Nota publicada online
Claudia Aranovich presenta en el Centro Cultural Rojas una variedad de obras que incluyen esculturas, instalaciones, collages, cajas lumínicas y videos realizados durante los últimos diez años, algunas inéditas, en las que despliega sus indagaciones acerca de la memoria, la materialidad y el medio ambiente. La curaduría estuvo a cargo de Laura Casanovas.
Claudia Aranovich es una distinguida artista argentina de vasta trayectoria. Sus obras se hallan en colecciones públicas y parques de esculturas de la Argentina y de otros países. Ha participado en bienales como la de La Habana, Cuba, en 1991 y 1997 y la de Incheon, Corea, en 2009. Además ha recibido importantes galardones, entre los que se puede mencionar, el Gran Premio de Escultura del Salón Nacional de Argentina. Sus investigaciones siempre han abordado las posibilidades de diversas materialidades como la resina, la madera y la luz y, desde temprano, su trayectoria tuvo presente las preocupaciones acerca de las amenazas al medio ambiente, a todo lo que afecta a los ecosistemas y a las conexiones o fronteras entre lo natural y lo artificial.
El título de la exposición, escueto y enunciado en plural, arroja un término que permite explorar significados que no se agotan en las definiciones normalizadas por las academias, sino que se expanden gracias a su potencia metafórica. Un abismo puede ser entonces, una profundidad imponente y peligrosa o una realidad o diferencia inmensa según las convenciones aceptadas. Sin embargo, las figuraciones primordiales de lo insondable, lo incomprensible, lo inefable, asociadas a un gran riesgo y al mismo tiempo a una inevitable atracción, hacen que la palabra abismo crezca en volumen, induzca a la imaginación y aproxime la vida a un singular vértigo.
La exhibición, por consiguiente, tienta a acercar al espectador a esos espacios que abren otro tipo de perspectivas y ello, desde luego, no se agota en su literalidad, en las diversas aperturas abiertamente disponibles para el ejercicio visual. Más bien esos serían sus puntos de partida; administrados umbrales desde los cuales los cuerpos deben involucrarse y adoptar posturas, moverse, dejarse atraer y traspasar llevando consigo los imaginarios y las reservas cognitivas necesarias para establecer las asociaciones y las apreciaciones que emerjan, espontáneamente o de modo ulterior, una vez que, atenuados los estímulos retinianos, éstos dejen paso a la actividad intelectual.
El recorrido de Abismos puede entenderse en tres etapas. En la primera, domina el motivo del árbol. Motivo insistente hecho signo, los árboles se suceden con mínimas variaciones en cuanto a su forma y no obstante, con delicadas pero significativas diferencias en lo que respecta a sus soportes y materiales. Se trata de árboles sin follaje, con escasas y recortadas ramas y un caudal de acentuadas raíces que permiten augurar sólidos cimientos. Salvo unas pocas excepciones, la mayoría guarda la misma longitud y en cuanto a su emplazamiento en la sala, es de resaltar que han sido colocados a la altura del espectador; factores ambos que los aproximan a una escala humana. En relación a la diversidad de materiales a los cuales Aranovich ha recurrido, se puede observar en la instalación Bosque luminoso (2021), la utilización de dos ramas con iluminación incorporada por detrás de ellas. En cambio, en el conjunto ubicado en un sector central, conformado por cuatro piezas realizadas entre el pasado y el presente año como El revés del árbol, El panal dorado y Arbol de gotas, la artista utilizó puertas de madera caladas con otros elementos entre los que se incluyen cera, o silicona, vidrio y papel tal como en la última mencionada. La restante de este conjunto, Arbol de papel, de menor dimensión, sólo está conformada por madera, cortezas y lana. Los contrastes de la instalación Arboles en transformación (2025/26), completan la serie. Se trata de dos árboles, uno en madera calada teñido de una clara iluminación y otro de igual tamaño dispuesto en forma invertida de color negro tal como si fuera su negativo.
Frente a éstos, se sitúa la serie de cajas acrílicas Memorias naturales (2020/23). En el interior de ellas se pueden apreciar hojas, restos de panales de abejas, radiografías, vestigios de textos donde se repiten sin orden sintáctico palabras como futuro, plenitud, incertidumbre, poesía, entre otras; fragmentos todos que semejan muestras de laboratorio listas para auscultar, testimonios de una pulsión vital en suspensión contenidos por sustancias industriales como resina poliéster o acrílico. Al lado de ellas, una pequeña obra en madera tallada retroiluminada, En el bosque (2024), exhibe una sugerente abertura, cuyos destellos son abrazados por dos lánguidos trozos de pino simétricos, que opera como una adecuada transición expositiva.
Acto seguido, dos esferas y dos grupos de semiesferas confeccionadas con resina, luz y otros elementos, recrean con particular sensibilidad la complejidad de los sistemas que albergan la vida. Las fisonomías, que actúan como desplazamientos de vistas planetarias, alojan en sus superficies los accesos a su contraparte: una lente que apunta a los misterios de los paisajes microscópicos. Esa doble y simultánea dinámica abarca una multiplicidad que define los aspectos fascinantes de, precisamente, la categoría de lo abismal: lo inconmensurable puede hallarse en lo exorbitante y en lo ínfimo. La mirada allana así, en esa práctica tecnificada, las diferencias entre lo universal y lo particular y resalta la importancia de considerar como una densa correspondencia todo aquello que conforma la supervivencia de las especies y la disponibilidad de recursos. Calados, aberturas, lentes, orificios, resultan, por lo tanto, los recursos puestos en juego en la poética de Claudia Aranovich para vislumbrar algo más que lo evidente.
Abismos cierra con un video que lleva el mismo título. En él se recrean paisajes ribereños acompañados por un poema del escritor español Rafael Alberti quien estuvo exiliado en Argentina algunos años durante la dictadura franquista. La incorporación de esos versos son un intento por recuperar la voz de una amiga de la artista ya desaparecida. Ella le había enviado por correo electrónico el poema hace años, pero éste había permanecido sin leer hasta hace poco tiempo y ahora, en este contexto, cobra una renovada emoción. En este sentido, también cabe indicar que la muestra está dedicada al artista Eduardo Gualdoni, compañero de vida de Claudia Aranovich, fallecido días antes de su inauguración y de quien además, se exhibe en homenaje una de sus pinturas,
Centro Cultural Rojas UBA
Av. Corrientes 2038 – CABA
Lunes a sábados de 10 a 20 hs
Hasta el 25 de agosto