El Museo Nacional de Arte Decorativo presenta la XIV edición de la Bienal de Arte Sacro Contemporáneo. Organizada por la Fundación Vetrano y La Santa Faz, bajo la dirección y curaduría de María Pimentel de Lanusse, podrá visitarse hasta el 3 de mayo.
Museo Nacional de Arte Decorativo, sede de la XIV edición de la Bienal de Arte Sacro Contemporáneo
En este tiempo suspendido de Pascuas, recorrer la Bienal de arte sacro es sumergirnos en una vivencia común donde 79 miradas distintas se vuelven una sola pregunta por lo sagrado. Cada artista, desde su propio lenguaje, revela también su íntima conexión con lo espiritual: un hilo invisible que atraviesa obras y sensibilidades. Ya sea en el pulso de una pintura clásica, la devoción silenciosa de un retablo, la memoria tejida en un textil intervenido o la vibración del color en una forma abstracta. Cada pieza abre un umbral: no se trata solo de ver, sino de dejarse atravesar. En ese tránsito, la belleza se revela como lenguaje múltiple y, a la vez, unificado; porque si Jesús es la belleza de Dios hecha humanidad, entonces toda luz, toda materia, todo gesto de verdad y de amor que habita en estas obras parece susurrar su presencia. Y así, en cada color, en cada herida y en cada forma, algo vuelve a encenderse: la posibilidad de que el mundo, otra vez, se enamore de su belleza.
La ceremonia de apertura contó con la presencia del Monseñor Daniele Liessi, consejero de la Nunciatura Apostólica; el Presbítero Eduardo Pérez dal Lago, presidente de la Fundación La Santa Faz; y Hugo Pontoriero, director del Museo Nacional.
Con una participación récord de más de 1250 artistas de todo el país y muchos internacionales, el jurado de selección, compuesto por Ernesto Ballesteros, Xil Buffone y Santiago Villanueva eligió las 79 obras que se exponen en el Museo Decorativo. José Emilio Burucúa, Marcela López Sastre y Julio Sánchez Baroni, integrantes del Jurado de Premiación, dieron a conocer a los ganadores el día de la inauguración.
Blas Aparecido con la obra Mis Chinas Viejas
Respecto a la obra, es una manta de la peregrinación por el interior de mi provincia, - El verano más largo de la República - visitando algunos de los cincuenta y siete primos hermanos que tengo por parte de padre, recolectando ponchos, mantas y textiles que en la vernacularidad rural se reusan o se olvidanhasta desaparecer. En el acopio se ancla el recuerdo de una de las tías abuelas alistándose pre madrugadas para ir a ordeñar las vacas de corrales chicos. Colocándose una manta de lana blanca al mismo momento en que exclamaba; “ninguna casa de Dios!” era como me respondía a mi pedido de que se quedara conmigo en la cama un rato más ya que hacía mucho frío afuera. Esa Virgen de Itatí aparecida en la manta es para la tía Teté y a las doñas lecheras, pero en particular a ella ya que fue la que me enseñó aquello de que Dios mora en nosotros como su casa y nosotros somos el templo en donde él mora. + “Mis China Viejas” es un nombre en el informal lenguaje del rural correntino.
El segundo premio Ignacio Cassas con Veo desde un estómago
Las aguas me rodearon hasta el alma; rodeóme el abismo, el alga se enredó en mi cabeza. Versículo de Jonás. Diremos que el abismo acuático es la web: lugar sin
jerarquías y de vínculos caóticos.
La mención fue para Ramiro Pasch, Logos
Logos es una obra que propone al espectador el acto de la creación y del descubrimiento; lo conocido y lo por conocer, lo terrenal y lo divino, todo se conjuga sobre la tabla. El espectador avanza y retrocede en el juego dialéctico de la creación, entre lo que se ve y lo que se oculta. Ingrávida y luminosa en apariencia, firme y estoica en su dimensión física, la tabla ofrece un escenario de opuestos: el velo esboza tímidamente una figura, mientras el granado expande su exuberante fertilidad por detrás. Lo que es y lo que podría ser; un matrimonio simbólico de los opuestos. Logos es paradoja, porque sólo la paradoja constituye un vehículo adecuado para representar lo inasible; sólo en los opuestos puede habitar lo divino.
Ramiro Pasch, recibió la mención por su obra Logos
El premio estímulo, lo recibió Leonardo Cavalcante con su obra Suspensión
La obra continúa una investigación sobre la memoria y la fragilidad de los vínculos y acciones que estructuran y sostienen nuestra existencia. Una figura negra, acostada, suspendida dentro de un módulo ortogonal de madera, encarna la tensión entre el peso del cuerpo y la levedad del espíritu.
La geometría, asociada a múltiples sistemas de pensamiento, actúa como metáfora de una red neuronal o espiritual: un andamio de recuerdos, influencias, silencios y pérdidas que intenta sostener lo que se desvanece.
Marcolina Dipoierro (Mención del Jurado)
Esta obra indaga sobre la utilidad accesoria o funcionalidad que se desprende del diseño en la relación entre
diversos objetos y materialidades. Aborda y explora esta ambigua dialéctica, revelando búsquedas armónicas entre lo racional y lo vital. Lo sagrado no aparece como dogma, sino como una energía latente por la relación entre fuerzas: en la contención, en el silencio que se produce entre materia y espacio. Vibración que atraviesa la superficie de lo construido, transformando lo técnico en una experiencia de mcontemplación. El gesto estético se transforma en rito: un intento de conectar lo técnico con lo vivo, con lo sensible,
donde los cuerpos se adaptan, resisten o ceden. La obra habita ese intervalo: un lugar donde lo funcional se vuelve umbral, donde el diseño se transforma en ofrenda. No pretende erigirse, sino permanecer en el devenir de lo incierto que revela lo invisible.
El Primer premio lo obtuvo Blas Aparecido con la obra Mis Chinas Viejas ($ 3.000.000). El segundo premio Veo desde un estómago de Ignacio Cassas ($ 2.200.000). La mención, por su parte, fue otorgada a Ramiro Pasch,Logos ($1.200.000). El premio estímulo, lo recibió Leonardo Cavalcante con su obra Suspensión ($800.000). En esta oportunidad la Bienal otorgó también dos menciones para Marcolina Di Pierro y Gaba De Dios ($250.000 cada una).
Vista de sala
La Bienal de Arte Sacro, iniciada en 1986 por monseñor Vetrano, atravesó interrupciones tras su fallecimiento hace veinticinco años. Hoy celebra su XIV edición en el Museo Nacional de Arte Decorativo, con 79 obras seleccionadas entre 1.250 artistas.
Impulsada por el padre Eduardo Pérez dal Lago —sacerdote y pintor—, la Bienal propone un encuentro entre arte y espiritualidad. Su mirada invita a los artistas a explorar esa “sed de infinito” que habita en toda persona, y a expresarla a través de la belleza.
En esta edición contemporánea, la Bienal abre el diálogo con la cultura actual y aborda lo trascendente más allá de las religiones, enfocándose en cómo cada artista se vincula con lo divino o con aquello que lo excede. La propuesta prioriza la profundidad estética por sobre el simbolismo explícito.
La directora y curadora, María Pimentel de Lanusse, organizó la muestra en cinco secciones, pensadas como modos de experiencia de lo sagrado. A partir de los textos de los artistas, fue trazando un recorrido donde conviven lenguajes diversos: desde iconografías tradicionales reinterpretadas hasta obras abstractas donde lo espiritual emerge a través del color y la forma. Así, la exposición se vuelve un espacio de múltiples miradas, donde lo sagrado no se impone, sino que se revela de maneras íntimas y singulares. Los ejes umbral, dolor, rito, devoción y revelación estructuran un recorrido con cinco modos de atravesar la experiencia de lo sagrado en el arte contemporáneo.
Vista de sala
El umbral alude al pasaje y a la apertura interior.
Diana Aisemberg, Ojos del Cielo
Forma parte de la serie La clase media va al paraíso. Dicha serie está compuesta por trabajos montados sobre soportes de materiales en extinción donados por personas amigas, como telas labradas, bordadas a mano, encajes que se usaron como sábanas, toallas, manteles, empapelados para paredes que se popularizaron como un elemento común en casas de clases adineradas. Son artículos de lujo que han perdido su halo de esplendor. El toroide que flota en la tela es una línea de dorado a la hoja, material que invoca gloria y nobleza. Es una forma matemática y geométrica que gira alrededor de un eje con un agujero central. Aquí en su centro, el ojo que todo lo ve y está presente en todas partes. El ojo de cielo, nombrado como ojo de Dios por algunas religiones, es un símbolo espiritual de protección y conexión con lo divino.
Hernán Salvo. UMBRAL. La materialidad de la obra nos propone una profundidad, el tajo en el plano nos hace adentrarnos en un mundo más allá de lo material. Es una pregunta metafísica, ¿qué hay detrás de la obra? Una invitación a experimentar un estado meditativo, y reflexionar acerca de lo esencial de las cosas ¿acaso existe una divinidad por detrás de nuestro mundo material tangible? La luz por detrás del plano de fondo, es una instancia inmaterial que nos hace pensar en una presencia por detrás de toda la materialidad.
José Marchi Elevación
La obra "Óleo sobre madera" es parte de una serie de trabajos donde intervengo pictóricamente libros de arte usados y objetos encontrados. Toma su título de la reproducción en blanco y negro de una talla en marfil del siglo XIV. Al intentar registrar y sostener la particular inclinación de las figuras talladas en marfil con una regla T, resultó inevitable intentar pintar con óleo blanco y negro los fragmentos que se ocultaban bajo la madera.
El dolor aparece como herida y posibilidad de transformación.
María Causa REQUIEM
es una obra que nace desde el dolor de una perdida (de mi hna). Cada cuenta realizada es la corporización del dolor que a modo de mantra, fue realizada esfera por esfera con fragmentos de deshechos de pequeños objetos cotidianos (botones, arandelas etc) cubiertos por una capa de color negro "cósmico". La transformación se da con el desprendimiento de una de las esferas que muta en luz dorada. El trabajo tuvo un ciclo de una década, aproximadamente.
Leandro Gómez Guerrero, El Cristo del Carrito
Cuando tenia 17 años recibí mi primer encargue. Fue justamente el Padre Cacho, que tomando unos mates en la casa de mis padres, me pidió que pintara un cuadro con una visión que había tenido: el “Cristo del Carrito”. Entonces me explicó que él fue a buscar a Cristo entre los más pobres, se fue a vivir en la zona de Casavalle
en las afueras de Montevideo, y lo encontró en la gente. Pero también lo encontró figurativamente, en la imagen del hombre tirando de las varas del carro cuando sale
a buscar en la basura recorriendo las calles para poder vender algo y llevar el pan a la mesa. Allí vio a Cristo crucificado.
Leonardo Guardianelli. La Vía dolorosa
“La vía dolorosa” retoma el motivo iconográfico del “Ecce Homo” proveniente del vía crucis, al cual incorpora clavos reales en lugar de la corona de espinas, atravesando literalmente la bidimensionalidad del dibujo. Estos clavos, símbolo de la crucifixión y de la carpintería, conectan la figura de Cristo con su dimensión humana y laboral.
Gabriela Gaetano El ícono Cristo, Esposo y Rey invita a contemplar el misterio de un Dios que reina desde la cruz. Coronado de espinas y revestido con el manto púrpura, muestra una realeza nacida del amor, no del poder.
El rito inscribe lo sagrado en el cuerpo y en el tiempo, articulando memoria y presencia.
Antonio Morales. Amor, fiesta, devoción
En la obra, el color carmín se impone como un signo vital: pigmento de la sangre y de
la flor, del deseo y del sacrificio. En su intensidad habita la memoria del fervor popular,
la persistencia del rito y la emoción que se comparte en comunidad.
El textil, tejido en telar y abierto en pliegues, respira como un estandarte o un telón
dispuesto a revelar una escena. Su forma convoca al acto devocional, al baile y a la
procesión; al gesto colectivo que celebra y agradece. Los flecos prolongan el cuerpo de
la obra hacia el aire, expandiendo su energía y su ofrenda, como si el tejido buscara
continuar fuera de sí, en el movimiento de los cuerpos que lo miran.
Marcela Bosch Pequeña Casa. Una antigua casulla intervenida fue el germen que dio lugar a la creación de mundos artificiales, de acumulaciones y crecimientos aleatorios. Esta pieza busca crear un tejido de sentidos que parte de la idea de la naturaleza como un lugar de orden y desorden, de belleza y conflicto, de vida y muerte.
Diego Alberti "La Respuesta de los dioses" es una instalación electrónica. Un tapiz fabricado con 2048 LEDs soldados a mano sobre una estructura de 500 metros de alambre de cobre desnudo. Un microcontrolador ejecuta un algoritmo simple, iterativo y repetitivo, generando patrones simétricos que se despliegan y mutan continuamente, formando una animación dinámica que invita a la contemplación y la meditación.
Para los Aimara, una población originaria que habita el NOA, al tejer sus aguayos, si una falla acontece, esta no es considerada como tal sino que es considerada una intervención de la Divinidad que se manifiesta señalando la falibilidad humana. Esta obra es entonces un guiño a las tecnologías digitales en vínculo con las tradiciones ancestrales del norte argentino y otros países de la región. Este entretejido de datos genera patrones espontáneos que trascienden lo técnico, conectando prácticas ancestrales con circuitos digitales, cuestionando la acumulación infinita de información.
Magdalena Holmberg. Senderos
Esta pieza comenzó a gestarse cursando “Mi imaginario propio, el bordado como proceso creativo”, con la artista Mariana Guagliano. Surge como una forma de preservar la frazada de su uso natural (abrigar el descanso), y así salvarla de su deterioro final. El diseño del soporte y mi universo simbólico empezaron a potenciarse mutuamente para ir trazando caminos de descanso y abrigo, ésta vez, interiores. Silencio y asombro, silencio y alabanza, trabajo y reparación hacia afuera y hacia adentro.
La devoción expresa la perseverancia del vínculo y la entrega.
Pablo Zicanello. Pasajeros
Fragmentos de súplicas recogidos en transportes públicos, son escrituras mínimas que al ser transcriptas al metal se desprenden de su precariedad y se mueven hacia otra esfera de sentido. Un mensaje del pasado fijado eternamente. En el brillo del bronce cada caligrafía es la evidencia de una existencia única, lo cotidiano se transfigura; lo profano —el pedido de una moneda, la necesidad— se vuelve signo luminoso. Como exvotos laicos, estas placas devuelven al espectador su propio reflejo, revelando que lo sagrado no está fuera de lo humano, sino en la huella anónima que persiste, en la mirada que se reconoce en la profesión de una falta.
Nicolás (GALAXIA) Nesci. Magnífica presencia
La presencia que habita esta obra es un sol con pupilas de perlas, cuerpo femenino, es el día que nace. Ella yace sobre media esfera en cuadriculas, que simbolizan el mundo. En una mano un corazón doble, el amor en movimiento, y en la otra la llave, que permite abrir las puertas internas. Los rayos fluctúan en tamaño, son violeta metálicos y se entrelazan con el rubio de sus cabellos. El vestido es de oro, una estructura dura y pesada, para poder habitar este mundo hostil de modo hermoso, profundo y misterioso. La imagen es una especie de vitró textil, su rostro es transparente y deja pasar, paradójicamente, la luz. No hay dudas que el sol es quien da a este planeta la vida, su sabiduría es infinita y su calor y amor nos hacen crecer. Es una presencia santa, sagrada, que gracias a su constancia nos deja ver la luz que yace trasmtodo velo, tras todo tul.
Lorena Ventimiglia. Resplandor.
Resplandores, luces de óleo donde no quiero ilustrar ideas, ni crear sentidos, ni relatar nada, sólo alojar un enigma. Cada pintura revela una vibración cromática sutil que emerge de la materia misma. El color no es un complemento: es cuerpo y atmósfera. Pura presencia. Las obras se construyen en una tensión constante entre control y deriva. Invitan a una mirada que se demora y a un detenimiento para ser percibidas. Busco en ellas que quien las mire sienta un aquietamiento de la mente, una suspensión con el afuera y se deje llevar hacia una deriva cromática sutil, donde se impone la calma. Pinturas que no empujan, invitan. Mi obsesión con ellas es que el color no revele su transición pero sí su transformación que resplandezcan desde adentro. Porque en ese espacio sutil hay una verdad. Ahí ocurre algo que no sé nombrar, pero que se impone con fuerza, la materia pictórica a punto de evaporarse. El poder de lo suave.
La revelación nombra la irrupción del Misterio, allí donde lo invisible se deja entrever.
María Marcela Chichizola Trascendiendo. Al llegar a este mundo ¿venimos en blanco? Según la ciencia traemos una carga genética que nos configura y muchas veces nos limita. Somos lo que somos porque fueron lo que fueron nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros ancestros. Somos baúl de experiencias encriptadas, nuestra riqueza y nuestro karma. Somos nosotros y los nuestros, nosotros y los demás. Una gran familia humana que trasciende las fronteras del tiempo y en el tiempo nos proyecta hacia futuros prolíficos. Honrar las experiencias heredadas es el camino para nuestra evolución y el legado para las generaciones que nos sucederán. Vivir, ese es el legado. En esta obra los círculos, símbolos de infinito y eterno, representan las generaciones de mi familia que configuran mi vida y a las que estoy aprendiendo a honrar, porque estuve en sus vidas y ellos están en la mía. Los ángeles, como mensajeros de experiencias vitales y como imágenes de la dimensión espiritual que somos y permanece. Es por lo que los círculos están en el mismo nivel y giran representando la trascendencia de la vida física, la vida inmortal.
Carlos Martín Canale. Bambino de Praga
Esta caja-objeto propone una relectura contemporánea del Bambino di Praga, integrando tradición y lenguaje plástico actual. La imagen sagrada, custodiada en un nicho enmarcado por maderas rústicas y azules desgastados, dialoga con fragmentos de colores, corazones y texturas que evocan lo popular y lo íntimo. El uso de papeles y collages aporta una dimensión simbólica: la fe como mosaico de experiencias, memorias y afectos.
Alberto Conde Triptico de la natividad de 70cm x 35cm
Pintura al temple (emulsión de llema de huevo y vino, más agua), sobre tabla entelada según técnicas de la antiguedad.
Verónica Di Toro, La partícula divina
“Siguiendo los rastros del azar, entendiendo éste como una fuerza casual e imprevisible, que determina las circunstancias sin intención previa,
Gaba de Dios El monolito es vertical como un rayo que conecta el plano inferior y el superior, es una columna
vertebral que cita el azul Klein y evoca los azules de Rothko donde el color crea planos espirituales,
invitando a la experiencia contemplativa y meditativa asociadas a la paz.
Fernando Loré. San Carlo Acutis.
Este ícono contemporáneo es una creación personal: líneas, composición y pintura. Nace de la oración y el estudio de su vida, así como de las formas de una de las fotos más
conocidas del Santo, integrándolo con las formas y técnicas tradicionales iconográficas. Su mano derecha señala al Niño Jesús en un Cáliz, Signo Eucarístico de íconos
tradicionales y objetivo de su registro digital. Completa la idea su frase: “La Eucaristía es mi autopista al cielo” Su mano izquierda sostiene un Rosario en su corazón, signo de su
devoción Mariana, su “escalera más corta para llegar al cielo”
En ese horizonte, la Bienal se presenta como un espacio donde el arte contemporáneo no solo dialoga con lo sagrado, sino que lo vuelve cercano y viviente. Como expresa el padre Eduardo Pérez Dal Lago, la belleza —encarnada, humana— puede ser un camino para reencontrarse con lo divino. Así, cada obra se ofrece como una posibilidad de mirada y de encuentro, capaz de reavivar, en quien observa, una emoción profunda: la de volver a descubrir la belleza que habita en lo esencial.
Declarada de Interes Cultural
La XIV BASC ha sido declarada de interés cultural por la Secretaría de Cultura de la Nación, cuenta con el apoyo y respaldo del Mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires y con el patrocinio del Dicasterio para la Cultura del Vaticano.