Nota publicada online

miércoles 15 de julio, 2015
Polesello Joven
La sorprentente mirada de un artista
Costa Peuser, Marcela
por Marcela Costa Peuser
Polesello Joven

La exposición propone homenajear el trabajo artístico de Rogelio Polesello y recuperar su adscripción a la tríada arte-diseño-industria.

Un importantísimo trabajo de investigación reunido en un cuidado catálogo. 

Leonino, alegre, optimista, vital, trabajador y sobre todo un gran artista, Rogelio Polesello murió como vivió: rodeado por sus obras, sus papeles y especialmente por sus recuerdos en su personal casa-taller donde trabajaba con su hermano Osvaldo. Su gran ilusión era esta muestra en Malba para la que estaba trabajando.

Recuerdo cuando nos encontramos en el 2006 saliendo de Arco, la feria de arte española, donde Jorge Mara presentó sus “papeles de los 50”. Después de un agotador día, volvimos a Madrid en subte –estaba divertido por esta, su primer experienencia en este transporte público- y entramos al Reina Sofía para recorrerlo hasta las 10 de la noche y terminar extasiados frente al Guernica. Así era Pole: un chico feliz. “Un chico apasionado por el arte” como bien lo definió Eduardo Costantini al inaugurar, emocionado, la muestra. Lo recordó como a un esteta con un caótico taller y es que Pole, siempre fue un gran acumulador. Cada objeto atesorado en algún rincón de la casa podía convertirse en fuente de inspiración para su próxima obra.

La muestra, curada por Mercedes Casanegra, está organizada en cinco salas. Se inicia con una pequeña obra de 1959, un año clave en los comienzos de su carrera, que prefigura la madurez de la propuesta que luego reflejaría en los 56 años de ininterrumpida coherencia conceptual.

Sin título,1959

Las dos primeras salas reúnen sorprendentes monocopias cuya idea inspiradora fue el resumen de toda la obra posterior de este “niño prodigio” que comenzó a trabajar a los quince años en una agencia de publicidad y, de manera paralela, ingresó en la escuela de Bellas Artes. Allí, según recuerda Luis Wells, compañero y amigo desde entonces, se inscribieron, por consejo de Le Parc, en el taller de grabado de Fernando López Anaya; una figura que conocía las distintas técnicas y estaba totalmente “aggironado” en el manejo de la imagen.

Vista de sala

Las piezas de la segunda sala denotan el comienzo de Polesello en un juego con la distorsión y la transformación de la imagen. Un camino enfocado en la abstracción geométrica, como si las lentes que caracterizaron su obra posterior hubiesen estado, desde siempre, incorporadas a la conciencia creativa del artista.

Una impactante obra: “Signos de arena”, se exhibe por primera vez en esta sala, junto a las obras que reflejan cierto espíritu informalista vigente aún en el año 1961. Esta pieza en particular está constituidas por cinco paneles pintados con tramas metálicas y soplete, superponiendo juegos ópticos que sugieren cierta participación del espectador.

Signos de arena 1960/61

El tercer núcleo muestra la diversificación de caminos y la internacionalización de su carrera a partir del Premio Esso del ’66 a sus 26 años de edad. En una vitrina pueden leerse las contundentes opiniones de la crítica que advierten el talento indiscutido y la potencia de su imagen. En las paredes, se exhibe un único y maravilloso tapiz -como muestra de los muchos diseñados por él- y obras de colecciones colombianas, similares a las adquiridas por el Moma y el Gughenheim en esos años.

En el cuarto núcleo, que se inicia en 1967, se exhiben sus primeras obras realizadas en acrílico tallado -principalmente lupas-, que funcionan en el espacio deformando sus propias pinturas. Sus búsquedas pictóricas se centran en el color y en la deformación de la imagen, de forma más sintética. Un fenómeno de la época, a semajanza de Yuyo Noé y Jorge de La Vega que distorsionaban la figura humana.

Finalmente, en la quinta sala, se ven sus espectaculares experimentaciones vinculadas al espacio y a la participación del espectador, con grandes placas de acrílico tallado. Este material será su preferido a partir de 1966, año en que, se realiza la muestra “Plástica por Plásticos”.

Como señala Casanegra: “El hallazgo del material (polimetacrilato) le fue propicio para conjugar otro elemento central en su poética: el fenómeno óptico”.

En este último sector el montaje está basado en el estudio de las puestas que el propio Polesello diseñó para sus exposiciones individuales en el Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella en 1969 y en el Center for Inter American Relations de Nueva York en 1973.

Junto a su “Bosque de Tótems” por primera vez se exhibe una obra importantísima: el Premio Italo correspondiente al bienio 71/72, que sólo se conocía por fotografías en blanco y negro.

“Tengo ganas de abrir la pared de la sala para que la exhibición se pueda ver a través de las esculturas de acrílico” fue lo primero que sugirió Pole cuando Marcelo Pacheco le confirmó la exposición. Hoy este sueño se cumplió y podemos ver su obra a través de la sorprendente mirada del artista.

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