Nota publicada online
El MACBA ha inaugurado La imaginación geométrica, una retrospectiva del artista César Paternosto, extensión de la recientemente realizada en el Centro de Arte de la Universidad Nacional de La Plata, que resume seis décadas de producción. Cuarenta obras despliegan sus investigaciones sobre las tradiciones amerindias y el desarrollo de la visión lateral.
La trayectoria de César Paternosto (La Plata, 1931), conforma un fecundo itinerario en el cual la producción artística, la investigación y la labor intelectual se han desplegado en simultaneidad. Estos aspectos resultan centrales y son resaltados con claridad en la actual retrospectiva gracias a la curaduría llevada a cabo por Natalia Giglietti. Esta historiadora, también oriunda de la ciudad bonaerense de las diagonales, en el texto que se presenta en sala detalla el objetivo perseguido por el artista encabalgado al significado que encierra el título de la exhibición: "Esta exposición recorre más de seis décadas de producción unificadas por una búsqueda incansable y una convicción: que el mundo puede ordenarse de otro modo. La imaginación geométrica nombra esa capacidad humana de inventar; una potencia específica que se reconoce desde tiempos remotos en el universo andino."
El inicio de este itinerario podría situarse a mediados de la década del 50 cuando Paternosto comenzó sus estudios de pintura y dibujo con el profesor Jorge Mieri para luego tomar cursos en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata que involucraban el estudio teórico-práctico de la forma y del color inspirado en los textos de la Bauhaus, la célebre escuela de arte y diseño alemana. Su primera participación en una exposición colectiva fue en 1961 con una obra notablemente influenciada por el pintor informalista catalán Antoni Tapies. El influjo del informalismo, asimismo, lo haría integrar el Grupo SI en su ciudad natal. Para ese tiempo, el artista ya era asiduo visitante del cercano Museo de Ciencias Naturales, con lo cual se podría suponer que esos tempranos recorridos serían la semilla de aquello que haría eclosión en los viajes que le permitieron el conocimiento directo de las culturas andinas.
Promediando la década del 60, su pintura se caracterizó por las formas geométricas elementales donde se podía apreciar una alta saturación cromática. Un concepto, introducido en los 60 por el poeta y crítico Aldo Pellegrini, el de "geometría sensible", en referencia a Alejandro Puente, otro artista platense y amigo de César Paternosto, sirvió por añadidura para el sostén curatorial de esta muestra. Pellegrini lo definió en oposición a la rigurosidad geométrica del arte concreto y a su eliminación de la subjetividad. Esta forma de entender la geometría incluía el predominio de lo personal y la sensibilidad del trazo. En una obra de este período, Staccato (1965), hoy en el Museum of Fine Arts de Boston, EE.UU, se puede ver su organización en curvas concéntricas; algo similar es posible apreciar en una de las pinturas expuestas en el MACBA. Se trata de Climax III (1965), un óleo de grandes dimensiones aportado por el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti. En 1967, se radicó en Nueva York debido al reconocimiento que estaban teniendo en EE. UU sus obras. Una de ellas, Duino (1966), el año anterior fue adquirida por el MoMA para integrar su colección.
Paternosto dio un salto fundamental en su carrera hacia fines de esa década al comenzar a pintar solo los costados del bastidor dejando la superficie frontal de la tela vacía. El origen de esta novedad se remite a una anécdota en la cual él con unos crayones de sus hijas, pintó el borde de una hoja escolar; hoja que se convertiría en el boceto de lo que él llamó la "visión oblicua". Esa denominación tuvo una exhibición que se llevó a cabo en enero de 1970 en la galería AM Sachs de Nueva York en la cual presentó sus cuadros, a los cuales también se refirió como "laterales". A raíz de una crítica negativa que calificaba, entre otros términos, como excéntrica la exposición, el pintor decidió apropiarse de ese adjetivo y resignificarlo. Le sirvió para afirmar, tanto su distanciamiento del centro físico de la superficie frontal de toda la pintura occidental, con sus inevitables connotaciones hegemónicas, como para el distanciamiento que más tarde materializó en la recuperación y reivindicación de las artes de la América precolombina. Para Giglietti, trabajar con los bordes de la pintura significó para Paternosto, entonces, discutir la pintura de caballete, con la tradición occidental donde el frente de la pintura siempre fue un espacio privilegiado. En lo que respecta al espectador, la propuesta en estas obras condiciona un desplazamiento, adquieren sentido con su movimiento, algo que les otorga, además, una dimensión temporal.
El año 1977, se produjo otro hito trascendental en la vida del artista. Este tuvo que ver con un viaje que realizó por el norte argentino, Bolivia y Perú. Allí tomó contacto directo con el arte de la región andina y con la cultura inca en particular. Ello significó un cambio en su concepción del arte y en la forma de profundizar sus indagaciones. El modo de construcción del Templo del sol en Cuzco, Perú, supuso para él una influencia determinante. Lo mismo sucedió con el descubrimiento de la concepción simbólica del color, restringida a tonalidades grises y tierra, que tuvieron estos pueblos. Durante los dos años que viajó por esos países, realizó fotografías y recogió en cuadernos, apuntes y dibujos que más tarde dieron lugar a su libro Piedra abstracta (1989), donde arriesgó la hipótesis de que la historia de la abstracción en el continente americano es mucho más extensa de la que presume Europa. Tanto el libro, como su diario de viaje y una proyección en video de éste último, pueden apreciarlos los espectadores. La incidencia de las culturas de América en su producción no se circunscribió a ese período, sino que permaneció viva por décadas. Algunas de las composiciones de los 90 que se exponen en sala como Construcción Nro 9 (1996) u Oqeyasca punku (1992) así lo demuestran.
La imaginación geométrica, que ocupa dos salas del museo, trata de establecer correspondencias entre las diversas etapas que hacen a la obra de César Paternosto. No sigue un relato lineal estricto y sostiene la idea de que todo lo por él realizado a lo largo del tiempo ha ido confluyendo y enriqueciéndose: la abstracción, el paradigma amerindio, la visión oblicua, la forma del bastidor y sus investigaciones acerca del espacio. Por lo tanto, la exhibición resulta una adecuada oportunidad para repasar una vasta e incansable trayectoria y experimentar así todo aquello que en un comienzo fundó la curiosidad del artista y que con el paso de los años sus búsquedas, siempre perspicaces y sus convicciones aún vigentes, concretaron materialmente.
La imaginación geométrica
Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires
Av. San Juan 328 – CABA
Hasta el 8 de noviembre