News Argentina

viernes 30 de enero, 2009
Buena performance del arte argentino en las subastas de Nueva York
por Adrián Gualdoni Basualdo
Buena performance del arte argentino en las subastas de Nueva York

Con la venta del 56% de las obras de escuela argentina que integraron las recientes subastas de Manhattan el arte de nuestro país superó más que dignamente una situación que se estimaba muy crítica.

Los remates de arte latinoamericano que, en los meses de mayo y noviembre, convocan todos los años las dos grandes casas internacionales que casi monopolizan el ámbito de las subastas, saborearon las mieles del éxito en el pasado turno de mayo. Mieles que en esa ocasión alcanzaron incluso al arte argentino, que no suele ocupar posiciones de privilegio en ese tan particular mercado.
En ese turno de subastas se vendieron 64 obras de autores argentinos (de las 83 en oferta), es decir, un 77%, por un valor total de 4.083.025 dólares. Esta muy apreciable cifra, confrontada con los 62 millones recaudados en total por ambas casas, arrojaba para nuestro arte una participación porcentual del 6,6 %, ciertamente baja, pero francamente inédita en el ámbito de estos remates cuya primera versión se realizó en 1979.
Las subastas de mayo marcaron una circunstancia que no fue suficientemente destacada por los analistas del mercado. La mayor parte de estas 64 obras argentinas fueron adquiridas por compradores extranjeros, o por lo menos por argentinos no residentes en nuestro país. Hasta ese momento, la mayor parte de las pinturas o esculturas presentadas en tácita representación de nuestro país volvían a estas latitudes de la mano de compatriotas que iban a buscarlas a Nueva York, ciudad a la que habían llegado exclusivamente para ser expuestas, y eventualmente comercializadas, en estas subastas. Por eso es que solíamos definir a estos eventos como buenos escaparates para el arte nacional, pero de escasa relevancia desde el punto de vista del mercado. Como hemos dicho, esta situación cambió radicalmente en mayo pasado, si bien ya se habían advertido algunos signos en remates anteriores.
Alentados por los buenos resultados de mayo, en las subastas de noviembre los operadores reiteraron la apuesta. Fueron esta vez 84 las obras en oferta, pero encontraron comprador sólo 47, descendiendo el porcentual de realización al 56%. La suma involucrada en estas operaciones fue de 2.951.500 dólares, lo que representó una baja relativa a mayo del 28%. Pero ante los escasos 34,4 millones logrados como total de ventas de ambas subastas, la participación del arte argentino en el contexto general de las mismas ascendió dos puntos, llegando al 8,6%. Es por eso que, en medio de la caída de todos los mercados, no vacilamos en titular “Buena perfomance” a este informe sobre el arte argentino en las subastas de Nueva York.
Valores y records
En la planilla adjunta se señalan los artistas argentinos y las obras que obtuvieron los diez valores más relevantes en estas subastas de noviembre. Desde luego, no hay muchas sorpresas. Al igual que en mayo, Emilio Pettoruti encabeza el listado. Si en la anterior ocasión fue con “La señorita del sombrero verde” (Sotheby’s, 629.000 dólares), ahora fue a través de “El cantor” (Christie’s, 782.500). Este precio alcanzó incluso para colocar al maestro platense al frente del hipotético ranking de ventas de arte argentino en subastas, superando a los 717.000 dólares pagados por la Colección Fortabat, en noviembre de 1997 por el estupendo “Ramona espera” del rosarino Antonio Berni.
El arte contemporáneo aparece en la sólida presencia de Jorge de la Vega, cuyo “Billiken” quedó a sólo 10.000 dólares de batir su propio record. Quienes si establecieron nuevos y firmes plusvalores para sus obras fueron Roberto Aizenberg (inesperados 134.500 dólares por una buena pintura, aunque no precisamente especial) y César Paternosto, de quien Christie’s vendió “Stacatto” en 74.500 dólares.
Lo que vendrá
Si como dicen los que dicen saber, también en el mercado del arte se ha roto la burbuja que lo cubría, inflada con más entusiasmo que habilidad, lo que resta es aprovechar el providencial paréntesis del verano y pensar nuevos cursos de acción que se apoyen más en la valoración de la calidad de la obra y en la autenticidad, que en factores tan ajenos al arte como efímeros y hasta frívolos. Sincerar precios, acallar aspiraciones desmedidas, transparentar operaciones y dimensionar la oferta en orden al real tamaño de la demanda. Habrá algunos lastimados, tal vez haya que acudir a la cirugía, pero será la única forma de salvar a un mercado que hoy vive en riesgo.

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