17 junio 2019

Nota publicada online

martes 14 de mayo, 2019
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Bienal de Performance 2019
Gisèle Vienne, inauguró la tercera edición en el Museo Nacional de Bellas Artes
por Marina Oybin

La primavera pasada: una precuela, de la dramaturga, artista plástica, marionetista, coreógrafa y directora francesa Gisèle Vienne se podrá ver en el Museo Nacional de Bellas Artes junto a la exposición fotográfica 40 retratos 2003-2008.

En la sala en penumbras, con extraña cadencia, un robot autómata y su marioneta mantienen un diálogo espeluznante. “Los ojos de Charles daban la impresión de haber sido arrancados de la cara de algún chiquillo particularmente estupidizado para después volver a ser atornillados en sus órbitas a la fuerza, desde donde irradiaban cierta cordialidad a la vez que no te reclamaban ni un gramo de ansiedad ni de compasión”, dice la marioneta mirando al robot, que encarna a un adolescente.

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Estamos en LAST SPRING: A Prequel y 40 portraits 2003-2008, magnífica exhibición que incluye una instalación performática y una serie de fotografías de la artista, coreógrafa y escenógrafa francesa Gisèle Vienne (Francia, 1976), con la que la Bienal de performance inauguró su tercera edición, en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Al diálogo que sumerge al espectador en un universo esquizofrénico, se suman 40 retratos de esculturas con formas de muñecos, inspirados en personas reales y en pinturas del artista belga Fernand Khnopff. Para pintar las fisonomías con técnicas del siglo XIX, Vienne tuvo como modelos actores y bailarines. El resultado: potentes esculturas que aluden al pasaje del arquetipo de la lolita de la famosa novela de Vladimir Nabokov. Hay lolitas, lolitos y seres andróginos en plena metamorfosis. Al salir de la muestra resulta imposible olvidar esos rostros de mirada evasiva, bellos y, al tiempo, siniestros.

Gentileza BP.19 Foto: Marino Balbuena

 

Vienne, que tras terminar sus estudios de filosofía se dedicó al arte, cuenta que sus padres “no tenían demasiado dinero, pero si necesitaba un libro eso era como si necesitara pan”. Hoy, reconoce, está obsesionada con la cuestión de la percepción, el silencio y la inmovilidad. “Me interesan las diferentes capas del lenguaje. Hay, además, voces y sentimientos a los que les puedo poner palabras y otros a los que no”, dice la artista, que trabajó en esta obra junto al escritor Dennis Cooper, su compañero de aventuras en muchas creaciones.

 

Gentileza BP.19 Foto: Marino Balbuena

En la sala del segundo piso de nuestro mayor museo convertida en universo ominoso, las figuras devienen ambiguas, inclasificables. Puro enigma. 

AOL- Hoy, ¿qué cree que aporta el arte a nuestra sociedad?

VG -Es importante recordar que el arte desde hace poco es independiente de la religión. Pero, creo que también es una experiencia estético - artística la que uno tiene con la religión, con los rituales, con las ceremonias. El origen del arte y del teatro es religioso y ritual. Creo que el hecho de que hoy el arte puede encontrarse separado de la religión no debería minimizar la importancia de la experiencia artística. Por no estar vinculado con la religión no deja de ser esencial. La experiencia del arte es un lugar donde se puede tener un diálogo muy íntimo con uno mismo y al mismo tiempo con la humanidad; donde se puede tener una comprensión, investigando tus propios sentimientos, tu alma, los seres humanos, el mundo, la sociedad y la forma en que uno percibe la sociedad. Creo que debe ser un sitio donde uno tiene grandes preguntas y es también un espacio muy íntimo. Me interesa mucho que se genere un espacio para la intimidad y la historia de cada espectador. Pero creo que esto hoy se está perdiendo. Es confuso qué es el arte hoy. Y a veces el arte está más relacionado con el entretenimiento, que es necesario, claro, pero que es una experiencia diferente.

AOL: El arte, entonces, ¿propicia y está vinculado con las preguntas filosóficas?

VG: Sí, exacto. La razón por la que pasé de la filosofía al arte es que realmente creo que hay una inteligencia física, que se puede articular con el cuerpo. El cuerpo también está pensando. Hay una inteligencia física que ayuda a expandir el espacio del pensamiento. Si uno no escucha la experiencia física se puede llegar sólo hasta cierto punto en la forma racional del pensamiento. El arte es importante porque es una buena articulación entre lo racional y el pensamiento físico.

 

40 retratos Giséle Vienne

La instalación performática y la exposición fotográfica pueden verse hasta el 31 de julio. Martes a viernes, de 11 a 20 h; sábados y domingos, de 10 a 20 h, en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473 - CABA) con entrada libre y gratuita.

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