Nota publicada online

lunes 25 de mayo, 2026
Los monocromos negros de Fabiana Imola
Redefiniendo la escultura y sus soportes de expresión y enunciación
por Claudia Laudanno
Los monocromos negros de Fabiana Imola

Hasta el 18 de junio se extiende “Formas animadas”, la exhibición individual de la rosarina Fabiana Imola, en las dos amplias salas del subsuelo del Museo de Arte Decorativo “Firma y Odilio Estévez”. La misma está acompañada de un texto curatorial de Guillermo Fantoni.

En diálogo con Arte Online, la escultora rosarina se explaya sobre su modus operandi y cómo concibe sus instalaciones topo-específicas y obras murales en hierro.  Por ejemplo, al interrogarla sobre qué tipo de apropiación hizo del “espacio de la memoria” de un edificio tan connotado, como el Museo de Arte Decorativo de Rosario, lmola considera que para ella era esencial “la condición del mural y del hierro como piel de la arquitectura”. 
Así es pues que, cuando nos confrontamos con la gran sala encontramos un enorme mural de hierro, concebido como un gran relieve. No se trata de interpretarlo como “una pieza que se encuentra simplemente en la Sala 1, sino más bien, como una obra que acontece sobre el plano vertical, apropiándose de él”.
La artista, que viene trabajando desde hace más de dos décadas en relieves de hierro, considera que, en la muestra Formas Animadas, lo que realmente presenta es “la reconfiguración del muro”. Y acota cómo trabaja un material, aparentemente duro y pesado, para otorgarle una vuelta de tuerca, “al colocar la matriz de la plancha industrial sobre la pared blanca del subsuelo del Estévez, dejando de ser un límite físico, para convertirse en un campo de fuerzas”. En este sentido, la obra monumental, promueve “una expansión multidireccional, como si fuera una escritura, un organismo vivo o configuración que trepa, rompiendo la bidimensional tradicional de lo que se apoya o se “instala”, sobre el muro. 
Tengamos en cuenta, que el mural guarda un espacio o vacío, bastante considerable con el soporte de fondo, por lo cual, parece flotar en suspensión. Por otra parte, el hierro parece cortado al escalpelo.

En este punto, la escultora describe su proceso de elaboración de dicha pieza en particular, señalando que “mi proceso es un puente, el cual, comienza en la intimidad del papel y termina en la escala industrial del láser y el horno”. En tal sentido nos revela que “esa transición es lo que permite que el hierro, un material tan duro, culmine pareciendo una forma animada, casi biológica”. Por ello, para Imola el hierro es la epidermis de la escultura. 
En el momento en que nos adentramos en la contemplación de su relieve monumental, encontramos varios aspectos a consignar. Por ejemplo, la artista subraya que el mismo debe ser entendido como una obra mural. No se trata simplemente de una pieza colgada en la Sala 1, sino de un trabajo que acontece sobre el plano vertical, apropiándose de él. En realidad, lo que exhibe es una reconfiguración del muro, pues, al partir de una matriz de plancha industrial, la pared del Estévez deja de ser un límite físico para devenir en un campo de fuerzas. Y desde esa condición, la obra se expande de manera multidireccional. Y presentar esta gran forma animada le permitió jugar con la tensión del espacio y el vacío circundante y aún dentro de la propia obra, que es “puro cuerpo y puro peso”, al decir de la escultora. 
Según Imola, “el hierro negro impone su rotunda materialidad”, como gran forma animada central. El blanco de la pared no es un fondo neutro, sino que tiene otro tipo de funcionalidad: crear zonas de silencio, de descanso visual. Estos silencios, que semejan los de una partitura musical, permiten que el hierro cortado a láser “respire”, y que la sombra propia del metal arroje y dibuje una segunda capa sobre la superficie.
El desafío con esta muestra es transformar la rigidez del subsuelo del edificio, en un tipo de estructura vibrante y dinámica.
Reflexionando sobre la culminación del desarrollo de esta pieza mural, su autora considera que se trata de “una ficción de todo lo vivo”.  Aquí se refiere a las formas curvas que podemos hallar en la naturaleza. Y agrega que su intención no es “decorar” el espacio, sino interpelarlo.
Más bien, se trata de integrarse a él. Es, sin lugar a dudas, “arte topológico”, pero no en el sentido del ABC Art, término acuñado por la historiadora y crítica de arte estadounidense Barbara Rose, para definir el minimalismo y, sobre todo, el opus de Ad Reinhardt, con sus Pinturas Negras (Black Paintings). 
De alguna manera, mirando el ilustre edificio del Museo de Arte Decorativo, es como si el hierro hubiera pertenecido siempre a ese locus o lugar. Con sólo manipular el gran portón de salida, forjado en este noble metal, la artista contrapone el mismo material, pero desde una perspectiva contemporánea, haciendo eje en su levedad, su ligereza, por las formas curvilíneas que utiliza, a pesar del peso específico del mismo.
Interrogada acerca de las diferencias entre el mural escultórico central y las impresiones negras, en vinilo sobre vidrio, rescata las divergencias o disparidades, entre las obras, expuestas en la Sala 1 y la 2, respectivamente. Para ella, se trata de una transición de la potencia física a la potencia espectral, esto es, de la presencia física a la cuasi inmaterial de los vidrios, que constituyen una instalación, con formas silueteadas en negro. 
La acromía de la pared junto con la monocromía del negro, redobla, el protagonismo que la artista otorga al valor, esto es, el no color, la ausencia total de una colorimetría de base. Sin embargo, para Imola el negro es una constante aglutinadora, Y agrega que, lo que verdaderamente le interesa de la monocromía, es “su capacidad para sintetizar la forma y llevarla a un estado más puro: la silueta”. De alguna manera, al trabajar exclusivamente con el negro, anula todo tipo de distracción cromática, al mismo tiempo que los detalles. 
El negro para la artista implica una profundidad de campo, no un hueco en el vacío. No es ausencia, sino presencia. Mientras que en la Sala 1, el monocromo negro refuerza la nobleza del material, en la instalación de la Sala 2, se transforma en un juego de espectros y formas chinescas. 
En cuanto al proceso de producción de sus piezas escultóricas, la artista rosarina afirma que sus piezas no se funden en fuego, ni por moldes, sino que son el resultado de la precisión digital y la tecnología de punta. Destaca que, todo comienza con el dibujo a mano, dado que nunca se pierde ese contacto primario. Las formas animadas, nacen del gesto, del cálculo y del error. Esos elementos le otorgan fluidez al trazo del escultor. De ese enjambre de formas, surgen sus configuraciones orgánicas. Luego, le sigue la transferencia digital de las mismas, pasando al AutoCAD, que es un tipo de software, concebido como diseño asistido por computadora. Es decir, funciona como una mesa de dibujo digital y, en el caso de Imola, para la construcción de volúmenes y diseños en tres dimensiones. Estos primeros planos, dan lugar a la construcción de la matriz, teniendo en cuenta espesores, uniones, para que la forma pueda transcribirse al hierro. A posteriori, esa matriz es conducida al corte láser de alta precisión. El láser hace las veces de un lápiz de luz, que cala la plancha de hierro negro. Con este tipo de operar, se obtiene una fidelidad total con el boceto original, manteniendo la pureza primigenia de las formas, en un material, aparentemente, rígido y pesado.  Pero sabemos que las configuraciones animadas de Imola parecen “levitar”. 
Un dato interesante es que en ese mural una pequeña forma negra se adosa a la gran forma animada, como un homenaje póstumo a las obras suprematismas de Kasimir Malevitch. Obviamente, eran pinturas, pero no dejo de recordar el célebre Cuadrado blanco sobre fondo blanco, de geometría netamente arreferencial.
También, en cuando al manejo de los pesos de los materiales nobles de la escultura contemporánea, el gran Richard Serra trabajaba con instalaciones y esculturas en campo expandido, realizadas en acero Korten jugando con el peso de sus componentes y tránsito de sus obras, del rango de las Snakes, en el Museo Guggenheim de Bilbao.
Volviendo al proceso final de las obras de Imola, el acabado del negro es termo horneable, con un tratamiento especial de pintura, donde el pigmento se funde con el metal, bajo altas temperaturas, logrando así un acabado mate y parejo.

Fabiana Imola fue becaria del prestigioso Programa de Talleres de Artes Visuales U.B.A/Rojas, entre 2003-2005, bajo la dirección de Guillermo Kuitca. En el 2006, fue Premio Argentino a las Artes Visuales, por la Fundación OSDE, en la sección: Objeto. 
Para el 2017 obtuvo el Primer Premio del 94° Salón de Mayo, organizado por el Museo Provincial “Rosa Galisteo de Rodríguez”.