Nota publicada online

martes 26 de mayo, 2026
Roger Mantegani en Casa Bolivar
Metáforas de la intemperie
por Alejandro Zuy
Roger Mantegani en Casa Bolivar

Se presenta en Casa Bolívar la exposición de Roger Mantegani Tender una mano. El conjunto de obras que se exhibe fue realizado sobre diferentes soportes, la mayoría de grandes dimensiones, aplicando procedimientos opuestos. Se destaca en ellas, además, una profunda preocupación por el desafecto social en las urbes contemporáneas. La muestra cuenta con el respaldo de Betbeder Consultoría y Producción de Arte y la curaduría estuvo a cargo de Julio Sánchez Baroni.

Los espacios expositivos no son inocuos, hacen a la obra, así como la obra puede pensarse en relación al lugar que va a albergarla. Espacio y obra se afectan mutuamente. Una arquitectura institucional propone condicionamientos o aperturas de sentido diferentes a los que se pueden manifestar en una no convencional. Esto que puede resultar una obviedad, en muchas ocasiones discurre en forma invisibilizada, se da como hecho y no como posibilidad de experiencia. ¿Por qué conviene recordarlo? Porque ya al ingresar en Casa Bolívar, -una antigua casona reciclada enclavada en el barrio de San Telmo- se tiene contacto, en el amplio sentido de lo sensorial, con la historia de la Ciudad de Buenos Aires. Cada diseño de sus baldosas, cada viga, cada pared, cada perspectiva que se abre a la mirada de sus visitantes, destila memorias; vivencias anónimas pasadas que permanecen vigentes en una posición discreta. Por lo tanto, dos registros a tener un cuenta conviven en Tender una mano, el de las decisiones artístico-curatoriales que interaccionan con los ambientes que devinieron salas de exhibición y el del diálogo entre diversos estratos temporales de lo urbano, uno contenedor y permanente y otro contenido y contingente.

Prevalecen en esta exposición obras de gran formato. Telas y papeles escenográficos son los soportes privilegiados para ellas. Su contraposición en una de las salas resulta ilustrativa. Se trata de dos obras dispuestas de forma vertical. En el ida y vuelta de su observación se pueden apreciar las sutilezas que trazan sus hilos en común y las divergencias que las singularizan. En otra de las salas, se ha optado por trasladar parte de la intimidad del taller, una suerte de caos material que cubre el suelo y las paredes, que testimonia en potencia aquello que en acto ha sido intervenido o será puesto en juego a futuro mediante el tratamiento creativo del artista. En un ambiente intermedio, en cambio, se desenvuelven escenas sobre otras telas, que como un friso, ubicadas horizontalmente apenas por debajo del punto de vista de un espectador promedio, exigen otras estrategias de elucidación.

Roger Mantegani (Córdoba, 1957), es un pintor que ha llevado una prominente trayectoria en el arte figurativo actual. Estos recientes trabajos conservan parte de ello pero suponen asimismo un importante cambio, tanto por la consideración de cuestiones relacionadas con un conjunto de problemas sociales vigentes como por su abordaje formal. Dice, Julio Sánchez Baroni en el texto curatorial: "Lo que se proyecta en el papel son imágenes que impactaron en el corazón —más que en la pupila— de Roger. En sus recorridos cotidianos por las calles de Buenos Aires o de Córdoba ve perros errantes, niños rogando por una moneda, excluidos durmiendo en la calle. Lo local se vuelve universal. " A estas palabras se le podría sumar una declaración del mismo autor: "Mi pintura está dedicada a los desamparados, a los indefensos, a quienes no tienen herramientas ni recursos. No hablo de la miseria económica, sino de la espiritual. Si uno baja los brazos no puede enfrentar la situación. Poder hablar de esto es asumirlo desde el arte, desde la creatividad."

Los dos ejes mencionados, el horizontal y el vertical, implican distintos modos de gestualidad, de necesidad de expansión por parte del artista que, no obstante, ha visto a todo su cuerpo comprometido en ellos; compromiso que, por otra parte, ha de trasladarse a quien desee interesarse en sus obras. En cuanto a su materialidad, también podría especularse con otros dos ejes: la interioridad y la exterioridad. La primera asociada a las telas y la segunda a los papeles. A saber: en las telas Mantegani parte de la técnica de cubrir completamente sus superficies con carbonilla para posteriormente ir sustrayéndola de manera parcial con diversas herramientas como esponjas, trapos o cepillos hasta hacer salir de la oscuridad las formas y reforzarlas a través del uso de la línea. En el caso de las que componen esta exposición, la luz se ve intermediada por un elemento simbólico tan significativo como la luna; cuerpo celeste que Mantegani incorporó debido a que al momento de iniciarlas se había producido un eclipse. A diferencia de estas piezas, en las que cuentan con papel como soporte, el artista ha operado por adición. En ellas ha apelado a la incorporación de trozos de cartelería urbana y hojas vegetales entre otros objetos como un ejercicio del collage. En los restos de los carteles publicitarios callejeros se detectan los sedimentos de su uso -y de su recorrido como residuo- no así su contenido semiótico. Rugosidades, apelmazamientos y desgarros crean irregularidades a lo largo de las imágenes dotándolas de una heterogeneidad de texturas. Un caso constituye una excepcionalidad. Se trata de una tela en la cual se ha intentado realizar un collage pero con resultado fallido. Sin embargo, su huella permanece allí a la manera de un añejo pentimento.

Si quienes han sido incluidos en estas obras son precisamente aquellos que una buena parte de la sociedad insensibilizada ha considerado como seres descartables, desechables, tirados al borde del camino de la vida, resulta esencial en tal caso, examinar el modo en que ellos han sido puestos en consideración y qué dinámicas operantes se pueden deducir de las imágenes. En el origen de ellas, cabe mencionar, están los registros tomados de la calle, fruto de la observación y de la emotividad. De allí luego, aparecen las particularidades correspondientes al tratamiento según las técnicas empleadas; particularidades que pueden tener en cuenta tanto la improvisación como una intencionalidad buscada pero complementarias al fin en la construcción de un sentido final que las ampare.

A modo de ejemplos, de esto último expresado, se pueden analizar dos casos. En una de las piezas verticales realizadas sobre papel se pueden observar una serie de personajes humanos y animales cuyas corporalidades no terminan de definirse. Parecieran tener un carácter espectral. Estar a medias. En ellas el uso de la carbonilla presenta intensidad en algunas zonas anatómicas como cabezas, torsos o brazos para posteriormente disiparse entre sombras y dar continuidad al trazo, al dibujo, no a volúmenes pero sí a contornos. Chorreados, huellas de manos y siluetas vegetales se entremezclan en ese acontecer. La sucesión de esos cuerpos tampoco está abarcada por la misma profundidad de campo sino que está dislocada. Algo emparentado ocurre con las miradas. Unas van en dirección frontal, otras en diagonal u horizontal, nunca todas a un mismo objeto. Los protagonistas no componen un conjunto, están desintegrados, todo en ellos está fragmentado, hay incomunicación y precariedad del lazo social.

El friso más extenso es el otro ejemplo. En él los volúménes de los cuerpos tienen más consistencia pero también guardan una ascendencia fragmentaria. Cada uno de los paneles pone en descubierto la discontinuidad de las escenas. La luz que los envuelve es nocturna. Es una luz cenicienta, penumbrosa. Los cuerpos no se exhiben completos salvo uno, en particular, que se muestra contraído, huidizo, en alerta ante eventuales amenazas. Su desnudez es señal inconfundible de la mayor intemperie; estado de cosas ante la cual nadie se encuentra a salvo, aunque haya quienes lo valoren como un sacrificio necesario.

Entre el entorno ciudadano y las escenas plasmadas por Mantegani dentro de Casa Bolívar se genera un intercambio, un vaivén indudable de equivalencias a reconocer y a reconsiderar. El enunciado Tender una mano habla de un intento de reparación, de un ademán compasivo. Su forma de proponerlo no es tanto verbal sino visual y material y en consecuencia metafórico.

Tender una mano

Roger Mantegani

Casa Bolívar

Bolivar 663 - CABA

Hasta el 22/07/2026