Nota publicada online

miércoles 20 de mayo, 2026
La Bienal de Venecia 2026
Una encrucijada en tonos menores
por Eleonora Jaureguiberry para Arte Online
Pabellón Argentino con la obra de Matías Duville
Pabellón Argentino con la obra de Matías Duville

La 61ª Exposición Internacional de Arte de la Bienal de Venecia, titulada " In Minor Keys" bajo la curaduría de Koyo Kouoh, se podrá visitar hasta el domingo 22 de noviembre de 2026 en los recintos de Giardini y Arsenale, en diversos lugares de Venecia y en Forte Marghera.

Bajo esta consigna, la Biennale di Venezia vuelve a tomar el pulso del arte contemporáneo: un territorio donde, incluso en medio de la incertidumbre y el ruido del presente, todavía es posible escuchar las voces que imaginan, resisten, reparan y crean belleza.

Tras el fallecimiento de Koyo Kouoh, la Bienal de Venecia decidió llevar a cabo su exposición, siguiendo el proyecto tal como ella lo concibió y definió, con el propósito de preservar, realzar y difundir sus ideas y la obra que desarrolló.

Como El jardín de senderos que se bifurcan, la Bienal de Venecia es infinita. La cantidad de obra exhibida y la oferta paralela en museos y palacios dispersos por toda la ciudad somete al visitante a la condena circular de elegir entre no perderse nada, y tener tiempo y calma de procesar lo que ve.
 “En tonos menores” es el título elegido por su comisaria Koyo Kouoh; luego de su muerte repentina hace un año, el equipo curatorial siguió adelante con su idea de convocar artistas cuyos discursos abordaran, en voz baja, lo cotidiano, lo relacional, lo doméstico, lo personal. El resultado es imperfecto pero interesante. Muchos nombres son nuevos para el circuito del arte occidental; esto habilita mirar sin juicio previo e imaginar otras realidades y otros padecimientos, y encontrar en ellos la misma humanidad.
Los pabellones nacionales se hicieron eco de este tono; hay discursos alrededor de la memoria y la identidad, e historias de migraciones y desplazamientos. Hay espacio también para la celebración de la naturaleza y el paisaje; allí se destaca el pabellón argentino, con una obra descomunal de Matías Duville hecha íntegramente de sal y carbón, cuya inspiración el artista atribuyó (y agradeció) a su padre, que en la infancia lo llevaba al sur argentino a absorber la inmensidad. Con una estrategia diametralmente opuesta, la artista pakistaní Wardha Shabbir sorprendió con unos paisajes pequeños, preciosistas a la manera de Fra Angélico, con marco recortado a lo Arden Quin. Algunos representan la memoria del jardín de su madre; otros ilustran plantas que, como ella, deben sobrevivir en ambientes extremos.

La migración es el tema del pabellón de Gran Bretaña; allí la artista Lubaina Himid le hace al público 26 preguntas. Algunas de ellas: “¿De dónde venís?”  “¿Conocés el lugar que tu familia llama hogar?” “Querés volver?” “Adónde pertenecés?” “¿Por qué seguís aquí?” “¿Sos parte de la historia de donde estás o debieras ser parte del futuro de donde venís?”. Estas preguntas, cuyas respuestas son casi imposibles, se convierten en poesía en el pabellón de India; allí Sumakshi Singh construyó una casa que pende literalmente de un hilo. El visitante puede recorrer la fachada, el patio, la escalera de una casa familiar construida con hebras de seda: ese espacio que fue propio y que ya no existe, pero perdura en la esencia misma de quien se es. Una verdadera geografía de la memoria, que no necesita explicación alguna para conmover. 

El archivo es un recurso utilizado con resultado desigual. En el pabellón de Serbia, Predrag Djakovic montó una instalación monumental de fotos, recortes de diarios, documentos y objetos de más de 40 países, narrando una historia del siglo XX marcada por las guerras, las huidas, los nuevos comienzos. Una instalación de valijas de migrantes roza lo obvio, y el conjunto carece del encanto y de la picardía que desborda el pabellón de España, en donde Oriol Vilanova forra el espacio con una colosal acumulación de postales ordenadas de modo vertical según el tema y el color. El resultado es bello y, como aquel jardín, interminable. Aparecen edificios, fuentes, objetos, paisajes, obras de arte, mesas de bar, playas exóticas, fiestas populares, molinos, instrumentos musicales; miles de imágenes que dan cuenta de los intercambios humanos desde la valoración y el candor y que, vistas en perspectiva, son un ejercicio plástico. 
La cerámica es un material recurrente; en el pabellón de Brasil se convierte en materia de historia, en entraña y futuro. Adriana Varejao y Rosana Paulino se asocian en “Conmigo nadie puede”, en donde pueden identificarse claramente dos procesos: el de Paulino, “Aracne”, en donde las imágenes de cuerpos cautivos se conectan a través de lazos simbólicos, y la impactante obra de Varejao, que plantea una grilla para rajarla y hacer surgir una carnalidad que se repite en el interior de prolijos contenedores de cemento que respetan los ángulos rectos de la arquitectura.  Una obra alucinante y alucinada y de factura impecable.

La tecnología está menos presente que en ediciones pasadas. En el pabellón de China, un robot que pinta ideogramas se convirtió en una gran atracción; en el australiano, Khaled Sabsabi propone una experiencia circular e inmersiva. En el pabellón de Emiratos Árabes hay una instalación sonora de la artista de origen ruso Taus Makhacheva. Se trata de 52 parlantes que se activan cuando son manipulados; en cada uno de ellos se escucha una voz ansiosa o consternada ensayando una excusa por no escribir. “Perdoname por no escribir antes. Es que te extrañaba demasiado”; “Perdón por no escribir antes. Perdí la fe en el tiempo, pero el tiempo no perdió la fe en mí”. La artista recopiló los textos entre su círculo de amigos; los que escuchan se ríen un poco, y otro poco se sienten descubiertos.
La guerra flota en el ambiente. En el pabellón de Arabia Saudita se hace explícita en el piso totalmente cubierto con una instalación de Dana Awartani: “Que tus lágrimas nunca se sequen, tú que lloras sobre piedras”. Se trata de casi 30.000 copias de baldosas con motivos de mosaicos de sitios de importancia simbólica y cultural en el mundo árabe que están en riesgo de destrucción. Un trabajo minucioso de investigación y realización que involucró a varios artesanos, todos ellos reconocidos en los créditos, que copiaron los diseños de iglesias y templos en Medio Oriente.   

Recorrer la Bienal de Venecia es tomarle el pulso a lo que ocurre en el mundo. Hay tiempo hasta noviembre. Cada recorrido es personal, y ante la bastedad, como en el cuento de Borges, … “usted no se perderá si toma ese camino a la izquierda y en cada encrucijada del camino dobla a la izquierda”.
 

Eleonora Jaureguiberry