Nota publicada online

miércoles 5 de noviembre, 2014
Londres, de 10 a 20
Museo Victoria & Albert
por Américo Castilla
Londres, de 10 a 20

Un día cálido en Londres y tiempo libre: la combinación exacta para caminar hasta que los pies acalambrados indiquen una temporaria derrota. Si uno además debe elegir qué ver, ya que esa misma noche tiene que partir,  es inevitable caminar hacia South Kensington y demorarse en llegar al Museo Victoria & Albert a las 11 a.m. como quien se prepara con aperitivos callejeros antes del plato de fondo.

Brighton Beach, Oil on paper, John Constable. 1824

La colección permanente da para recorrerla interminablemente, pero el otoño inaugura exposiciones temporarias que prometen.“No percibimos nada hasta que verdaderamente lo comprendemos”escribió John Constable (1776-1837), y la exposición Constable: la construcción de un Maestro es un ejemplo de cómo interesar a un público masivo en el meticuloso aprendizaje de un artista que transformó el concepto de paisaje. Un cuadro de Rubens y a su lado el estudio de Constable; los paisajes de Gainsborough, Claude Lorraine o los pintores flamencos del siglo XVII junto a las minuciosas copias y bocetos de Constable. Sus cielos atormentados son una marca especial de su talento, pero tampoco estos surgieron al azar. En las vitrinas pueden verse los estudios de cientos de cielos a distintas horas del día junto a ejemplares de su colección de más de 5000 grabados que usó para su estudio. En realidad, los cuadros finalizados tienen menos atractivo que el acto de adivinar la experiencia sinuosa del artista frente a un grabado genial de Rembrandt, también parte de su colección, y sus modos de moldear la admiración con una mirada más moderna que la de sus maestros, la de un romántico.

     

La temprana muerte de su esposa, a los 41 años, lo dejó a cargo de sus siete hijos y apenas algún dinero heredado por ella poco antes de morir.  Constable decidió emplearlo en reproducir sus cuadros con grabados en mezzotinta hechos por el grabador David Lucas, y la vista de esas pruebas y sus correcciones producen una de las mayores emociones de la exposición. Esa artesanal inversión editorial sin embargo no resultó exitosa, y en realidad no vendió en total más de 20 cuadros en Inglaterra a lo largo de su vida y otro tanto en Francia - aunque suficientes como para influir decididamente en la escuela de Barbizon -.  

Self-portrait by John Constable, Pencil and black chalk heightened with white and red chalk. National Portrait Gallery, London

 

Arte y dinero es la pareja que fijó domicilio en el Londres actual, y qué mejor ejemplo que la Saatchi Gallery para contrastar las aristocráticas desigualdades del tiempo de Constable con las propias del triunfo del mercado del siglo XXI. Hace seis años la galería Saatchi se mudó a Chelsea, distancia tentadora e inevitable de caminar, ya que está ubicada en el Palacio del Duque de York en pleno King´s Road. La simbología del vencedor ocupando territorio está clara y no hace falta subrayarla. Sí en cambio vale considerar las razones del éxito de esta aventura de Charles Saatchi, un publicista que conoce el mercado y la demanda de valores de cambio insatisfecha, en una economía de abundancia liderada por una nueva clase dirigente de orígenes diversos.

 
     

Desde la reinauguración del palacio en 2008 con la exposición sobre nuevos artistas chinos: “La revolución continúa: nuevo arte de China” hasta las actuales: “Una premonición: Arte de Ucrania ahora” y “Pangaea: Arte nuevo de Africa y América Latina”, es claro el perfil políticamente novedoso de artistas capaces de remontar sus precios hasta llegar a emular a Damien Hirst, quizá el mayor éxito de ese mercado renovado por Saatchi. La gran atracción es que las obras son buenas, muy bien seleccionadas, con excelentes publicaciones, el aval de expertos, e instaladas impecablemente en los 6.500 metros cuadrados de las fenomenales galerías.

 
     

El desmedido lucro es también síntoma de inequidad, y los museos  tienen en la actualidad mayor predisposición para la controversia.  Un museo de objetos, como el V&A, no podía distraerse frente a lo que bautizó como “Objetos desobedientes”, aquellos que se utilizan en las manifestaciones y marchas de protesta por desigualdades varias en distintos lugares del mundo. 

Installation Image, Disobedient Objects

 
     

Desde la cacerola argentina y sus carteles (es curioso ver la imagen del dirigente “pollo Sobrero” en la sala del Victoria and Albert) en una misma vitrina con la tacita de té con el monograma de protesta feminista británica de 1901, hasta autos y disfraces de manifestantes de los distintos “indignados” del mundo, conforman esta increíble exposición. La banda de imagen y sonido se proyecta en las paredes y da con el tono y el clima de época que termina haciendo creíble y punzante el clamor de los manifestantes.  Una leyenda nos dice: “Primero te ignoran. Luego te ridiculizan, y luego te atacan y te quieren prender fuego. Y finalmente te construyen monumentos”(discurso de Nicholas Klein ante el gremio de trabajadores textiles de US. Baltimore, 1914).

Ya son las 20, hora de amortiguar la partida inminente en un pub.

Octubre, 2014