Nota publicada online

viernes 27 de febrero, 2026
Primera Bienal de Arte Indígena en Buenos Aires
Lo genuino es contemporáneo
Costa Peuser, Marcela
por Marcela Costa Peuser
Primera Bienal de Arte Indígena en Buenos Aires

Llega a Buenos Aires la Primera Bienal de Arte Indígena. Cuarenta y cinco artistas organizados en cuatro núcleos que tienen al Pabellón de las Artes de la UCA como epicentro y a Espacio Vitrol, en el microcentro porteño, con la muestra “prohibida”.

Vista de sala. Foto Pablo Jantus

Frente a estas obras, el tiempo respira distinto: la arcilla conserva la tibieza de las manos que la modelaron y sus superficies —ocres, sienas, rojos profundos— guardan la memoria mineral de la tierra; los textiles, tejidos con paciencia antigua, despliegan tramas que crujen como hojas secas y destellan con el pulso de tintes naturales, mientras las pinturas ingenuas estallan en colores vívidos, sin cálculo ni artificio, como si la selva misma hubiese aprendido a soñar sobre la tela; en las tallas de madera, los animales emergen con la dignidad del monte, todavía habitados por el rumor de los insectos y el aliento húmedo de la vegetación. Pero en esa belleza late también una advertencia: cada río pintado lleva la sombra de su contaminación, cada árbol tallado recuerda el desmonte que avanza como un silencio forzado, cada figura humana sostiene la pregunta por una identidad amenazada. Es un arte que no persigue vitrinas ni precios; transmite sabiduría de generación en generación y el respeto por los mayores, y al mismo tiempo nos habla con gravedad y ternura de su hábitat herido, de la necesidad urgente de cuidar aquello que les da nombre, lengua y memoria.
La Primera Bienal de Arte Indígena destaca lo genuino y la relevancia del arte de las comunidades, actuando como un puente cultural. Los artistas, que no pintan para el mercado contemporáneo, buscan visibilizar sus mensajes y reafirmar su arte.

La idea original de esta Bienal surgió de la Fundación Redes Solidarias, una organización con 27 años dedicados a promover las artes y la cultura de los Pueblos Originarios. El comité organizador, formado por Mercedes A.de Bocca -coordinadora general de la Bienal y de la Fundación Redes Solidarias, Cecilia Cavanagh -directora del Pabellón de las Artes de la UCA, Juan Namucurá, Patricia O'Donell y Rosalía Gutiérrez, trabajó durante un año y medio tejiendo redes en con muchas instituciones de la provincia de Salta, de Chaco y con las embajadas de Brasil, Chile, Paraguay y Perú.

Artistas que viajaron especialmente para traer sus obras

El arte indígena es un arte genuino que nace en el profundo de las comunidades. Ninguno de ellos, ha aprendido en una academia, ninguno ha pintado para para el mercado del arte contemporáneo. Han empezado ayudando a sus abuelos, después a sus padres, y son ellos los que renuevan hoy el arte indígena en la actualidad. Para Mercedes Boca: “el arte indígena es un puente entre culturas, y nos encanta que ellos tengan esta vidriera y esta puerta abierta al arte contemporáneo, desde un lugar de resignificación del trabajo que hacen”.
“Estamos en un espacio legitimador”, agregó Teresa Pereda -integrante del jurado de selección y premiación junto con Ana María Llamazares y Julio Sánchez Baroni-. “En un espacio que enaltece lo que está exhibido y a los artistas de proveniencia indígena que legaron y legan su experiencia de vida. Hoy vivimos en un presente cansado, en un presente polémico, que todavía no ha podido superar e integrar la pluriculturalidad. ¡Hoy estamos trabajando para ello! Aquí convergen muchos protagonistas de ese trabajo: los propios artistas, las entidades institucionales, -embajadas y gestores de cultura- posibilitando que la obra acceda a tener un lugar importante de visibilidad.” 
El jurado trabajó en sintonía con este compromiso; tarea que no fue sencilla ya que, como señaló Sánchez Baroni, hay diferentes materiales, diferentes técnicas, tradiciones y poéticas, diferentes procedencias, innovación, tradición y, muchas de ellas, se realizaron en comunidad. 

Recorrer el Pabellón resulta una experiencia gratificante y emocionante. Las obras obras exhibidas en esta Bienal expresan un mensaje comunitario, integrador; nos hablan todas de lo que significa la fuerza grupal, tanto de la vinculación al ritual como a la vida cotidiana. 
El primer premio le fue otorgado al artista nivaclé, Félix Peralta, de Paraguay por su detallada talla en madera “El Pescador”. El segundo premio distinguió “Peces de la Amazonía”, del artista shipibo-konibo de Perú Denis Ramírez Nunta y, el tercer fue para el fantástico mundo wichi “Vida Wichí”, unja deliciosa pintura en la que Reynaldo Prado, de Argentina en la que aparecen detalles de la vida diaria de la comunidad. Una de las menciones estímulo a artistas de distintas comunidades, fue otorgado a Olga Mori, artista, nacida en una pequeña comunidad de la Amazonía peruana, quien heredó sus saberes sanadores de su abuela y hoy lo trasmite a su nieta. Quien cantó su … sanador a los allí reunidos.

Párrafo aparte merece la muestra “prohibida”, que se iba a exhibir en el Palacio Libertad que finalmente encontró su generoso espacio en Vitrol. ¿Por qué la censura? Un tanto inexplicable y produjo desasosiego entre los artistas participantes y organizadores, pero todo se resolvió y, finalmente, los artistas tuvieron la posibilidad de mostrar y vender sus obras.
Como afirmó Teresa Pereda, agradecemos a cada uno de estos artistas “por acercarnos sus obras, por propiciar su voz en ellas, por resonar la palabra -que hoy resulta tan necesaria-, por brindar su testimonio -que es en sí mismo una recuperación-, por perdurar la sabiduría de los ancestros, por interpelar al presente de la humanidad, por indagar un futuro posible, por regenerar el ritual como espacio vital de vida, porque cada acto en sus vidas es un acto sagrado.”
Esta Primera Bienal de Arte Indígena en Buenos Aires es una oportunidad para descubrir la profundidad de las comunidades originarias a través del arte y vibrar con lo genuino.