Nota publicada online

lunes 27 de julio, 2026
Entrevista con Zelmira Peralta Ramos
Zelmira Peralta Ramos: con la primavera en el alma y las botas puestas
Entrevista con Zelmira Peralta Ramos

La artista argentina Zelmira Peralta Ramos participará de Proyecto Arte (PA) 2026, la feria de artistas independientes  que se realizará del 7 al 9 de agosto en el LATU de Montevideo. Habrá selvas, flores botánicas, bordados y árboles que resumen buena parte de su universo y pensamiento. Y sobre todo esto conversamos con ella.

"Yo ya no corro detrás de la vida, la vida camina conmigo..."  La letra de Sol Prendido suena en la playlist de Zelmira Peralta Ramos. No es una elección casual. 

Hay artistas que pasan años buscando un lenguaje. En Zelmira Peralta Ramos, el lenguaje estuvo desde el principio. Creció entre jardines, viñedos, árboles centenarios, campos abiertos y relatos familiares donde el arte y la naturaleza no eran mundos separados, sino parte de una misma educación sentimental.

Mucho antes de que pintara flores, aprendió a reconocerlas. Mucho antes de hablar de biodiversidad, conocía el nombre científico de los árboles. Antes de descubrir las selvas tropicales de Colombia o de impulsar proyectos de preservación ambiental, ella recorría las fincas de Mendoza con un cuaderno en la mano mientras su abuelo le enseñaba que cada hoja tenía una identidad y una historia. Quizá por eso, cuando uno observa sus obras, tiene la sensación que están hechas con recuerdos.

Zelmira Peralta Ramos

Con Zelmira, la conversación nunca sigue un camino lineal. Una pregunta sobre pintura desemboca en una historia familiar; una flor conduce a una caminata por la selva; un árbol termina hablando del amor, de los hijos o del legado. Todo está conectado.

"Es frecuencia, es coherencia. Lo que sembrás en el pecho se vuelve tu experiencia" sigue sonando Sol Prendido

El árbol de donde nacen sus flores

En botánica, una familia reúne especies distintas que comparten un origen común. En la obra de Zelmira ocurre algo parecido. Su pintura parece crecer sobre un entramado de raíces familiares donde artistas, naturalistas, escritores y amantes de la tierra fueron dejando una huella silenciosa. Su bisabuela, también llamada Zelmira, cultivó uno de los rosaledales más admirados de Mendoza. Trajo rosas de distintos lugares de Europa, pintaba al óleo y recibía visitas de especialistas de la Sociedad Argentina de Horticultura fascinados por aquellas variedades. Su abuela, Adela Balcarce de Peralta Ramos, también pintaba flores y compartía con ella largas tardes de verano. Las flores, entonces, llegaron antes que la pintura. Pero hubo otra figura decisiva: su abuelo materno, Alejandro von der Heyde.

"Recuerdo a mi abuelo paseándonos por las fincas de Mendoza enseñándonos los nombres de cada árbol en vulgata y en latín. Teníamos que pegar las hojas en un cuaderno y escribir ambos nombres. Después él nos corregía. También nos enseñaba las distintas variedades de uvas, de ciruelas y de duraznos".

Aquella experiencia terminó convirtiéndose en una manera de mirar el mundo. Los veranos transcurrían entre viñedos, cosechas y vendimias. La naturaleza no era paisaje; era conocimiento, trabajo, celebración y pertenencia.

"Los veranos en la finca de mi familia materna fueron los que marcaron profundamente el amor y conocimiento por la naturaleza y su cultivo"

Décadas más tarde, ese mismo espíritu volvería a aparecer convertido en flores botánicas, árboles místicos y selvas exuberantes.

de la serie Pagamento

Buscar tesoros

Las enseñanzas de su abuelo nunca fueron convencionales. En Piriápolis, donde viajaban frecuentemente, su abuelo la llevaba a recorrer las dunas convencido de que en algún lugar permanecía enterrado el tesoro de una antiguo naufragio.Cuando muchos años después descubrió una vieja tapera abandonada sobre el cerro San Antonio, sintió que, finalmente había encontrado el tesoro. La casa se llamaría Los Paraísos. Con paciencia, la fue restaurando hasta convertirla en uno de sus refugios creativos, frente al mar uruguayo.

Un linaje de artistas

La historia familiar de Zelmira también está atravesada por una de las figuras más singulares del arte argentino: Federico Peralta Ramos. Pintor, performer, poeta y precursor del arte conceptual en Argentina, Federico hizo de la libertad creativa una forma de vida. Su humor, su irreverencia y su mirada filosófica marcaron a varias generaciones de artistas. Para Zelmira fue mucho más que un tío. Fue un maestro.

"Tengo miles de recuerdos que me marcaron para siempre. Un día pasó por mi casa, ya había nacido Sofía, me puso un sombrero y me dijo: 'Vos la vas a ver, Zelmirita. No te saques las botas ni el sombrero. Bancá porque vos la vas a ver” La frase todavía la acompaña. "No te saques las botas ni el sombrero." Una invitación a resistir, a confiar en el propio camino y a no abandonar nunca la propia esencia.

"Federico Peralta Ramos y mi abuelo fueron mis maestros. Uno en mi infancia y el otro en mi adolescencia.La mística vino por el lado de mi madre; la creatividad y la genialidad, por la familia de mi padre. Soy una agradecida de mis raíces. Me siento riquísima por los tesoros que recibí de ambos. Esa mezcla marca mi vida y mi pintura"

Y sigue sonando el Sol encendido "Vibrando bonito, todo llega solito. Si estoy en paz conmigo... ¿qué me va a faltar?"  La obra de Zelmira nace de la gratitud.La naturaleza no es un tema. Es una manera de vivir

"Que si es música, tócala. Que si es arte, píntalo..."

Zelmir a Peralta Ramos habla de la Naturaleza  como quien habla de un vínculo íntimo. No hay distancia entre su obra y su vida. "Ser natural. El ser espontáneo, la autenticidad, lo fresco, la naturalidad, es perfume para el alma. En un mundo en que la materia va perdiendo vida, va desnaturalizándose, intoxicándose, plastificándose, resultado de una cultura que necesita consumir almas para sostenerse. Vivir la integridad es parte de mi proceso creativo.” No es una reflexión reciente. Es una convicción que atraviesa toda su trayectoria. En el año 2000 escribió el texto fundacional de Naturaleza para el Futuro. Han pasado más de dos décadas y, al releerlo, sorprende su vigencia. Allí advertía sobre el riesgo de un mundo cada vez más artificial, cuestionaba el consumo como forma de vida y proponía recuperar algo mucho más profundo: la conexión con el ser. Mientras muchos discursos ambientales ponen el foco únicamente en las consecuencias del deterioro del planeta, Zelmira señala otro origen posible de la crisis. "Hoy todo se plastifica, todo se vuelve artificial. Nos creemos libres y estamos constantemente condicionados por una publicidad que genera falta y vacío. Hoy no respetamos los paisajes porque no nos respetamos a nosotros mismos. Si conociéramos y amáramos nuestro verdadero ser, nos sería mucho más agradable la vida". Se trató de un libro pionero que reunió las fotografías de Marcos Zimmermann, textos de la propia Zelmira y obras de Nicolás García Uriburu. La propuesta era inédita para comienzos de este siglo: recorrer algunos de los paisajes más valiosos del país y mostrar, mediante fotomontajes, cómo podrían verse si fueran destruidos por la intervención humana.Buscaba generar conciencia. "Fue un trabajo muy profundo. Recorrimos aquellos lugares que corrían riesgos de ser intervenidos para estudiar cómo podían preservarse y qué respuestas concretas podían darse".  Zelmira habla de estos temas con la misma pasión con la que describe una pintura. Actualmente dedica buena parte de su tiempo a colaborar con iniciativas destinadas a proteger las palmeras de Piriápolis. Lo vive como una responsabilidad porque para ella cada especie forma parte de una comunidad de la que también somos parte.

Pintar lo que se ha vivido

"Si vivo en amor sincero, la suerte me encuentra solita..." se escucha despacito

Las flores ocupan un lugar central en su obra, pero nunca aparecen como simples ejercicios botánicos. "Las flores son las Diosas en la Naturaleza. Son la belleza femenina en su máxima expresión. Amo las flores. Me gusta conocerlas y vibrarlas. Leer sobre ellas y pintarlas". La palabra que más repite es vibrar.No observar.No copiar.Vibrar. Algo similar sucede con sus selvas.No nacen de fotografías ni de la imaginación.Nacen de haberles puesto su cuerpo.

de la serie Pagamento- acuarela - 2024

Las selvas de Colombia

Uno de los momentos decisivos de su vida fue la invitación a exponer en el Museo de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, Colombia. Ese viaje la llevó hasta Ciudad Perdida, atravesando durante varios días la selva tropical. Recuerda el calor sofocante, la humedad permanente, el agotamiento físico y la emoción de caminar por uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta. "Llegar al corazón de América fue una experiencia mística de unidad del cielo en la tierra. Vivirlo, sudarlo, caminarlo hasta llegar a la deshidratación (tuvieron que inyectarme cortisona porque casi moría), recuperar fuerzas y seguir fue una experiencia de una intensidad inmensa. Intenté, y sigo intentando, pintar esa fuerza vital"

En las selvas de Colombia

Entonces se entiende que esas selvas no representan únicamente árboles. Representan una transformación interior. Las selvas para Zelmira son esa abundancia de vida, de verde, la intensidad de colores, la biodiversidad en su máximo esplendor y poder transmitir esa fuerza vital es lo que la motiva. En sus telas el verde nunca es solamente un color. Es energía. Es una celebración.

Obra expuesta en Museo de San Pedro Alejandrino, Santa Marta, Colombia

Dos casas, un mismo horizonte

"Vibrando bonito, con el corazón clarito..."

Hoy Zelmira Peralta Ramos divide su vida entre dos lugares que, aunque separados por el Río de la Plata, parecen hablar el mismo idioma. Uno está en San Isidro. El otro, en Piriápolis. En Buenos Aires vive en Paraje de Almas, su casa, taller y galería, un espacio donde recibe amigos, trabaja y vuelve cada vez que quiere reencontrarse con sus hijos, su nieta y su familia. En Uruguay, en cambio, está Los Paraísos, la antigua casa sobre el cerro San Antonio que descubrió casi por casualidad y fue recuperando con paciencia hasta convertirla en un refugio creativo. Ambos lugares son una elección de vida.

"Vivo entre San Isidro y Piriápolis. A mis raíces volví" nos cuenta entusiasmada, "haber criado a mis hijos conectados con la naturaleza fue una de las mayores alegrías de mi vida" Habla de sus hijos con el mismo orgullo con el que habla de un árbol centenario. En su relato no existe separación entre familia y paisaje. San Isidro también tiene un profundo significado afectivo. Allí están las raíces. En esas barrancas sobre el río siente que la historia familiar sigue respirando. Piriápolis, en cambio, representa otra dimensión."Piriápolis es una ciudad mística, creada por un alquimista. Mi casa queda sobre el cerro San Antonio, junto a Stella Maris y frente a Punta Imán, un lugar donde la brújula no marca el norte. Es un vórtice energético" Zelmira no describe un sitio turístico.Describe un estado del alma.

Conversar con Zelmira es comprobar que su pintura no termina en el borde del bastidor.Está en la manera en que cuida una casa antigua.En cómo recuerda a sus abuelos.En la emoción con la que habla de una palmera amenazada.En la gratitud hacia quienes le enseñaron a mirar.Está también en la música.

"Es frecuencia, es coherencia. Lo que sembrás en el pecho se vuelve tu experiencia" suena Sol Prendido. Y así ocurrió en la historia de Zelmira Peralta Ramos. Todo lo que sembró durante su infancia volvió convertido en pintura.Los rosales de su bisabuela.Las tardes pintando junto a su abuela.Los árboles nombrados en latín por Alejandro von der Heyde.Las vendimias mendocinas.Las palabras visionarias de Federico Peralta Ramos. Todo terminó encontrando un lugar en su obra. "Todo lo que damos por perdido, en algún lado está. Será cuestión de sentarnos a mirar cómo vuelve. Las hojas que cayeron en otoño renacen con la primavera. Todos llevamos una primavera en el alma. Detengámonos. En la quietud encontraremos el silencio para poder escucharla. Aprendamos a esperar; ella siempre vuelve".

Zelmira nos recuerda que la naturaleza es el lugar al que, tarde o temprano, todos volvemos.

"Que sí es música, tócala. Que si es arte, píntalo..." escucho el último acorde de Sol Prendido.Efectivamente en la obra y en la vida de Zelmira Peralta Ramos, ambas cosas suceden al mismo tiempo.

Zelmira Peralta Ramos en PA2026

Acuarelas y bordados

del 7 al 9 de agosto en el Centro de Eventos del LATU, Montevideo, Uruguay