News Argentina

miércoles 16 de julio, 2008
LA VIGENCIA DEL POP ARGENTINO
Marta Minujín - La imagen del Pop
Costa Peuser, Marcela
por Marcela Costa Peuser
LA VIGENCIA DEL POP ARGENTINO
 

Marta es el POP. Para ella el arte Pop es el arte popular, el arte que todo el mundo puede aprehender; un arte divertido y feliz. Un arte que tiene que gustar, que no hace falta analizarlo, sólo disfrutarlo.

Allá por los años 60 un grupo de jóvenes y activos artistas plásticos integraron el movimiento Pop argentino. Estos artistas exaltaron figuras de la cultura popular y utilizaron desfachatadamente medios no convencionales para mostrar sus producciones al gran público: carteles en la ví­a pública, programas de televisión, espacios públicos e incluso la calle. El siempre atento y visionario Romero Brest, supo verlos, entenderlos e instalarlos en el escenario legitimizador del Instituto Di Tella. Recientemente dos figuras irrumpieron en el escenario de arteBA, se destacaron e hicieron capote: Marta Minují­n y Edgardo Giménez, dos personalidades que practican su teorí­a del arte: vivir en arte. Teorí­a que está y estará siempre vigente.

Marta es el POP. Para ella el arte Pop es el arte popular, el arte que todo el mundo puede aprehender; un arte divertido y feliz. Un arte que tiene que gustar, que no hace falta analizarlo, sólo disfrutarlo.
Vivió en Parí­s del 60 al 63. Un dí­a, buscando darle textura a su pintura, le pegó un pedazo de su colchón. A partir de allí­ comenzó un camino de experimentación que derivó en sus famosos colchones multicolores. ¿Por qué colchones? Porque la gente nace, vive y muere en la cama.
En 1964, invitada al Premio Di Tella presentó sus Eróticos en Technicolor y ganó el Premio Nacional Di Tella con Revuélquese y viva, una ambientación de colchones con música, en la que el público se zambullí­a. En sus obras siempre está presente la participación del espectador porque de eso se trata, de descolocarlo, sorprenderlo con situaciones disparatadas y así­ darle la posibilidad de crecer.
Desde el principio de su carrera, Marta Minují­n demostró que le importaban poco las formas establecidas y rompió con todo. Sólo le importa comunicarse y transmitir que el arte es optimismo y tiene la propiedad de rescatar la grandeza de la gente.
En 1963 organizó La Destrucción, un happening al que invitó a artistas como Esteban Mac, Christo y Alejandro Otero a construir una obra. Paul Gette, como un verdadero verdugo, las destruyó con un hacha y luego ella las quemó. En 1966 se realizó en Londres un Simposio sobre la destrucción en el arte. Marta Minují­n, pionera en el tema, fue invitada. ¿Por qué romper? Seguramente porque soy una transgresora en el arte y parece que también en la vida. Pero la verdad es porque nunca estoy satisfecha. Por eso mi obra es totalmente libre.
Hoy en el mundo se está revisando el movimiento Pop y distintos museos quieren comprar archivos de sus obras. El año próximo en Los Angeles hay una revisión feminista y veinte mujeres volvemos a realizar nuestras obras. Yo estoy invitada con la Soft Gallery, obra de 1967. Sin embargo en la Argentina costó mucho que mi obra se reconociera plásticamente por los coleccionistas y por el mundo del arte. Son sus esculturas las que encierran todo el concepto de su obra: las caras cortadas, la movilidad, la fragmentación; la filosofí­a del cambio constante. La mujer gigante, su mayor escultura, busca ocupar su lugar y aún no tiene emplazamiento previsto.
Marta Minují­n, una mujer de una fuerza gigantesca y una creatividad superior, hoy está trabajando consigo misma para lograr la paz interior. Siempre fiel a su teorí­a de vivir en arte.

Perfil

Marta Minují­n (Buenos Aires, 1941). Sus inicios en el arte estuvieron ligados a los movimientos renovadores de los años 60. Es la pionera en nuestro medio del movimiento llamado Happening y arte de acción. Hacia 1966 incursionó en la temática de los medios de comunicación y su influencia en los individuos. Entre los 70 y los 80 trabaja con proyectos vinculados a los mitos, la historia y las esculturas fragmentadas. En los últimos años su producción apunta a la problemática de la posmodernidad.

 

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