News Argentina

martes 5 de agosto, 2008
El diálogo una oportunidad para el arte
Costa Peuser, Marcela
por Marcela Costa Peuser
El diálogo una oportunidad para el arte

Vanguardia implica innovación, revolución y creación. Se trata de un término del léxico militar que designa a la parte más adelantada del ejército, la que confrontará antes con el enemigo, la «primera línea» de avanzada en exploración y combate.

Metafóricamente, en el terreno artístico la vanguardia es, pues, la «primera línea» de creación, la renovación radical en las formas y contenidos para, al mismo tiempo que se sustituyen las tendencias anteriores, enfrentarse con lo establecido, considerado obsoleto.
Así lo vivieron los artistas de la década del 60 que pertenecieron al Instituto Di Tella. Se sentían jóvenes, incomprendidos y se divertían. Tuvieron el privilegio de que su revolución se vivió en un clima de prosperidad, en un país en el que se respiraba cultura y que coincidieron con una familia agradecida con el país que les dio una gran oportunidad y que amaba el arte. Y con un entusiasta y atento Romero Brest. Allí se estableció el diálogo.
Es muy probable que los nuevos vanguardistas del arte contemporáneo produzcan el mismo estupor y sorpresa que en su momento produjeron los surrealistas los dadaístas, o incluso, los artistas del Di Tella. La diferencia es el diálogo que actualmente se puede establecer gracias a los medios de comunicación entre nuestros jóvenes y otras vanguardias del planeta que nos permiten establecer comparaciones y sacar conclusiones.
Para el nuevo Ministro de Cultura de la Ciudad, gobernar es priorizar y, lo más importante: escuchar, abrirse al diálogo e innovar. Esto, sin duda, abrió nuevas oportunidades para muchos y aprendimos todos. Así sucedió con la reciente experiencia Milart, una feria Internacional de Arte Contemporáneo en Milán de la que participaron diecisiete galerías porteñas. La italiana Adriana Forconi fue la enviada especial para convocar a la Argentina como país invitado. Las galerías invitadas, encabezadas por la intrépida y siempre optimista Florencia Braga Menéndez, se sentaron a dialogar con un interlocutor que vió la oportunidad de mostrar, en el exterior, nuestros bienes culturales y de entusiasmar al turismo internacional a visitarnos. Las galerías, organizadas en consorcio y con espíritu de equipo, se lanzaron a la conquista de este nuevo campo de oportunidades. Ciento cincuenta metros cuadrados comunes, tres artistas por cada galería y toda la energía disponible para generar lo inimaginable. Y lo lograron. Fue el stand que más vendió en la feria y, lo más importante es que aprendieron a trabajar en equipo, a vender unas para las otras, a compartir una valiosísima agenda de contactos y a entender que las cosas se pueden hacer para que ganemos todos. Y éste es el hecho más valioso.
Tal vez podamos extrapolar la experiencia del diálogo a otros aspectos de nuestra actualidad.

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