual de simbolismo ancestral, la espiral es uno de los motivos más antiguos y refiere al movimiento permamente, el nacer y renacer. La Rueda de bicicleta Duchamp/Costa se convirtió unos años más tarde en la Bicicleta Duchamp/Costa, que realizó nuestro artista, esta vez rodeado por sus amigos cariocas Helio Oiticica, Lygia Clark y Lygia Pape, entre otros. La bicicleta devuelve el sentido de uso al objeto ready made de Duchamp, Rueda de bicicleta. Reúne en un nuevo objeto a la Rueda con los Rotorelieves del Anemic Cinema del artista francés. Recientemente, Costa realizó una performance con 30 de estas bicicletas cuyos rayos han sido reemplazados por una doble espiral de hierro que, además de homenajear a Duchamp, amortigua los impactos.
En 1981 Costa regresó a New York y continuó trabajando en sus Fashion Fictions, ahora conceptualizadas como Usable Art. A mediados de los ochenta se reencontró con la vanguardia porteña. Ese año escribió una canción para Virus, banda de rock en la que era letrista su antiguo amigo Roberto Jacoby. Luna de miel en la mano fue la exitosa canción cuya lírica compuso Costa. Inspirada en James Joyce, describía hiperbólicamente, con ironía, la intensidad de un goce erótico en la imaginación.
La obra actual de Eduardo Costa, cuya serie se remonta a 1994, avanza en la puesta en crisis, esta vez, de una disciplina tradicional como es la pintura. Con sus objetos de pintura acrílica (logrados capa sobre capa del material) el artista propone al espectador una operación conceptual: abstraer la situación de que se trataría de esculturas, para asumir que son pinturas porque están hechas de pintura. Efectivamente, es la enunciación la que da condición de existencia a estos objetos, a este nuevo género de objetos: las pinturas volumétricas. Con ellas se abole la representación ilusoria de la tercera dimensión en la pintura; son -como las bautizó Luis Pérez Oramas- “tautologías materialistas”.
Eduardo Costa se asume como un creador de géneros. Un artista, como Duchamp, para quien los límites del arte los establece aquel que lo hace.

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