Nota publicada online

jueves 17 de noviembre, 2022
Liana Strasberg en Una Obra, Un Artista
Crisálida
por María Carolina Baulo
Liana Strasberg en Una Obra, Un Artista

Liana Strasberg presenta, con curaduría de María Carolina Baulo,Crisálida” desde el 24 de noviembre hasta el 14 de diciembre en el espacio “Una obra un artista"

La piel, frontera permeable si las hay. Un territorio de reconstrucción y regeneración permanente, continente y contenido, tanto por lo que resguarda entre sus aparentemente frágiles paredes como por lo que representa en el plano de lo simbólico. Se inscribe allí la memoria, la historia de cada ser se proyecta en su textura, en su color, en su existencia física.
En la obra de Liana Strasberg,  los cuerpos son seres híbridos donde su naturaleza gravita entre lo orgánico y lo tecnológico, donde es imposible pensar la condición humana aislada de una dimensión “cyborg” que nos señala una nueva manera de narrar la realidad, asimilando el plano de la ficción no solo como válido y complementario sino como constitutivo de aquello que entendemos por realidad, o creemos entender. Dice la artista: “La obra desestabiliza la idea de un cuerpo cerrado como unidad biológica tanto en su forma como en su origen y trae la certeza de que estamos constituidos por medio de las tecnologías, generando una nueva superficie de inscripción”.
Crisálida da cuenta de ese espacio otro -parafraseando a Michel Foucault – generado por la piel. Es una suerte de capullo, un esqueleto, una nueva dermis conformada por lo natural y lo artificial que no representa a un cuerpo humano sino a un cuerpo nuevo con una vida propia y que se nutre del impacto de varias materialidades en diálogo hacedoras de su estructura. Pero no es esta una estructura pasiva, no es un resto, no es un descarte, no es una cáscara ni una coraza estéril sino que es un espacio de tensión, de convivencias impensadas y aun así,  existentes: un laboratorio donde tecnologías y biomateriales entran en disputa sin pretensión de alcanzar una síntesis dialéctica.
El trabajo de Liana en general y el sitio específico Crisálida en particular,  ponen el acento en los espacios ambiguos, en los intersticios, en las incertidumbres, en los dispositivos y las tecnologías midiendo sus fuerzas con la naturaleza y la organicidad. El cuerpo es como el guardián de la memoria y si esta obra representa un nuevo cuerpo, un nuevo ser que responde a nuevas leyes quizás no elaboradas hasta ahora, tendremos que esperar a que se vayan construyendo en el hacer para intentar comprender los recuerdos, registros,  marcas que en él se impriman. Crisálida es un cuerpo-piel, es todas las pieles porque no es ninguna exclusivamente.  Es testimonio de un estado de situación actual que sin el distanciamiento o extrañamiento que plantea Bertolt Brecht, nos resulta, por el momento,  insondable. La única certeza que tenemos es que, en tanto cuerpo y en tanto piel, es una pieza que construirá memoria.