Nota publicada online

sábado 6 de junio, 2020
Hernán Worthalter
Otros coleccionismos
Catellani, Vanesa
por Vanesa Catellani
Hernán Worthalter

"Soy Hernán Worthalter, tengo 37 años y soy licenciado en Ciencias Políticas. Vivo en el barrio de Chacarita con Lucia y Helena. Trabajo en comunicación."

Desde Arte Online conversamos con él sobre sus inicios en el coleccionismo y la nueva vivencia estética.

¿Cómo nació el encuentro con el arte y tu coleccionismo? ¿Cuándo adquiriste tu primera obra? 

- Mi incursión en el arte contemporáneo nunca fue algo premeditado. Viviendo solo en un departamento que tenía muchas paredes y donde no tenía nada colgado se me ocurrió decorarlo con cuadros y ese fue el primer paso. Sin tener ningún tipo de conocimiento ni antecedentes en la familia comencé a asistir a remates de arte clásico y, en simultáneo, realizar un curso de colecciones de arte de Buenos Aires. En ese curso tuve la suerte de conocer la casa de Alejandro Ikonicoff, un coleccionista de arte y me recomendó visitar la Beca Kuitca que se realizaba en la Universidad Di Tella. Allí pude comprar mi primera obra de arte contemporáneo en el año 2011 si no me equivoco. A partir de ese momento comencé a recorrer talleres de la beca y a conocer un poco sobre arte contemporáneo. 

¿Qué es ser coleccionista?

- Es una especie de compulsión. Todos los que coleccionamos algo sabemos la sensación que se genera de querer llenar el álbum de figuritas. Pero coleccionista de arte puede ser cualquier apasionado. No es necesario tener un mínimo de obras ni un registro especial. Hay en nuestro país hermosas colecciones con pocas obras, pero elegidas con un criterio espléndido. Generalmente el coleccionar es algo que excede a las obras. También me interesan coleccionar libros y cuando era chico estampillas y monedas. Hoy es esto, pero en el futuro podría ser alguna otra cosa más.

Máximo Pedraza

Sobre tu colección

- Una de las cosas que más me interesan de conocer otras colecciones es ver cual es el criterio o el guion curatorial que guía la colección. Hay ejemplos de colecciones pequeñas pero muy sentidas y otras numerosas impersonales. A mi en particular me interesa mi generación. Tengo 37 años y busco artistas que son de mi generación digamos 10 años más chicos o más grandes. Me interesa pensar que ellos producen en el mismo contexto que atravesamos todos: los mismos problemas, el mismo contexto político, económico o social. Todos estamos viendo las mismas cosas, generalmente yendo a los mismos bares o lugares y me gusta pensar en que cuando sea viejo pueda explicar lo que vi y viví en mi juventud a través de la colección.

En mis comienzos solo pensaba en tener pintura dejando de lado a cualquier otro formato como la fotografía, la escultura o la performance. Con el tiempo fui eliminando barreras y hoy no tengo ninguna traba en ese sentido. Creo que es algo que se da con el tiempo y con el aprendizaje. Coleccionar también es una cosa un poco compulsiva y cuando uno se enamora de una obra es difícil que algo lo frene. El único tema un poco limitante es el espacio físico pero también el deseo puede más que eso. Si en un comienzo pensaba en obras que pudieran entrar en mi casa hoy eso ya no es definitorio si realmente me interesa la obra. 

La cuarentena nos permitió ordenar y colgar cosas que teníamos pendientes. Apenas comenzada, colgamos obras guardadas en el cuarto de nuestra hija Helena y también movimos cosas de lugar. 

Trato de colaborar con los artistas con pequeños aportes económicos. Puede ser comprando algún pasaje para una muestra o residencia en el exterior o ayundándolos con los alquileres de los talleres.

¿Qué te sucede con a la vivencia estética hoy? ¿Sobre el encuentro con la obra, qué estrategias pansas que se puedan seguir o seguís para tener esos encuentros en este momento en modo de vida virtual?

- Siempre la experiencia estética es mucho más reconfortante en un encuentro real. Hoy no sabemos como van a ser las nuevas configuraciones de los espacios de exhibición. Quizás se avanza a un sistema mixto donde lo virtual tendrá más preponderancia. Si bien circulan muchas imágenes no genera el mismo efecto.

Muchos de los artistas que tengo obra son amigos mios y una de las ventajas del arte contemporáneo es que da la posibilidad de conocer el proceso creativo y a los artistas. No es un requisito indispensable pero es algo que me gusta hacer. Antes de la cuarentena siempre trataba de ir a visitar uno o dos talleres por semana.

¿Hace falta ser millonario para ser coleccionista?

¡Para nada! Yo no soy millonario ni estoy cerca de serlo. Nuestro país tiene una rica historia de coleccionistas que forjaron grandes colecciones sin ser de la clase más alta. Profesionales que podían permitirse comprar obras en cuotas pudieron acceder. Hay que tratar de recuperar eso. Hoy en día es común que una familia gaste mucho dinero en comprar un sillón y un televisor nuevo para decorar el living, pero no es capaz de comprar una obra de arte y termina poniendo una lámina traída de un museo de afuera. Es una cuestión cultural: si una familia puede permitirse esos gastos también podría permitirse una obra de arte. 

¿Qué recomendas para nuevos coleccionistas?

Que no tengan miedo y que se animen a visitar galerías, muestras, ferias y talleres. Muchas veces cuesta dar el primer paso, pero es un camino de ida. Hoy a mi el arte me acompaña a todos lados: en mi casa, mis amistades, a mi familia, etc. Hay muchos preconceptos que actúan como barrera, pero hay que perderle el miedo. Si tienen alguien que los acompañe en los primeros pasos, eso puede ayudar hasta formarse una propia mirada.

 

Laura Ojeda Bar