Nota publicada online
Una muestra con imágenes de obras estrenadas durante la última década en las salas del Complejo Teatral de Buenos Aires
Carlos Furman ha dedicado casi cuatro décadas a mirar el teatro desde el lugar silencioso de su cámara fotográfica en el Teatro San Martín. En esta muestra reúne imágenes de la última década donde la fotografía deja de ser registro para convertirse en un lenguaje contemporáneo: un territorio donde la escena continúa viva fuera del escenario. Sus retratos y fragmentos de obras —de teatro, danza y títeres— capturan ese instante en que el gesto, la luz y el cuerpo se vuelven memoria visual. Allí conviven figuras de espectáculos memorables y composiciones creadas para anunciar nuevas funciones, imágenes pensadas para convocar al espectador desde lo sensorial, como si cada fotografía fuera una pequeña escena autónoma: un destello capaz de anticipar, y a veces incluso intensificar, la emoción de la experiencia en vivo.
La muestra integra retratos y escenas de obras destacadas presentadas en las salas del Complejo Teatral junto con otras imágenes especialmente diseñadas para la promoción de espectáculos como El Farmer con Pompeyo Audivert, Las cautivas con Laura Paredes y Lorena Vega, Vassa con Humberto Tortonese, Cinelandia de Alfredo Arias, Lo que el río hace con las hermanas Marull o Folia del Ballet Contemporáneo, entre muchos otros.
Para Carlos Furman, “lo que muestro aquí es también una forma de contar cómo trabajo en este lugar que amo y conozco desde hace tantos años. La fotografía de las artes escénicas nunca es un gesto individual: aunque sea yo quien dispara la cámara, cada imagen nace del trabajo de muchos. Directores, actores, escenógrafos, vestuaristas, iluminadores, técnicos y bailarines hacen posible la escena que luego se vuelve fotografía. Por eso siento esta muestra también como un pequeño homenaje a todos ellos, porque estas imágenes, en gran parte, también les pertenecen.”
El teatro pertenece al reino de lo irrepetible: cada función nace y se desvanece en la misma noche. Sin embargo, en la mirada de Carlos Furman ese instante encuentra refugio. Su cámara captura el pulso secreto de la escena y transforma lo fugaz en permanencia, haciendo de cada imagen una pequeña eternidad.