Nota publicada online

miércoles 7 de septiembre, 2016
Luis Wells en Maman
‘58-’65. De la destrucción al juego
por Pilar Altilio
Luis Wells en Maman

La galería Maman exhibe una muestra impactante de obras históricas de Luis Wells, todas pertenecientes al acervo de la galería.

Siguiendo su intuición y dejando que su percepción lo guiara en aquellos años de finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta, a los que el propio Luis Wells define en un reportaje imperdible como “los años del vértigo, de la rapidez, de la intensidad” por la forma en que se sucedían las tendencias. Estas consideraciones que en primera persona le hace Rodrigo Alonso en el reportaje del catálogo, nos posibilita recuperar algunas anécdotas imprescindibles y captar la forma en que su carrera fue sucediendo, las relaciones que se establecieron entre artistas, galeristas y gestores quienes apoyaron su obra temprana. Un dato curioso de ese mismo reportaje es verificar que se recibe de profesor  de dibujo, ilustración y grabado en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1958 sólo porque Julio Le Parc le sugiere que ahí estaban los mejores profesores. Américo Balán y Fernando López Anaya los guiaron para hacer monocopias, uno de los sistemas de producción del grabado más experimentales y con mayor rango para usar con otra rapidez el error y la experimentación como sistema.

Esas primeras monocopias de 1958 fueron las que lo abren a su vida como artista en la Galería Galatea junto a su compañero, el recordado Polesello. Lo genial es que estas obras pueden verse en la planta alta de la Galería Maman y en verdad se percibe esa potencia innovadora y esa pasión lúdica que las vuelve muy livianas, sin tiempo. Con muy buen ojo, esa colección de primeras piezas fue comprada y conservada por Daniel Maman y hoy forma este cuerpo de obras exhibido en esta muestra que da cuenta del paso de la experimentación del informalismo al uso de materiales de deshecho hasta los famosos Toys que siguen una impronta más pop y colorida. Salvo por los Toys blandos que se encuentran en la vidriera, proyectados en los sesenta como da fe el enmarcado que acompaña, materializados ahora, que dan con el concepto que reitera Alonso en su texto de “seducción juguetona” como se pudo ver en la rueda de prensa donde Wells se puso uno de bufanda. Pero ese color reconoce una influencia diferente del resto de las obras donde el uso del objeto encontrado hace de sostén del colorido de las piezas casi sin modificación alguna. Tiene más que ver con su relación con Macció y el grupo de neofigurativos y es de justo antes que se instalara en Londres en 1966.

Una de las obras tempranas que funcionan como un emblema por su aporte a un desarrollo que, si bien fue su marca, fue duramente criticada. Se trata de la pieza que se lleva la tapa del catálogo “Collage de latas” de 1959, donde Wells en una operación fidedigna introduce el objeto cilíndrico, esta vez latas aunque luego serían los tubos de cartón. López Anaya y Kenneth Kemble, compañeros por entonces y también dos de los primeros que escriben sobre su producción la señalan especialmente como “una obra insólita, transgresora y absurda, difícil de digerir” pero que buscaba escapar de la pintura abriendo paso a la ruptura del plano pictórico con piezas encontradas a mano en su entorno. Esa misma operación de ruptura convivió con algunos de sus proyectos de la época, sobre todo en la muestra grupal de 1961 de Galería Lirolay donde junto a Kemble, Barilari, Silvia Torras, Seguí, López Anaya y Jorge Roiger transforman la galería en una gran ambientación con deshechos. Arte destructivomarca un hito y como señala Alonso evidencia el “espíritu agónico del existencialismo” tan presente en esa época y que funciona como marca aún más que el propio informalismo europeo, del que se conocía muy poco, una tendencia de uso del objeto que incluso contenía tres ataúdes que fueron aportados por Luis Felipe Noé.

“Comencé con la materia, de la materia surgió el volumen, del volumen surgió el espacio y la participación” describe Wells su operación intuitiva sobre el camino de producción que signó su obra. La base de este recorrido tal vez se deba a que había una discusión que se daba entonces que era la de jaquear las condiciones de producción del mismo modo que las de participación del espectador transformando su implicancia con una cierta posibilidad de performativa. Algunos de sus Toys aquí exhibidos son maravillosas muestras de equilibrio entre encastres, planos de geometría muy bien elaboradas y una sensibilidad para el color propia de un pintor de sutiles variantes. Imperdible.