Nota publicada online
El espacio VITRIOL ha inaugurado la exposición ReDescubriendo a Carlos Uría, un homenaje al pintor, dibujante y maestro fallecido en el año 2008, cuya iniciativa tiene como protagonista a la Sra. Silvia Rottenberg de Uría, viuda del artista y actual custodia de su legado. Diez pinturas de mediano y gran formato y tres dibujos se lucen en la sala por su provocativa gestualidad y su potente color.
El transcurrir del tiempo tiene aristas arbitrarias. En su fuga inexorable va dejando ligeras y persistentes capas de olvido, semejantes a veladuras, sobre los rostros y las expresiones de quienes, alguna vez, resultaron protagonistas de eventos que dejaron un inestimable rastro en los ambientes donde, gracias a su talento y obstinación, fueron con toda razón reconocidos. En ocasiones, a veces fortuitas, alguien hace que esa huella se filtre en el presente con discreción, que el nombre de su autor vuelva a mencionarse, pero, de inmediato, éste vuelve a escurrirse antes que la atención general lo retenga y lo conserve. Sucedido esto, queda flotando en el aire, no obstante, la inquietud de algo que ha quedado pendiente por realizar con aquellas ausencias, algo que desafíe las imposiciones cronológicas.
Carlos Uría es uno de estos casos. En las últimas dos décadas su obra ha sido expuesta muy esporádicamente, en especial en exposiciones colectivas. La propuesta que se lleva a cabo actualmente en VITRIOL, en consecuencia, es para sus organizadores, un primer paso, un movimiento fundamental para que sus pinturas y dibujos puedan darse a conocer a las nuevas generaciones y para que puedan ser recordadas con renovado énfasis por quienes transitaron su misma época.
Carlos Ernesto Uría nació en Buenos Aires el 23 de enero de 1929 y falleció en la misma ciudad el 1 de agosto de 2008. Al observar sus fotos, tanto de su juventud, como de su adultez, se puede reconocer en ellas una innegable estampa mundana porteña. Aún así, cultivó un visible costado cosmopolita que lo distinguió entre sus pares. En 1955 egresó de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y se desempeñó allí como docente especializado en pintura y dibujo. Al respecto, en una entrevista que concedió a un medio patagónico en el año 2000, señaló su mirada acerca de este ejercicio: "Yo no soy profesor, soy maestro. Profesor es el que enseña algunas cosas, pero no es el que da pautas, el que marca. A mí me marcaron Spilimbergo, Urruchúa, Castagnino, grandes maestros. No fui alumno de ellos, pero me marcaron". Otra marca significativa para él ha sido la dejada por Pablo Picasso; artista a quien homenajeó en su acrílico Mano de Picasso, (s/f), expuesto en la presente exhibición.
Otro aspecto destacado en su trayectoria se relaciona con la realización de vitrales. En 1970, Uría fue designado como miembro del Centro Internacional del Vitral de Chartres, Francia y maestro Vitralista. En esta disciplina, su trabajo más relevante lo realizó en el año 1984, en el Templo San José de la Ciudad de Olavarría, por encargo de Amalia Lacroze de Fortabat; su maqueta se encuentra en la colección permanente del museo fundado por esta mecenas.
Su primera exposición tuvo lugar en 1956. De allí, hasta su fallecimiento, expuso sus pinturas y dibujos en numerosas oportunidades, tanto en exhibiciones individuales como colectivas, tanto en el país como en EE. UU, Latinoamérica, Europa e inclusive en un país tan remoto como Taiwán. Un reconocimiento temprano lo tuvo de la mano de la prestigiosa crítica argentina Marta Traba, quien, en 1963, cuando ella era directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá, lo convocó para una muestra en esa institución junto con Antonio Berni y Carlos Alonso. En dicha oportunidad, ella definió su poética como "un expresionismo lleno de valor plástico, irracionalismo, desorden y libertinaje de las formas que flamean en una obra que desacata la tranquilidad del Arte Argentino". Al año siguiente, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, bajo la dirección de Hugo Parpagnoli, fue elegido junto con grandes artistas como Marta Minujín, Alberto Greco, Delia Puzzovio, Rubén Santantonín, Luis A. Wells, Luis Felipe Noé, Alberto Heredia y León Ferrari, entre otros, para participar de la exposición Buenos Aires 64. Importantes críticos de la talla de Cayetano Córdoba Iturburu y Basilio Uribe también fueron muy elogiosos con su obra durante aquellos años.
Uría fue un artista prolífico y su producción ha sido merecedora de una sucesiva cantidad de galardones, entre los cuales son posibles de resaltar los siguientes: Premio Ver y Estimar (1964), Premio Braque (1966), Premio Fondo Nacional de las Artes, Salón Santa Fé (1972), Primer Premio Pintura del Salón Quinquela Martín del Museo Sívori (1989), Primer Premio Pintura en el marco del Salón Nacional (1989), Primer Premio Dibujo del Salón Nacional (1991), Gran Premio de Honor otorgado por el Salón Nacional (1997), Primer Premio Pintura del Salón Unión del Personal Civil de la Nación (2006) y Primer Premio categoría pintura del Concurso Universidad de Morón (2006).
Las piezas que componen ReDescubriendo a Carlos Uría, corresponden a su última etapa. Una sorprendente vitalidad que no deja de sorprender se manifiesta en ellas. El conjunto intenta evocar su mirada acerca del proceso creativo. En él queda claro el tipo de expresionismo que Marta Traba había percibido en su oportunidad y que el artista no dejó de cultivar. Persiste aún en sus pinturas una gestualidad totalmente desenvuelta, expansiva, en la que el uso desinhibido del color confronta y conquista la mirada del espectador. Esta fuerza expresiva conserva todavía una carga de subjetividad verificable y en ella es factible apreciar vibrantes grafismos que la acercan a movimientos artísticos contemporáneos.
Si descubrir significa un hecho inaugural, redescubrir puede aspirar a ser un acto reivindicativo. Redescubrir significa mucho más que despejar en el presente las barreras que omiten la valoración de la memoria de quienes han forjado una parte importante del camino que buena parte de las personas transita; significa restaurar una idea de continuidad, de ser parte con ellos de un fin común. Por consiguiente, iniciar un redescubrimiento como el que pretende esta exposición es emprender una tarea justa y nada sencilla.
VITRIOL Arte en Expansión
Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1253 – C.A.B.A
Horarios de visita: L a V 12 a 20hs. Sab. 12 a 17hs
Entrada libre y gratuita
Hasta el 1 de octubre