Nota publicada online

martes 20 de octubre, 2026
Pablo Ziccarello revela un Mar de humores en El Local
Desplazamientos de la contemplación
por Alejandro Zuy
Pablo Ziccarello revela un Mar de humores en El Local

El Local, espacio de arte ubicado en el barrio de La Paternal, inauguró la exposición de Pablo Ziccarello Mar de humores. Se presentan allí dos series de acuarelas que desarrollan una aproximación a cuestiones que atraviesan la vida urbana contemporánea. El texto de sala lleva la firma de Gimena Sozzi.

La palabra humor puede resultar una caja de Pandora, no por los males que guarda, sino por las virtuales posibilidades de la curiosidad humana que concentra y los sentidos que es capaz de alumbrar. Para comprender esto primero hay que remitirse a su etimología: humor proviene del latín humor o umor, que significa "líquido", "humedad" o "fluido". De allí que en la medicina antigua se denominaran como humores ciertas sustancias líquidas particulares que se creía circulaban por el cuerpo humano y a cuya degradación y mezcla se atribuían la aparición de las diversas enfermedades. En la medicina científica moderna, en cambio, el término tiene un significado genérico ya que todos los líquidos de nuestro organismo son posibles de considerarse como humores. Una bifurcación de significado se halla en la psicología, donde se entiende por humor una cierta variedad del estado afectivo. La RAE añade que humor puede denominar una disposición en alguien para hacer algo y la cultura popular, le agrega a este amplio abanico, el humor de perros y el humor negro. De modo que, las acepciones oceánicas de esta palabra y el título de la exposición forman un continuo coherente y poético.

La congruencia no se detiene allí, de manera análoga se localiza en la materialidad de las piezas expuestas. Las mismas se encuentran realizadas con acuarelas, en algunos casos con el agregado de tintas, sobre papel de arroz, a las cuales se las intervino con un rociador haciendo que el conjunto resultante de fluidos actuara a su libre albedrío hasta llegar a conformar las fisonomías disimiles que se observan en sala. Como si de las huellas del paso de las mareas se tratara, se observan sobre las superficies de los papeles múltiples pliegues y los recorridos de la expansión de las singulares manchas de color sobre ellos.

La exposición se compone de dos series, una lleva el nombre Mar de humores (2026) y la otra se denomina Trampas (2026). En ambas se aprecia el trabajo insistente sobre una figura dominante. La primera se centra en transeúntes, caminantes solitarios de la ciudad; la segunda en cajas que hacen alusión a los contenedores de residuos porteños. La reiteración que efectúa Pablo Ziccarello (Buenos Aires, 1972), no alcanza a explicarse solamente desde un aspecto cuantitativo. Mucho menos como un capricho estético. La repetición de un motivo resulta un vehículo pertinente para indagar en la naturaleza de los objetos, en sus ligeras variaciones; es una herramienta de disección de la realidad, un modo de reflexión no verbal que demanda al espectador tiempos y movimientos que conjuguen una operación de aguda y detenida contemplación.

En la serie Mar de humores, hay individuos. Cada obra contiene uno de ellos: hombres, mujeres, jóvenes, viejos. No hay conexión entre estos sujetos, no forman comunidad, sí un vaivén con destino incierto. Parecen contradecir aquello que hace siglos, el poeta y clérigo inglés John Donne expresó: "ningún hombre es una isla". Sin embargo, la atomización social, en la época que nos incumbe, parece ser una evidencia más que indisimulable. Sus siluetas tenues dibujadas con lápiz avanzan sobre el vacío, nada las rodea, apenas proyectan sombra. ¿Qué entorno las sostiene? Sus rostros no son posibles de ver, permanecen en el anonimato, se encuentran cubiertos por la colorida densidad de los humores. ¿Cuáles de ellos?, ¿los proyectan o los reciben? No lo sabemos, su origen queda arrojado a volubilidad de las suposiciones.

Trampas es el resultado indirecto de una decisión burocrática de la gestión del espacio público y de la higiene urbana de la ciudad de Buenos Aires, ya que la reciente instalación de un contenedor de residuos no reciclables sobre la Avda. Juan B. Justo fue su causa desencadenante. El motivo aquí está llevado a su síntesis formal y representado mediante el uso de la perspectiva isométrica, aunque no respetando el rigor del dibujo técnico. Ziccarello ha preferido acá optar por pequeños desplazamientos de los ejes de las figuras u otras anomalías detectables para que no todo encaje y la mirada al inspeccionarlas se incomode. Estos receptáculos diseminados a lo largo de las calles y avenidas de nuestra metrópoli cumplen, además de su función determinada, una adicional dislocada: la de ser fuente de supervivencia para muchas personas, otra alteración que ha sido naturalizada y que reclama una reconfiguración de su visibilidad. Un implemento relacionado con esta circustancia y con el título de la serie es la varilla que sostiene las tapas de los contenedores, reducida aquí a una frágil pero omnipresente línea. Ésta, metafóricamente, señala lo que sostiene el lapso de tiempo en el cual alguien puede extraer insumos degradados para sobrellevar su vida o como ya ha sucedido, perderla.

En la sala de El Local se han dispuesto dos obras mas. Una es producto de otra forma de desplazamiento como lo es el accidente. Se trata de los fragmentos de una acuarela que no llego a ser pero que cobró una nueva entidad a partir de su recomposición fortuita. La segunda es una estructura de papel apenas tonalizado con aspecto de calavera que, gracias a las sombras que proyecta, genera un impacto visual fuerte y lúgubre: un avatar contemporáneo del memento mori que aún, desde sus cuencas oculares vacías, parece interrogarnos e invitarnos a meditar silenciosamente acerca de todo lo que ocurre en los escenarios que transurren a nuestro alrededor.

Mar de humores

El Local

Avda. Juan B. Justo 4328 – CABA

Hasta el 5 de diciembre

Días y horarios:

Miércoles y sábados de 17 a 20 hs