22 septiembre 2018

Nota publicada online

martes 24 de abril, 2018
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Conversación con Leandro Katz
Por Pilar Altilio

Una multiplicación de muestras, tanto en Buenos Aires como en México, lo devuelven a la escena, haciendo que su obra pueda adquirir una resonancia inesperada en el tiempo presente. De estos temas y otros más, conversamos muy amablemente en la muestra de Henrique Faría en BA.

Comenzamos la charla a partir de un libro que se publicó en Argentina en 2013, que reúne ensayos y conversaciones de Katz con Ana Longoni, Jesse LernerMariano Mestman. En ese texto editado por Fundación Espigas y Fundación Telefónica, es posible encontrar los rastros de su experiencia como artista más ligado a la innovación de las teorías sobre el lenguaje de las décadas del 60 y el 70’. Me reconoce no haber participado de la experiencia innovadora que representó el Instituto Di Tella, pues Katz viaja en 1961 al encuentro de esa Latinoamérica intensa, siendo muy joven, pero a la vez sintiéndose muy orgulloso de ser parte “de una cultura muy refinada y muy argentina, de ser buen lector y de tener amigos muy educados que me recomendaban muy buenos libros”.

Leandro Katz

Es un derrotero que va teniendo con contactos en cada país, sobre todo a raíz de sus relaciones epistolares con algunos miembros destacados de ese círculo tan interesante de la vanguardia de la poesía. Contactos que surgen a partir de sus traducciones en la mítica revista Airon que se editó en Buenos Aires entre 1960 y 1965. El contenido giraba sobre lo que el teórico argentino Nicolás Casullo definió como “La provocación, la posibilidad de ruptura, la utilización del lenguaje fuerte, el lenguaje inconciliador” que se diseminaba desde la revista Tel Quel en Francia, del posestructuralismo, de Roland Barthes, del existencialismo, del realismo crítico y la vanguardia de la poesía innovadora y potente por esas décadas, tanto en nuestra región como fuera de esta. “Fue un momento de mucho desarrollo dentro de la idea del poema en prosa”, me cuenta y aclara, “de una poesía más reflexiva, más filosófica” que por cierto también lo vinculan con proyectos muy proactivos desarrollados por colegas peruanos, venezolanos, ecuatorianos, colombianos, mexicanos y nicaragüenses que validaban esa misma actitud que hoy se define como la “era de la juventud”. Recuerda con mucho placer su relación con Sergio Mondragón, fundador junto a otros de la mítica revista bilingüe mexicana El Corno Emplumado, que organizaban un Simposio Internacional de Poesía que le permitió trabar relaciones con artistas de Nueva York, lugar donde más tarde se mudaría luego de pasar un tiempo en San Francisco.

“Proyecto Catherwood” Vista de Sala

“Estoy viajando”, me cuenta, “y mis conexiones son escritores”. De esa relación tan fuerte con el lenguaje surge una posibilidad que considera excepcional y que difícilmente hoy podría pasar, de encontrarse enseñando en la Brown University, en Providence, en el estado de Rhode Island. Contratado como profesor por su obra y no por ser antropólogo, historiador de arte o filósofo del lenguaje: “sin embargo era lo que enseñé durante tres años en el Departamento de Semiótica”. “Fue una experiencia enorme, muy fuerte, estar vinculado a intelectuales famosos y notables, que favorecieron que leyera mucha teoría”.

También le permitieron viabilizar como parte de la academia, un estudio profundo sobre las culturas precolombinas que lo llevó a una experiencia especial “como en el texto de Bolaños, como inspector que encuentra su propio destino que no sabe si es una solución o una paradoja”. “En esa época, los lugares sagrados de México y Guatemala, no eran muy visitados por lo cual tenía permisos muy especiales, tramitados con mucha antelación. Me permitían no sólo entrar con carretilla un generador para fotografiar lugares muy oscuros, sino además, los mismos arqueólogos me facilitaban sus casas equipadas no sólo con cuarto oscuro sino cocinero y chofer”. Con estos avales surgen sus trabajos en fotografía que se encuentran en esta muestra e integran el “Proyecto Catherwood”, ensayo fotográfico basado en un diálogo entre sus fotografías contemporáneas de las ruinas mayas y los grabados del artista e ilustrador inglés Frederick Catherwood, pionero de la fotografía arqueológica.“Varios tiempos conviven en ese proyecto: el tiempo maya, el del inglés, el mío y el nuestro ahora que estamos viendo esta imagen, donde también aparece mi sombra y mi mano sosteniendo el libro de Catherwood”.

Tulúm, a la manera de Catherwood, El Castillo (Del proyecto Catherwood) 1993 Plata sobre gelatina, 40 x 50 cm No. inventario: 08-845477

Instalado en Nueva York, se relaciona con los poetas de la Nueva Escuela de NY y los poetas de la Generación Beat. “La palabra de los poetas ocupaba un puesto muy fuerte en la vanguardia, especialmente la actividad de las lecturas de poemas y reuniones en torno a la Iglesia de San Marco. Si bien Allen Gisnberg de la Generación Beat no tenía mucho que ver con John Ashbery, coexistían y eran voces no diría opuestas sino muy diferentes”. Ahí es donde siente claramente esa transición “y de repente estoy ahí haciendo obras conceptuales con el lenguaje. Es una transición natural absolutamente, pues si quiero trazar una idea del origen sólo podría referirme a las lecturas, a lo que uno pensaba y lo que sucedía con uno en relación a la escritura. Me parece que sucede allí una especie de epifanía. Incluso gente formada en escuelas de arte, hacen por esa época, una transición hacia el lenguaje.”

De esa sustancia hay rastros en proyectos como “Convergencia de dos citas”, una representación gráfica laberíntica que puede unir citas de algunos notables, en este caso es Hegel y Guy Dubord, pero en la muestra de Fernando Davis de Fundación Osde “Poéticas oblicuas” fue el Golem de Borges.

Dos citas (Hegel-Dubord), 2015-2018. Vinilo, hilos y agujas. Medidas variables

Como sostiene en su texto Eduardo Grüner, un gran amigo de Katz: “entre una cita y otra, hay un espacio (incierto) y una secuencia (enigmática) que pueden ocuparse con formas (el espacio) o desplazarse con preguntas (el enigma). En cuanto a la secuencia, parece evidente: la filosofía llega demasiado tarde a la vida, la vida demasiado tarde al arte. También entre esos tres términos (vida / filosofía / arte) hay demasiados espacios. Cómo soldarlos es el mayor de los enigmas. Por eso no queda otro remedio que entreverar las citas: enmarañarlas con líneas cruzadas que alteren la primera lectura, la evidente.” Parte de esa sustancia puede verse en su obra materializada en una expresión visual que vincula eso mismo: vida-filosofía-arte. Imperdible.

+info

Leandro Katz

Entre dos citas

Hasta el 9 de mayo´18

Henrique Faria Buenos Aires

Libertad 1630, Buenos Aires

Lunes a viernes de 11:30 a 19 hs. Sábado con cita previa.