Nota publicada online

viernes 4 de septiembre, 2020
Eduardo Longoni en vivo
Hacemos Arte Online desde su casa
Eduardo Longoni en vivo

Eduardo Longoni es un reconocido fotógrafo documentalista con imágenes icónicas que han atravesado fronteras dando visibilidad a las injusticias cometidas contra la sociedad en épocas de dictadura militar y principios de democracia en Argentina. 

Desde Arte Online nos reunimos para conversar sobre su ensayo Infancia proyectada, un proyecto atípico dentro de su corpus de obra presentado en la edición Baphotolive 2020

El mismo Longoni señala lo disruptivo en este ensayo. Un trabajo autorrefencial, realizado en el interior de su casa y no en el afuera, en el cual rompe una de sus premisas sobre pasar desapercibido ante la mirada del otro para ser capturado por la mirada de su madre. Pero, así como el zorro no pierde las mañas, el tampoco escapa a su énfasis documentalista donde transforma esas imágenes en proyecciones sobre recortes de la niñez, en señalamientos sobre lugares comunes a todos, los cuadernos de primaria, el tiempo del juego, los primeros aprendizajes. 

Infancia proyectada

"Hacer fotos era una ceremonia familiar. Y detrás de aquella Kodak Fiesta siempre estaba mi mamá. Había que cuidar aquellos rollos que eran caros, y una vez terminados viajaban hasta los Estados Unidos para ser revelados. Al mes, con suerte, volvían con la leyenda made in USA en marquitos de cartón.

Eran fotos que no formaban un álbum familiar, porque solo servían para ser proyectadas en la oscuridad, sobre alguna pared. Allí me veía en mi primer día de clases en Mar del Plata, intentando andar en la bici sin rueditas sostenido por la mano de mi viejo, en la playa o disfrazado de pirata en medio de las lanchitas de pescadores. Mi pasión por los kartings también estaba retratada. Obviamente la primera comunión y en algún cumpleaños rodeado de globos.

Estas diapositivas estuvieron extraviadas durante años, de mudanza en mudanza. Y, por esos azares de familia, aparecieron en un placar de la casa de mi vieja prolijamente ordenadas dentro de una primorosa valijita. Por años miré esas fotos con ternura, también pensando en qué hacer con ellas. De cierta manera representan la prehistoria de mi vida como fotógrafo. Mi vida del otro lado de la cámara.

En un mueble de trastos viejos que mi mamá no revisaba hacía siglos encontré algunos cuadernos de mi primaria. En ese momento se me superpusieron ambas imágenes. Mis fotos de la infancia con aquellas primeras letras y dibujos de primer grado. Son esos breves instantes de claridad en los cuales es posible unir partes que estuvieron separadas durante años. Por fin se me había ocurrido como indagar en mi infancia.

Estuve semanas eligiendo las fotos que más me gustaban y las páginas borroneadas de mi primaria. Fueron días de encierro en mi casa. De proyectar una y otra vez las antiguas diapositivas sobre los cuadernos. Intentando que se complementaran. Fue divertido y emocionante. Me vi chiquito, con rulos rubios y cerca de mucha gente que ya no está. Me gusta después de tantos años de fotografiar los acontecimientos cotidianos haber vuelto la mirada hacia mis orígenes. Pero más me gusta pensar que estas fotos que resultaron tienen una doble mirada. La de mi mamá y la mía." Eduardo Longoni

Los siguientes dípticos que pertenecen a la serie Infancia Proyectada pueden verlos en la galería Arte Online -link disponible aquí- en la feria BAphotolive

Destiempos

"La noción del tiempo me atormentó desde la infancia. No podía entender cómo a mis padres les parecía que el año había pasado "volando" si a mí me había resultado eterno y tedioso. No me daba cuenta que empíricamente empezaba a comprender que la idea del tiempo solo es única y perfecta en la cabeza de aplicados relojeros suizos. Para el resto de los mortales hay múltiples tiempos, los interminables tiempos de la espera, los fulminantes segundos previos a un accidente, las morosas horas de la siesta en la niñez.

Recorrer los oscuros pasillos de la Cartuja San José en Deán Funes apenas surcados por monjes encapuchados y dejarme llevar por los cantos gregorianos que entonan por las madrugadas, me condujo siglos atrás. A un tiempo que nunca viví, pero al que me sentí transportado por la atmósfera medieval. Sentir cómo en Casabindo cada 15 de agosto se parece al anterior y al anterior del anterior, hasta remontarse a los años de la conquista. La mezcla de catolicismo y costumbres de la Puna se traduce en sacrificios de animales en honor a la Virgen y una corrida de toros en una plaza amurallada. Sus pobladores repiten el rito como si los días, los meses y los años no tuvieran lugar.

Y en lo que fue la Villa Epecuén tapada por las salitrosas aguas de la laguna ver ahora, tras la bajante, que sólo quedan esqueletos de casas, troncos de árboles pintados de sal y Cristos lastimados desprendidos de las lápidas del cementerio de Carhué. El pueblo vivió años sumergido y fue entonces cuando detuvo su pulso por completo. En la colonia menonita de Gautraché, por el contrario, siempre falta el agua, por sus calles polvorientas sólo pasan carros tirados por caballos, y en los establos pude observar que aún se ordeñan las vacas a mano, no se escucha música y cuando llega la noche a las casas las traga la oscuridad. No hay electricidad, no hay motores, hay un férreo apego a una cultura y a unas costumbres que no sufren cambios desde generaciones inmemoriales.

Los diablitos de la quebrada son el carnaval. Nada da comienzo si ellos no llegan. Pero también representan las dos caras de la fiesta, el descontrol, y la tristeza. Participé de una de las invitaciones que le realizaron a la comparsa "Los alegres de Uquía" a una casita de adobe colgada de la montaña. La celebración pagana, la Pachamama, la chicha y el baile, la religión católica, fueron formando por siglos una amalgama que se mantiene a través de los tiempos. Esos tiempos que parecen detenidos en estas historias que se entrecruzan a la distancia, desparramadas por la geografía del país.

Tiempos sin tiempo, destiempos." Eduardo Longoni

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