Junín 1930
El Centro Cultural Recoleta presenta Hijos de la Luna del artista Eduardo Molinari con la curaduría de Javier Villa en la sala J del CCR. A cincuenta años del último Golpe de Estado en la Argentina, Hijos de la Luna, de Eduardo Molinari (Buenos Aires, 1961), pone el foco en aquellas juventudes de los años setenta que optaron por no encajar. La aparente disyuntiva entre rock y guerrilla —frecuentemente simplificada entre la fuga o el compromiso— se revela aquí como un falso antagonismo.
“El rock no fue únicamente un refugio hedonista ni la guerrilla pura máquina ideológica. Ambos compartieron una misma matriz de intensidad: la búsqueda de formas de desobediencia que disputaban los modos de vida disponibles. Si la militancia revolucionaria proponía una toma del poder, el rock ensayaba una toma del cuerpo y la sensibilidad.”, expresa Javier Villa.
“Mientras que el universo contracultural circuló como flujo de electricidad y fuerza poética, el imaginario revolucionario tuvo a la sangre como flujo-savia dando dinamismo a su fuerza. Entre descargas eléctricas y pulsaciones sanguíneas, la exposición compone una suerte de sistema nervioso de época”, concluye Villa.
El punto de partida son los bombardeos a Plaza de mayo de 1955, donde se despliega una escena inaugural de violencia militar desde el cielo, que produce una primera herida para la sensibilidad juvenil de las siguientes décadas. El punto de llegada es la recuperación democrática, luego de atravesar el período más oscuro del Proceso de Reorganización Nacional, donde la imagen de los aviones retorna con los “Vuelos de la muerte”. Bajo ese cielo como campo de batalla, los astros organizan parte del imaginario de la exposición: la estrella roja de la guerrilla como horizonte de orientación y combate; el sol y la luna, omnipresentes en las líricas y gráficas del rock En Molinari, las imágenes astrales no funcionan como meros símbolos generacionales, sino como cuerpos de atracción que todavía irradian hacia un pasado profundo, sobrevuelan nuestro presente y vislumbran indicios del porvenir.
Los materiales reunidos e intervenidos por el artista -tanto de las revistas Pelo como de la gráfica clandestina- funcionan como documentos poéticos expandidos: superficies donde historia, símbolo, memoria y transmisión se entrelazan.
En Molinari, la figura del dibujante-escriba encargado de producir y transmitir esos mundos visuales aparece como una referencia decisiva: alguien que entiende los actos de recordar y narrar como una práctica colectiva de interpretación y de circulación de energías.
Allí donde la historia oficial suele separar mundos —la contracultura y la militancia, la poesía y la acción—, Hijos de la Luna detecta zonas de contagio, pasajes secretos y reverberaciones.
Hijos de la Luna se podrá visitar a partir del jueves 21 de mayo a las 18 h en el CENTRO CULTURAL RECOLETA, Junín 1930, CABA.
Horarios de visita: martes a viernes de 12 a 21h y los sábados, domingos y feriados de 11 a 21h.
Entrada libre y sin costo para residentes y argentino.