Nota publicada online
Utopía, la sección joven de ARTEBA que concentra las propuestas y espacios artísticos considerados como emergentes, contó en esta oportunidad con la presencia de 16 galerías, 9 de las cuales participaron por primera vez. La selección estuvo a cargo de Juan José Cambre y de Santiago Villanueva.
El regreso de la feria y de la sección Utopía al Pabellón Amarillo de La Rural, estableció una diferencia respecto de las últimas ediciones en Costa Salguero. La facilitación de la accesibilidad al público, el entorno del clásico predio, que con sus propios festivales aportó al inicio un peculiar ritmo ecuestre foráneo al espacio común de ingreso y la coincidencia con una agenda de intensa actividad del mercado del arte en Buenos Aires, hicieron confluir una verdadera miscelánea de expectativas en torno a un evento que se encamina, créase o no, ya, a su cuarta década de existencia.
Una utopía designa una representación imagitiva o un proyecto de una futura sociedad cuya intención apunta a favorecer la vida de los seres humanos. El término ha sido caro a juventudes pertenecientes a generaciones pasadas. En el presente, gracias a la pandemia primero y al brote de otras mutaciones que sucedieron inmediatamente después, nos hemos acostumbrado más a pronunciar su antónimo: distopía; palabra, antaño reservada para un reducido número de lectores de ficción especulativa. Diferencias y especulaciones aparte, la palabra utopía parece seguir asociada a lo joven, y en este sentido, su apropiación para designar un sector de la feria continúa vigente.
De las 16 galerías seleccionadas para participar, 9 participaron por primera vez. Además de las porteñas, también estuvieron presentes espacios oriundos de Córdoba, Chaco, Salta, provincia de Buenos Aires, Tucumán, Punta del Este y uno itinerante cuya historia nació en Pinamar y que ahora reside en Madrid, España: un compacto abanico de heterogeneidad administrada que resulta un indicio de estimable valor para reflexionar acerca de la conexión actual entre los modos de representación, criterios de presentación de propuestas y de circulación y consumo de obras de arte.
Para Federico Fisher de GARRA, galería con base en Resistencia, en relación a su primera ocasión aquí, explicó que ha sido primordial mostrar obras que tuvieran potencia y que concentraran la poética y el respeto de las decisiones curatoriales puestas en práctica en las exposiciones realizadas en la sede de su provincia en los últimos años. En un lugar central del stand dispuso una obra del artista correntino Blas Aparecido: una gran cruz cristiana con la leyenda “Rechazo la mano tibia y tan cool de la fé snobizadora”. Este artista, suele trabajar con el imaginario devocional del litoral, el sincretismo y los santos populares. Siguiendo el principio de lograr un primer impacto fuerte, en Galería Lado D se exhibió una escultura de Lucero Ruzzante, en la cual un cuerpo a escala natural de una mujer, con el torso desnudo, es atravesado a la altura de su pecho y brazos por la pregunta “¿Así les sirvo?” El interrogante arroja al público un acto de entrega y al mismo tiempo de desafío. Según Manu Fernández López, la obra tuvo una gran recepción y resultó polémica teniendo en cuenta el contexto. Además, indicó que se tomó el cuerpo de la artista como molde para su confección, aunque se realizaron modificaciones a la altura del torso y cintura, más acomodadas a los estándares hegemónicos. En cuanto a la selección de artistas, afirmó que trataron de ser genuinos al hacerla, combinando artistas jóvenes con experimentadas como es el caso de Karin Godnic. El espeso cortinado negro de Fantasma sirvió de marco de contención de una totalidad visual que captó el interés de muchos. Su stand albergó obras de Oxiana Barreiro, Leonardo Sánchez. Justo Palleja, Juli Budassi, Florencia Romero, Quillén Mut, m1seria y Maitena. De esta última se exhibieron originales de dibujos publicados en la mítica revista Cerdos & Peces. A decir de Mauro Pierotti, codirector de este espacio con sede en el barrio de Almagro desde hace un año y medio, lo presentado apeló al riesgo ya que los imaginarios de estos artistas pudieron resultar incómodos, pero, al mismo tiempo, probaron cruces inesperados.
Entre quienes cubrieron aquí la cuota federal de esta 35 edición, es posible destacar a Dicha de San Miguel de Tucumán. El nombre de esta casa de artistas homenajea a la canción de Virus, Dicha feliz y tiene un aire pop que complementa sus intenciones de ser un espacio de encuentro, festivo, expositivo y de organización comunitaria que acompañe las necesidades de un territorio específico, otrora pujante, como el tucumano, hoy carente de apoyo tanto privado como gubernamental. María José Vera, su responsible, indicó, asimismo, la importancia de lo intergeneracional mediante la participación de artistas históricos como Fued Amin (1922-2005), por una parte y de experimentados vigentes como Rosalba Mirabella. En consonancia con esto, presentaron el libro Tucumán no existe, la fundamos todo el tiempo de Editorial Aguacero, donde aparecen desde artistas consagradas como Carlota Beltrame hasta jóvenes como Virginia Ríos. El libro vino a ampliar la propuesta del stand, “no es un cuerpo de obras, sino un cuerpo de artistas”, concluyó Vera. Pablo Martinez, encargado de Satélite de Córdoba, que está por quinta vez en ARTEBA, planteó que su política ha sido realizar un recambio año a año. En esta oportunidad, trajeron cuatro artistas. Dos nuevos: Florencia Breccia y Juan Gugger y dos con un recorrido ya probado: Valeria López y Gisella Mailén Scotta. Se trató de un stand dinámico donde se realizaron pequeños solos fecha tras fecha. Una obra de Florencia Breccia, Hola noche fue adquirida por la Fundación Hito Cultural. La provincia de Salta estuvo representada por BAC, galería de arte fundada hace diez años por Matías Bassani y que también debutó este año en la feria. Bassani, francamente entusiasmado desde el minuto uno, resaltó las expectativas positivas, la gran circulación de interesados y los contactos producidos. Su oferta consistió en artistas modernos como Raúl Brie y contemporáneos como Antonio Morales y los pertenecientes a un grupo originado en el Programa Di Tella 2024/25 integrado por Diana Teira, Nacho Fabio y Mateo Balbuena (Colombia).
La Mesa, que el año pasado recibió el Premio en Obra en la categoría de Artista por su exhibición individual en el stand de la galería, titulada La acción humana, el mal del siglo, volvió a presentarse esta vez con una narrativa que cruzó historia del arte y filosofía para concluir una trilogía. Si en sus anteriores participaciones invocaron a la Edad media y a las danzas macabras, luego al Mal du siècle del romanticismo, ahora la protagonista fue la naturaleza muerta o, si se prefiere, en palabras del propio galerista: “ese lugar en el que la libertad se realiza en la naturaleza y que es la muerte”. Así parecieron demostrarlo los bodegones metafísicos de María Langevin, las inefables cerámicas de Yoto o las obras de Benjamín y Félipe Alvarez, una de los cuales, Jarras (2026), fue adquirida por el Museo Moderno. Galería Casa Proyecto, de igual manera, se vio beneficiada por las adquisiciones. En este caso, la Fundación Tres Pinos se llevó Bad Bitch, de Belén Boeris. A decir de Florencia Bruno, su directora, pudieron exhibir obras destinadas a potenciales compradores que contemplaran diversas capacidades presupuestarias. Mostraron piezas también de Juan Tarraf y de Marina Alessio con un programa diario dedicado a cada uno de ellos. Pionera fue otra de las galerías de esta sección con experiencia en ARTEBA. Surgió en Pinamar hace 6 años y desde hace tres están radicados en Madrid. Expusieron piezas de Casiana Flores Pirán y de Sofía Alazraki, argentina residente en España que trabaja en el mundo comercial con marcas de muy alto nivel; mundo que trasladó a su obra desde un lenguaje crítico que tensiona la dualidad entre el placer y el vacío resultante del consumo. Cala Zavaleta, una de las directoras de la galería, mostró su satisfacción por la ubicación de Utopía este año que, desde su punto de vista, permitió una mejor integración entre lo emergente y lo tradicional y entre el público joven y el más experimentado.
Otras galerías participantes este año fueron Deskomunal, hipopoety, Palos, Triple frontera y Pólvora de Ciudad de Buenos Aires, Departamento 112 de Martinez, Provincia de Buenos Aires y Galería Cielo de Punta del Este, Uruguay.
Dentro del multiverso argentino, la discursividad del arte tiene el propio. Su más llamativa particularidad es permitir temporalmente la convivencia de mundos y sujetos que en otras circunstancias serían antagónicos. Este atributo, encuentra en acontecimientos como ARTEBA, quizá, su forma más expresiva y pintoresca. Durante unos pocos días un pandemonium compuesto de artistas, galeristas, ceos, filántropos, jubilados y estudiantes con entradas con descuento, brokers culturales, celebridades, docentes universitarios precarizados, funcionarios y un conjunto variopinto adicional de personas, asisten a la gran cita para estar al tanto del gran sistema de signos desplegados, tomar nota de las novedades que se adicionan a su jerga, realizar inversiones o incorporar obras a los patrimonios de las instituciones. Tal vez ese no lugar que significa la utopía, encuentre en la excepcionalidad una paradójica razón de ser.
