Nota publicada online

martes 13 de octubre, 2026
Exposición antológica de Leandro Katz en el MNBA
Episodios de un viaje artístico extraordinario
por Alejadnro Zuy
Leandro Katz
Leandro Katz

El Museo Nacional de Bellas Artes inauguró la exposición antológica Leandro Katz. La noche y las palabras, dedicada al artista visual, escritor y cineasta argentino nacido en 1938. Se exhiben en conjunto, por primera vez, instalaciones, fotografías, películas, dibujos, grabados e investigaciones artísticas de diversas series producidas desde la década de 1960. La curaduría estuvo a cargo de Mariana Marchesi y Francisco Lemus.

Una línea de tiempo que detalla un intenso trajinar artístico-vital atraviesa el pasillo que da inicio a esta exposición de Leandro Katz que alberga el Museo Nacional de Bellas Artes. Está encabezada con el título Poesía, Viajes, Contracultura y sólo abarca desde 1960 hasta 1975; el fragmento inicial de una trayectoria que llega hasta el presente. El recorte cronológico no es casual, son años germinales marcados por importantes influencias, acontecimientos y experiencias que, mas tarde, en su espeso devenir, encontraron un amplio abanico estético-expresivo.

El hito inicial señala a Katz como un joven estudiante de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires integrante de la revista Airón (1960-1965), que publicaban alumnos del crítico literario Jaime Rest. Allí dio a conocer sus primeros textos y nada menos que una notable traducción del mítico poema Howl (Aullido) escrito por Allen Ginsberg, una de las figuras principales de la Generación Beat junto a Jack Kerouac y William Burroughs. La Generación Beat, fue un movimiento literario y cultural estadounidense que tuvo su apogeo en la década del 50 pero que sentó las bases para todas las expresiones de la contracultura que explotaron durante las décadas posteriores. Se puede suponer que, de alguna manera, Katz supo asimilar aspectos de esta corriente, cruzarlos con otros intereses y darles curso de una manera muy personal.

Como consecuencia, esta etapa también se caracterizó por viajes a provincias argentinas como Catamarca, San Juan, Chaco, países de Latinoamérica y finalmente Estados Unidos, donde se instaló. Allí tomó contacto con escritores de ese país y artistas latinoamericanos como Helio Oiticica y otros argentinos como Marta Minujin, Liliana Porter y Eduardo Costa. No obstante, los viajes, las exploraciones no se detendrían.

Otro viajero y gran lector como lo fue Ernesto "Che" Guevara, tiene un central protagonismo en la obra de la sala siguiente, aunque desde un aspecto trágico en varios sentidos. Se trata de la instalación Proyecto para El día que me quieras. Versión I con cámara emplumada (1987-1990), trabajo que recibió el Premio Nacional a la Trayectoria Artística 2020/21 y que, donación mediante del propio artista, hoy forma parte del patrimonio del museo. La instalación, tan distante y al mismo tiempo tan presente, se desarrolla a partir de las imágenes del cuerpo yacente del "Che" en una improvisada morgue de la localidad de Vallegrande, en Bolivia, tomadas por el fotógrafo Freddy Alborta en 1967. Sobresale aquí un rasgo que identifica la producción del artista y que es de lamentar que no abunde en el medio. Consiste en el rigor con el que desarrolla sus investigaciones y las metamorfosis que estas adoptan alrededor de una idea primigenia. Algo apreciable en el documental El día que me quieras (1997), que complementa la instalación -en el cual el fotógrafo boliviano revela detalles de lo acontecido durante aquellos días-, en la serie de copias cromogénicas y en cibachrome que integran el proyecto y en una obra que no se halla en esta exposición pero que puede verse en otra que se desarrolla en el Parque de la Memoria como lo es la investigación fotoperiodística sobre la figura de Mónica Erlt, la militante y guerrillera germano-boliviana vengadora de la muerte de Guevara.

Pasos más adelante es posible prestar atención a otra cualidad apreciable en Katz como lo es su preocupación por el lenguaje. En Columna X (1971/2026), un rollo de papel se despliega desde el piso hasta el techo teniendo como eje vertebral una sucesión de palabras sin intención narrativa o asociativa. Son pura pulsión donde el lenguaje se derrama. La idea surgió en Nueva York cuando el artista comenzó a escribir en inglés y sentía que había algo en esa acción que escapaba a su control. La experiencia lo condujo, a posteriori, al estudio de los jeroglíficos mayas, a formas radicalmente diferentes de escritura, donde los signos no están sujetos a significados arbitrarios sino que éstos son capaces de mutar de acuerdo al contexto. En consecuencia, las operaciones de traducción, se puede concluir, nunca dan plena cuenta del sentido que son capaces de acoger los signos.

Del lenguaje escrito, la exposición pasa a la imagen fílmica a través de las piezas: La caída (1977), Notas lunares (1980) y La ventana de Judas (1982). Los objetos, las categorías, sometidas a la reflexión en este núcleo expositivo son por lo tanto otras. Secuencialidad, tiempo, encuadre, montaje, mímesis, la atracción ancestral por los astros se condensan en la oscuridad de la sala y se abren a la receptividad de los espectadores.

Emparentados con estos cortometrajes se encuentran los conjuntos fotográficos Veinte segundos en la vida de una palmera (1971) y La caída, 8 segundos y ½ (1976). En ambos casos el punto de vista es fijo y repiten el objeto fotografiado. A primera vista parece que nada sucede en ellos, que son meras repeticiones. No obstante, al otorgarles una observación atenta emergen en sus unidades los cambios graduales; una estructura que, de forma infraleve, va desgranando pequeños desplazamientos, adiciones o sustracciones que logran alcanzar un efecto de concentración hipnótica, Similar resultado provocan las obras que refieren a la Luna como Doce, posiblemente trece lunas y 365 atardeceres (1976) y los Alfabetos lunares. La primera se subdivide, por una parte, en 12 imágenes tomadas del atardecer con una cámara secuencial de ocho lentes donde tienen lugar toda una gama de distorsiones y aberraciones y, por otra, de siete tomas nocturnas del mencionado cuerpo celeste. Los Alfabetos lunares, en cambio, integran las indagaciones sobre la secuencialidad, el lenguaje y la observación de la luna como mítico espectáculo comunitario.

Los videos Paradox (2001) y Estación Los Angeles (1970) retoman la veta histórico-política de los trabajos derivados de los viajes realizados por Leandro Katz por diversos países latinoamericanos. La paradoja a la cual se alude en el primer documental se relaciona con una situación concreta: la conservación de las ruinas mayas de Quiriguá en Guatemala se debe a la explotación colonialista de las grandes compañías bananeras estadounidenses desde fines del siglo XIX, entre ellas la United Fruit Company. La expresión despectiva "república bananera" se relaciona directamente con la historia de esta empresa. La segunda película se filmó en la misma localidad y conforma un retrato de su comunidad de habitantes.

La cultura maya involucró a un conjunto de poblaciones que habitaron parte de Mesoamérica. Katz realizó viajes por Guatemala a comienzos de la década del 70 y retornó a la región en 1984 para concretar una investigación sobre los registros de las expediciones arqueológicas llevadas a cabo por John L. Stephens y Frederick Catherwood en el siglo XIX, tanto en México como en Honduras y Guatemala. La misión reveló al mundo occidental la grandeza y complejidad de esta civilización a través de relatos detallados y precisos dibujos de sus ruinas. En Proyecto Catherwood (1985-1995), el artista efectuó una reconstrucción fotográfica de esos dibujos desde los mismos puntos de vista haciendo coincidir la mirada del explorador colonial con la mirada del artista contemporáneo para proponer, finalmente, una reflexión acerca del paso erosivo del tiempo y del impacto de la arqueología y de la industria del turismo sobre ese invalorable patrimonio. El conflicto civilizatorio que tiene en la violencia colonizadora un capítulo esencial se deja entrever además en La huella de Viernes (1984-2026), instalación que toma como referencia la novela de Daniel Dafoe, Robinson Crusoe (1719), en la cual el nativo Viernes, cuya presencia es delatada por una huella en la arena, es tomado como sirviente por el famoso naufrago imponiéndole también su lengua y religión. En la obra es posible observar una huella muda sobre un montículo de arena ubicada junto a una fotografía iluminada que exhibe el pie de una escultura maya. De esta manera ambas imágenes trazan un paralelo de aquello que ha sido sometido y silenciado en nombre del progreso de la civilización occidental.

Otro proyecto de investigación que examina las atrocidades cometidas por las compañías extractivistas a lo largo de América Latina a comienzos el siglo XX se relaciona con la llamada "fiebre del caucho" y que tuvo a las poblaciones indígenas del Amazonas como sus principales víctimas. Vortex (2004), aborda este tema tomando como base la novela La Vorágine del escritor y abogado colombiano José Eustasio Rivera, quien, en base a sus investigaciones y experiencia como funcionario de Estado, conoció en forma directa las graves condiciones de explotación del caucho. La novela fue publicada en 1924 y al poco tiempo Rivera murió en extrañas circunstancias. Las imágenes de Katz conviven con documentación e intentan seguir el espiral lírico narrativo de la obra literaria.

Existe en Leandro Katz. La noche y las palabras, otra línea de tiempo, además de la inaugural y es la que se desenvuelve y esparce gracias a la presencia de sus trabajos e ideas hasta nuestros días; una línea implícita, prolífica y tangible que supo considerar con anticipación los problemas que las narrativas histórico-filosóficas que conformaron la modernidad han generado en la región que habitamos. Ello incluye el señalamiento de la recurrente injerencia de aquellos que siempre están interesados en extraer sus riquezas, tanto simbólicas como materiales. Para emprender ello y mucho más, Katz invirtió años de investigación, una mirada perspicaz, el análisis de una diversidad de documentos y fuentes y la experiencia directa en territorios, siendo la naturaleza de igual modo, una guía incondicional. Esta línea, tengamos en cuenta, aún se encuentra abierta y a la espera de su continuidad.

Museo Nacional de Bellas Artes

Av. del Libertador 1473, CABA

hasta el 10 de enero de 2027

Horarios de visita: martes a viernes, de 11 a 19.30 hs y los sábados y domingos, de 10 a 19.30 hs

Entrada libre y gratuita