Nota publicada online

jueves 11 de junio, 2020
Tiempo de reinventarnos III
“Sin ideas sobre el futuro no se pueden construir futuros”
Altilio, Pilar
por Pilar Altilio
“El éxodo de los olvidados”, de Charly Nijensohn. El entorno se presenta inhóspito, pero el personaje persiste en su empresa de sobrellevar la adversidad. Nos identificarnos con el protagonista, a sentir y resistir con él.
“El éxodo de los olvidados”, de Charly Nijensohn. El entorno se presenta inhóspito, pero el personaje persiste en su empresa de sobrellevar la adversidad. Nos identificarnos con el protagonista, a sentir y resistir con él.

Esto decía el antropólogo argentino Alejandro Grimson en una conversación convocada por la UNTREF sobre el tema futuros cercanos. Lo que sigue son una serie de ideas iluminadas que leímos, exploramos y entendimos desde Arte Online, que son interesantes de remarcar y compartir. Proponemos seguir su lectura como si fueran ventanas, vidrieras de la pandemia.

Este concepto de vidrieras de la pandemia lo sugería la bajada de una nota que la docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales UBA, Ingrid Sarchman publicara bajo el título ‘Las caras nuevas del anonimato’. Nos proponía analizar la “escenografía bibliográfica” con la que salen la mayoría de las personas en el recorte de las ventanas de Zoom, escenario de su propia casa, su intimidad pensada como sistema para volverlo público. En la misma nota analizaba que ‘caminar con la cara tapada hace algunos meses, hubiera levantado la sospecha de otros transeúntes’. Rematando el análisis:

“El dilema que presenta la coyuntura no es menor en la medida que nos enfrenta con una cuestión paradojal: mientras permanecemos en nuestros ámbitos privados debemos ser todo lo públicos posibles construyendo escenografías viables para una vida que, por ahora, no necesita existir fuera de la pantalla. Mientras tanto, en las calles, los rostros semitapados invitan a nueva forma posible de anonimato y soledad.”

Alexander Kluge, Halberstadt 1932 (cineasta y escritor) cree que la pandemia nos lleva a ‘resetearnos’ y que el antídoto está en nosotros. Dice explayándose en un reportaje reciente:

“Los virus son nuestros vecinos en la evolución, y son más viejos que nosotros, tienen 3,5 miles de millones de años. Hay quienes dicen que nuestros antecesores salieron alguna vez de esas simples secuencias de ácido ribonucleico. En nuestro genoma, más de la mitad son virus patriotas que pelean oníricamente en nuestras células contra enfermedades ahora extintas y peligros de hace 45 millones de años, combaten a otros virus arcaicos, constituyen la base de nuestra inmunidad. El antídoto podría estar en nosotros y a la vez son como extraterrestres de nuestro mismo planeta. Es muy extraño.”

“Lo que podemos hacer es poner a prueba la realidad, cuestionarla. Cuestionar si las islas de Robinson en las que vivimos, estas campanas de buceo en las que nos encerramos con nuestras ilusiones de seguridad, tienen algo que ver con la realidad.”

“Estamos descubriendo formas de cercanía más reales que muchas tantas ilusiones de cercanía. Estamos siendo reseteados, y eso tiene un carácter desafiante.”

Luis Camnistzer, Lübeck, Alemania 1937 (pintor y artista, poeta visual, crítico, docente y teórico), conversó en Zoom con Monica Hoff (artista, curadora e investigadora, Brasil) y dijo cosas como estas:

“Hay que relativizar el conocimiento adquirido, ponerlo en cuestión. La palabra fracaso no tiene ese mismo rango si tomamos al arte como metadisciplina, podemos intentar otro tema fuera del pensamiento disciplinar ‘quiero esto y no lo logro, fracasé’, eso es el sistema que está quedando en el pasado. ¿Cómo salir de este imaginario consumista? ¿Qué preguntas no nos estamos haciendo?

La primera pregunta es entender los límites de la disciplina en la que estamos. Siento que el mundo incluyendo mi cuerpo está armado de pequeñas cárceles y estamos todo el tiempo pensando cómo escaparnos. El cuadro es una cárcel, el ícono es una cárcel, el objeto nuevo, esa obsesión, es dibujarle barras de contención para que no se toquen.”

Cuauhtémoc Medina

Sobre las nuevas formas de comunicar que adoptan los museos, las galerías de arte, los artistas para producir contenidos y compartirlos usando las redes sociales disponibles, hay algunos que me parecieron interesantes. El Museo Universitario de Arte Contemporáneo de México (MUAC- UNAM) tiene nueve salas en su magnífico edificio, pero en tiempos de pandemia inauguró la Sala 10, que es nada más que una extensión virtual a la arquitectura donde ocurren exposiciones para poder transmitir obras que tienen una existencia perfectamente válida de forma remota. Al respecto Cuauhtémoc Medina, jefe de curadores del MUAC sostuvo “intentamos entender cuál es nuestro papel en la conversación de hoy y traducir muchos de los contenidos en un programa desmaterializado”, en el ciclo Administrar la incertidumbre convocado en alianza de los cuatro museos más importantes de nuestro país. En ese mismo foro se alertó sobre una cara de la crisis que podría hacer que un tercio de los museos del mundo deban cerrar sus puertas. Es que el visitante se está transformando en usuario de red, en surfer de contenidos que se asocian con una de las ideas nuevas que he leído recientemente. Se trata del concepto de Homo Búnker desarrollada por el ensayista y catedrático Juan J. Mendoza publicada recientemente bajo el título de Visionarios del hombre recluido. De Fernando Pesoa en el Libro del desasosiego, a Carlos Onetti quince años recluido en su cama en el mundo ficcional, Mendoza realiza una ampliación de su análisis:

"El Homo Búnker también nace de la profunda dimensión existencial que ha tenido el encierro en Occidente. Desde el fondo de la historia, nos llegan los casos de los discriminados, los recluidos por sus anomalías físicas, los encerrados extremos que también alimentaron con fuerza la máquina del cine. Ahora la pérdida del espacio público y las calles está dando lugar al surgimiento de un nuevo orden biopolítico, otra división de la especie. Nos afantasma pensar que estemos ante el declive de la edad nómade y de lleno en una radicalización de ese sedentarismo iniciado con la organización del saber en las sociedades informatizadas y cuyo corolario ahora es el ‘home office’.