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miércoles 4 de agosto, 2021
Vamos a Terapia
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por María Carolina Baulo
Vamos a Terapia

Curada por Gabriela Rangel, Verónica Rossi y Santiago Villanueva, la exposición toma como punto de partida la influencia del psicoanálisis en el arte argentino y su establecimiento como un vector de modernidad en nuestro país. Puede visitarse hasta el 19 de Agosto.

Sin ánimo de hacer un recorrido cerrado con interpretaciones unívocas en la materia, Terapia propone brindar al espectador una experiencia donde pueda reconocer el impacto del psicoanálisis en el terreno de las artes en Argentina, bajo un discurso articulado por los curadores Verónica Rossi, Santiago Villanueva y Gabriela Rangel que se estructura de manera no lineal en once ejes que dan ritmo a la muestra y abordando distintas perspectivas reflexivas que focalizan en los vínculos arte-ciencia, partiendo desde los inicios del Surrealismo en los años 20 y 30, hasta las últimas manifestaciones culturales más disruptivas de los años 60 y 70.

 

Verónica Rossi, Santiago Villanueva y Gabriela Rangel

Una suerte de sala de espera recibe al espectador y lo convierte en protagonista al meterlo, literalmente, dentro de la instalación de Marisa Rubio “La mujer de negocios que se lamentaba de no vivir en el campo". A partir de allí, los ejes temáticos se van sucediendo como micro lecturas dentro de un contexto globalizador: Siniestrismo, Surrealismo, Los Sueños, Auorrepresentación, Test de Rorschach, El Psicodrama y el Happening, Arte y Desdoblamiento del Inconsciente, Colonia Oliveros, Campo Institucional del Psicoanálisis, Recepción y Crítica de la Terapia. Tomemos algunos de ellos. 

Siniestrismo nos acerca fundamentalmente a las obras de Luis Centurión y Libero Badii donde, al decir de Centurión “el siniestrismo es el arte de un hombre que posee una visión del mundo y todo el tiempo para expresarlo”. Tanto el eje del Surrealismo como el de Los Sueños establecen una conexión obligada entre ese espacio inaccesible a la razón representado por el inconsciente  y con la creatividad manifestada artísticamente. Aparecen aquí trabajos de Pompeyo Audivert y Juan Battle Planas, entre otros. Emilio Renart dijo al respecto: “el sueño y el soñar tienen un contenido creativo ajustado a la codificación de lo inconsciente, en donde se manifiestan por medio de las imágenes oníricas”.

La Autorepresentación es central para comprender la relación entre psicoanálisis y la mirada que ejerce el artista sobre sí mismo de manera especular; todas las lecturas ejercidas sobre los autorretratos en la Historia del Arte, cobran una nueva dimensión al ser atravesados por esta perspectiva analítica que hace repensar las dimensiones expresivas del Yo como sujeto hablante que se construye en esa palabra. Marta Peluffo presenta obras impactantes en este apartado. Recepción y Crítica de la Terapia  también enfatiza en la oralidad y la escucha, operatorias que se dan dentro del marco del consultorio: muchos artistas han sabido llevar sus grafismos y dibujos realizados en ese espacio íntimo a los medios gráficos, entre otros.  Y si hablamos de dibujos, los Test de Rorschach nos acercan a un abordaje del arte donde las famosas manchas del psiquiatra y artista, se transforman en terreno fértil para que las asociaciones libres, los pensamientos reprimidos, las fantasías y las representaciones inconscientes, fluyan. Juan Battle Planas, Roberto Aizenberg, Margarita Paksa y Tobias Dirty son algunos de los artistas que reinterpretaron las manchas de tinta y sus obras seducen al espectador invitándolo a participar de la experiencia observando la configuración de imágenes que estimulan sus sentidos. 

 

El Psicodrama y el Happening propone una mirada sobre las experiencias de los años 50 en adelante, donde las actividades grupales empezaban a mostrar su “acción terapéutica”. Esto impacta en las décadas posteriores en prácticas que exceden el campo de la ciencia tales como el teatro, el cual integra técnicas del psicodrama. Desde la psicoterapia de Eduardo Pavlovsky hasta los happenings del Di Tella, los escritos de Oscar Masotta sobre Lacan, el mundo del arte expande su relación con el psicoanálisis cubriendo todos frentes creativos, poniendo en crisis y cuestionándolo todo, prestándose a la reflexión exhaustiva de manera permanente.

Cerrando el siglo XIX Sigmund Freud revolucionó el mundo con el Psicoanálisis, el cual logra anclarse en las tramas culturales del mundo, proponiendo un posible acceso al conocimiento del, hasta entonces desconocido -y aun inaccesible en su totalidad- inconsciente que habita en cada ser humano. Entrado el siglo XX, el psicoanálisis desembarca en Argentina causando sensación; la pasión local por el método y la proliferación constante de estudiosos  hace que tras el boom del primer impacto de los años 30, empiecen a aparecer entidades específicas vinculadas a su desarrollo e inserción profesional tales como la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) con destacados miembros  como Enrique Pichon-Rivière, figura clave en nuestro campo cultural cercano al grupo de los surrealistas. Ya en los 60, la influencia del psicoanálisis llega a ser fundamento de los contenidos programáticos de espacios tales como el Instituto Torcuato Di Tella y el Centro de Arte y Comunicación (CAYC).

Terapia pone en diálogo material de archivo con unas doscientas obras de más de cincuenta artistas argentinos, todas ellas pertenecientes a más de cincuenta colecciones privadas y de importantes instituciones internacionales.